27 Mayo 2009

Toreo: tortura hecha negocio
Nazanín Amirian
Público 26 de Mayo de 2009
Desde el punto de vista meramente utilitario -fundamento de una economía de mercado-, sorprende que un país pague a sus científicos unos 35.000 euros anuales mientras algunos de sus toreros embolsen alrededor de 350.000 euros (unos 60 millones de pesetas) en una sola tarde; desde un punto de vista racional es inexplicable que sea la Administración Pública la que financie este negocio de sangre y dolor y que un pueblo civilizado tolere tal barbarie.
Miles de toros son torturados en las fiestas hasta morir, y cientos de caballos son mutilados en nombre de la tradición. Lejos de ser un rito español, la tauromaquia hunde sus raíces en el credo mitraísta, el culto al Dios solar surgido en Asia Central y practicado por las tribus guerreras hace unos 4.000 años. Una religión en la que se sacrificaba un buey en las ceremonias litúrgicas y se bebía su sangre para ser inmortalizados. El mitraísmo se extendió por el Imperio Romano, convirtiéndose, a manos de Nerón, en el credo oficial del Estado. Y mientras aquella orgía de violencia santificada se desmantelaba en sus tierras originarias por las reformas de Zaratustra -el primer antitaurino de la historia, que prohibió todo tipo de maltrato animal-, en Europa se prolongó siglos después. Las corridas de toros, herencia de aquella fe pagana, hoy son, además, una farsa. Ni arte ni bravura, sino la exhibición de la pequeñez de varios hombres armados ante un animal debilitado previamente.
Según asociaciones protectoras de animales, el suplicio del toro empieza días antes: es atado dentro de la "caja de curas", para afeitar sus cuernos con la sierra; se le introduce algodón o estopa en la nariz y la garganta para dificultar su respiración, y se le untan las patas con productos químicos para que ardan e impidan su rápida caída. Encerrado en la oscuridad, hambriento y desesperado le sueltan al ruedo, para que su reacción a la luz le de al noble animal una apariencia feroz. El tormento continuará cuando se le claven largas espadas que le atravesarán los pulmones. ¿Que no siente dolor? Basta ver con qué insistencia intenta espantar a las ínfimas moscas que le pinchan con sus cortas trompas. Agonizando, es arrastrado hasta morir ahogado en su propia sangre. Aun así, es afortunado comparado con lo que le hacen al Toro de la Vega o al alanceado.
Bárbaras tradiciones, como lo son la ablación y la lapidación. La tauromaquia es otra manifestación de un especismo anticientífico que considera al ser humano superior y con el derecho a esclavizar a sus hermanos menores.
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22 Mayo 2009

Piratas en Somalia
Joaquim Pisa
Aventura en la Tierra 10 de Abril de 2009
Desde hace varias décadas los barcos españoles pesqueros y mercantes son conocidos y temidos en muchos mares del mundo, y singularmente en la costa africana occidental, de Marruecos a Angola. Además de ser verdaderos depredadores de los recursos pesqueros ajenos, a menudo embarcaciones bajo bandera española se han visto envueltas en operaciones de tráfico de armas y de drogas, algo que se publica con cuentagotas en los medios españoles pero que no por ello es menos real.
Arrasar caladeros es una especialidad de las flotas pesqueras española y japonesa, pertenecientes ambas a países con elevado consumo de pescado y marisco, cuyos buques se ven obligados a buscar zonas de captura cada vez más alejadas y arriesgadas a medida que, como las plagas de langosta, van exterminando a su paso recursos pesqueros ajenos. En ese sentido, el Cuerno de África se ha convertido en los últimos años en un polo de atracción importante para los grandes barcos frigoríficos de estas dos nacionalidades, y de algunos otros países que siguen su rumbo. Pescar en ricos caladeros de países desestructurados tiene, entre otras ventajas, la de no tener que pagar ninguna clase de derechos de pesca a Estado alguno. Es así como se ha arruinado la pesca artesanal en esa zona del mundo, obligando a los pescadores locales a poner en marcha un negocio que para ellos es mucho más interesante que morirse de hambre: la piratería.
El problema de Puntland, la región del norte de Somalia que se ha convertido en la moderna Isla de Tortuga de los piratas del siglo XXI, no es tanto que el Estado somalí haya dejado de existir e impere en ella el caos y la ley del más fuerte -que también-, sino sobre todo el que la tradicional industria pesquera artesanal ha sido arruinada por la brutal competencia de los grandes buques europeos, que esquilman la pesca de un modo salvaje e irrecuperable. Por otra parte, los beneficios de la piratería riegan también generosamente otras zonas insospechadas del mundo: la intermediación en las negociaciones para la liberación de personas o mercaderías secuestradas se lleva generalmente desde prestigiosos despachos de abogados londinenses, que naturalmente cobran sustanciosas minutas sobre los rescates pactados.
Y en fin, los intereses que se amparan tras las lágrimas de cocodrilo de las grandes empresas armadoras quedaron bien patentes hace apenas unas semanas, cuando el Parlamento español votó favorablemente una moción que permite dar cobertura militar a los barcos de pesca y transporte en el área donde menudean los ataques de piratas somalíes. Esa propuesta legislativa, -impulsada por Josu Erkoreka, portavoz parlamentario del Partido Nacionalista Vasco (PNV)-, responde a la defensa de los intereses de importantes compañías marítimas vascas relacionadas con el negocio de la pesca; se votó justamente antes del comienzo de la presente temporada de capturas, en la que sólo en la especialidad de atuneros están faenando frente a las costas de Somalia nada menos que doce grandes buques frigoríficos vascos.
Aprovechando la coyuntura, diversas empresas de transporte marítimo se han acogido a la protección militar para continuar sus muy rentables tránsitos por esos mares. Es el caso de Repsol, que en estos días ha solicitado protección militar para dos petroleros que transportan crudo sacado de Irak, en lo que parece un ensayo de posteriores transportes, así como el de otra empresa española que ha logrado un multimillonario contrato para colocar cable submarino en la zona.
La protección militar a estos muy privados intereses se paga obviamente con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, lo que no deja de ser curioso en un país como España, en el que hasta los edificios institucionales están protegidos por vigilantes pertenecientes a compañías privadas de seguridad. ¿Por qué los grandes armadores pesqueros y las compañías como Repsol o los transportistas de contenedores no se pagan seguridad privada cuando navegan por África Oriental? ¿por qué hemos de pagar entre todos sus facturas, y arriesgar la vida de nuestros soldados defendiendo sus intereses y negocios particulares?.
El abuso no es pues sólo sobre los africanos y sus recursos naturales sino también sobre los propios ciudadanos europeos, en la medida en que España ha conseguido embarcar en la defensa de la "libertad de navegación" sostenida a punta de cañón a toda la Unión Europea. Una verdadera historia de piratas ésta, sólo que en la realidad los papeles están cambiados en relación con la que suele aparecer en los medios.
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21 Mayo 2009
La Campaña de Suez ( III )
La campaña del Sinaí tenía tres objetivos operacionales específicos y otros tres políticos. Los operacionales eran destruir el ejercito egipcio, abrir los estrechos de Tirán y acabar con los ataques de los fedayines a través de la frontera sur. Los tres fueron conseguidos en mayor o menor medida. El ejército israelí obtuvo una clara victoria militar. El ejército egipcio fue derrotado pero no destruido, como consecuencia de su oportuna retirada del Sinaí. Por ello el daño fue leve y rápidamente reparado. No obstante, la campaña elevó la moral de las FDI y lo posicionó como el ejército más fuerte de Oriente Próximo. El segundo objetivo también se alcanzó. La vía internacional que pasaba a través del estrecho de los estrechos de Tirán se abrió a la flota israelí. Se obtuvo garantía norteamericana de que el bloqueo de los estrechos sería casus belli. Esta garantía resultó vacía de contenido cuando Nasser cerró los estrechos de nuevo en mayo de 1967, pero ello no era concebible en 1956. También había esperanzas de que la campaña sirviera para levantar el embargo sobre la flora isrelí a través del canal de Suez, pero aquellas no se cumplieron. El tercer objetivo se cumplió completamente. Las bases de los fedayines en Gaza fueron destruidas y los ataques a través de la frontera cesaron. Además, el ejército egipcio no volvió a us bases en el Sinaí. La península quedó desmilitarizada. Israel habría de disfrutar de once años de relativa tranquilidad a través de la frontera con Egipto.
Los tres objetivos políticos eran provocar la caída de Nasser, la expansión de las fronteras de Israel y el establecimiento de un nuevo orden político en Oriente Próximo. Ninguno se cumplió. La agresión tripartita no sólo fracasó en el intento de provocar la caída de Nasser; incrementó enormemente su prestigio e influencia en la región y el Tercer Mundo. Nasser arrancó una espectacular victoria política de las fauces de la derrota militar. Israel, por otra parte, pagó un alto precio por aliarse a las potencias coloniales en contra de las fuerzas emergentes del nacionalismo árabe. La alianza parecía aportar la prueba definitiva del carácter reaccionario y expansionista del movimiento sionista. Sus accione serían en adelante utilizadas para probar la vieja proclama de que era la cabeza de puente del imperialismo occidental en el seno del mundo árabe.
En segundo lugar, se esperaba que la campaña del Sinaí permitiera a Israel extender sus fronteras y algunas de esas ambiciones territoriales fueron recogidas en el protocolo de Sèvres. La mayor prioridad era Sharm el Sheij y un enlace terrestre con esa localidad, pero también existía el deseo de retener el conjunto de la península, como Ben-Gurion señalara en su discurso de la victoria. Ninguna de aquellas ambiciones se cumplió. Israel se vió obligado a retirarse de todos los territorios conquistados, y el statu quo anterior fue restaurado. El único cambio menor afectó a la zona desmilitarizada de El-Auja. Israel no reconocería en adelante su estatuto especial y la trató como parte integrante del país. En términos generales, quienes emprendieron la campaña del Sinaí la concibieron como la última batalla de la guerra de 1948, una batalla orientada a alcanzar fronteras satisfactorias. En realidad, el resultado real fue exactamente el opuesto. Supuso la confirmación y consolidación del statu quo al que se había llegado al final de esta guerra.
El tercer objetivo era crear un nuevo orden político en Oriente Próximo. Este era el "fantástico" plan de Ben-Gurion. Las dos líneas de ese proyecto eran la territorial y la política. Ninguna de ellas se acercó a la posibilidad de hacerse realidad. La territorial propugnaba la expansión de Israel hacia el canal de Suez y Sharm El-Sheij al sur, el río Jordán al este y al río Litani al norte. La línea política estaba íntimamente relacionada con la territorial. En este caso la idea era que un Líbano cristiano tomaría por sí mismo la decisión de firmar la paz con Israel, que se permitiría a Irak anexionarse Transjordania a condición de que firmara la paz con Israel; y que un Egipto derrotado, humillado y ocupado se vería obligado a hacer la paz según los términos dictados por Israel. Era como prometer la luna.
A pesar de todos los cálculos políticos erróneos y fracasos de quienes planificaron la campaña del Sinaí, fue su versión la que se impuso firmemente en las mentes de las mayoría de los israelíes. La percepción popular de la guerra de 1956 en Israel es que se trató de una guerra defensiva, justa, brillantemente ejecutada y de una contienda que alcanzó prácticamente todos sus objetivos. Esta versión de la guerra no sólo fue difundida por miembros del entramado de defensa israelí, sino también por una multitud de receptivos historiadores, periodistas y comentaristas. Aunque sea muy apreciada, esta versión no resiste el análisis a la luz de las pruebas de que disponemos hoy. Es un ejemplo notable de cómo la historia puede ser manipulada para servir a fines nacionalistas. La versión oficial de la guerra de 1956, como la del 1948, es poco más que la propaganda de los vencedores.
La campaña del Sinaí fue un importante punto de inflexión en la relación de Israel con el mundo árabe. Entre 1953 y 1956 se desató una gran batalla interna entre los moderados y los activistas, entre los que propugnaban la diplomacia y los partidistas de la fuerza militar. En junio de 1956, Ben-Gurion forzó la dimisión de Sharett para tener la oportunidad de hacer una guerra contra Egipto. La campaña del Sinaí supuso el último clavo del ataúd para la alternativa política que representaba Sharett. Ben-Gurion fracasó en su intento de hacer caer a Nasser pero logró hacer caer a Sharett.
(Fuentes:Avi Shlaim:·El muro de hierro)
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13 Mayo 2009
La Campaña del Sinaí ( II )
El orgullo viene antes de la caída. La euforia de Ben-Gurion tuvo una vida corta. Tan pronto como la campaña había concluido Israel se vio sometido a una intensa presión por parte de las dos superpotencias para que se retirara de inmediato e incondicionalmente de la península del Sinaí y de la franja de Gaza. El 5 de noviembre, Nikolai Bulganim, premier soviético, envió sendas cartas a británicos, franceses e israelíes amenazándoles con u ataque con misiles y prometiendo el envío de voluntarios en ayuda del ejército egipcio. La carta a Ben-Gurion contanía un lenguaje particularmente agresivo, acusaba al Gobierno de Israel de "jugar de manera irresponsable y criminal con el destino del mundo" y de poner en duda la existencia misma del estado de Israel. Ben-Gurion escribió en su diario que la carta podría haber estado escrita por Adolf Hitler. La misiva fue acompañada de una guerra de nervios y rumores de preparativos para una intervención militar soviética. Envió a Golda Meir y a Simón Peres a París para conocer la opinión de Francia y, si resultaba posible, obtener una garantía de apoyo. Golda Meir descubrió rápidamente que Christian Pineau tomó muy seriamente la amenaza soviética y que no podía asegurar apoyo alguno. Ella sacó a colación una idea que Ben-Girion había mencionado en Sèvres: la producción conjunta y paritaria de petróleo en el Sinaí. Según su propio relato, Pineau la miró a los ojos, como si fueran los de una loca, y dijo: "los pilotos soviéticos están sobrevolando Siria. Los rusos quieren intervenir en Oriente Próximo, ¿y usted aún está pensando en el petróleo del Sinaí?".
Ben-Gurion acarició durante un breve espacio de tiempo la idea de recurrir a Estados Unidos en busca de protección, aunque el presidente Eisenhower estaba profundamente enojado por el engaño de los tres países. La Administración Eisenhower insistió en una retirada incondicional israelí. Se dijo a Eban en privado que si Israel no se retiraba se cortaría toda la ayuda oficial del Gobierno norteamericano así como la ayuda privada de los judíos norteamericanos, y que Estados Unidos no se opondría a la expulsión de Israel de la ONU. La amenaza de estas sanciones económicas llegó cuando Estados Unidos ya había apartado su escudo protector sobre Israel -así como sobre el Reino Unido y Francia- ante una posible represalia soviética. Ben-Gurion estaba decepcionado, pero aceptó retirarse. Se había equivocado por completo en su lectura sobre la situación internacional y ahora tenía que pagar el precio.
El 8 de noviembre, el Gobierno pasó siete horas en difíciles y tensas discusiones. Existía un auténtico miedo a que estallara la guerra mundial como consecuencia del ataque soviético con misiles. El nivel de tensión no tenía precedentes en la historia de Israel, y paralizaba al Gobierno. Su decisión fue dejar que Ben-Gurion decidiera. Optó por la retirada -en principio- del Sinaí. Estaba a punto de anunciar la retirada incondicional e inmediata de Israel cuando Eban intervino para hacer una propuesta. Su idea era condicionar la retirada a un acuerdo satisfactorio que desplegara fuerzas de la ONU para retomar el control de la zona. Ben-Gurion estaba muy asustado al constatar que Israel estaba completamente asilado frente a las amenazas soviéticas. La presión alcanzó su punto álgido cuando el secretario general de la ONU habló de muy graves consecuencias para Israel. Finalmente aceptó las sugerencias de Eban. Resultaba insólito que Ben-Gurion, siempre de la opinión de que no importaba lo que los Gentiles dijeran, parecía muy asustado ante lo que los gentiles dijeran en esta ocasión. Eban, el discípulo de Moshe Sarett, hizo la lectura correcta de la situación internacional, y fue quien intervino para salvar los restos del naufragio.
A las doce y media de la noche del 9 de noviembre, un extenuado y abatido primer ministro anunció a su pueblo la decisión de ordenar la retirada en una emisora radiofónica. La euforia del discurso de la victoria se había disipado sin dejar huella. El tercer Reino de Israel había durado tres días.
La lucha por salvar algo del desastre de la campaña del Sinaí duró cuatro meses y fue concebida por Abba Eban. Las directrices eran concentrarse en dos objetivos: asegurar la libertad de navegación de Israel a través del estrecho de Tirán y el mar Rojo, y asegurarse de que el Negev no volviera a verse expuesto a incursiones terroristas desde Gaza. En realidad, Ben-Gurion no quería mantener la franja de Gaza, puesto que allí residían 350.000 árabes contrariados y belicosos. Quería utilizar la ocupación de Gaza como baza de negociación para conservar Sharm el Sheij. Finalmente se vio obligado a retirarse de Sharm el Sheij y de la franja de Gaza. Para Dayan fue un trago amargo. Dio órdenes para que se destruyeran todas las instalaciones militares egipcias antes de la retirada final a comienzos de marzo de 1957. Eban, por otra parte, pensó que los dos objetivos se habían alcanzado cuando leyó el memorando de Dulles el 11 de febrero. Estados Unidos prometió apoyar el derecho de Israel a enviar sus propios barcos y cargueros sin trabas a través de los estrechos de Tirán; admitieron que si Egipto renovaba el bloqueo, Israel estaría legitimado para "ejercer su derecho inherente a la legítima defensa recogido en el artículo 51 de la Carta de la ONU".; y aceptaron mantener las fuerzas de la ONU en Sharm el Sheij y Gaza hasta el momento en que la retirada no suponga una renovación de la beligerancia.
(Fuentes:Avi Shlaim:El muro de hierro)
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13 Mayo 2009

Pilar Izquierdo y Julio Ortega Fraile
Encierro en Pinseque: un niño muerto y la tradición viva
00:04h. del Miércoles, 6 de mayo.
Un niño de diez años lleva cuatro días metido dentro de un ataúd. Su cuerpo resultó golpeado y su cabeza reventada, pero nada de eso le duele ya, a él no, sin embargo, ¿queda en nosotros algún tipo de secuela por nuestra responsabilidad en lo ocurrido?.
El Ayuntamiento de la Localidad zaragozana en la que se produjo su muerte durante un encierro, ha "lamentado la tragedia que ha conmocionado al Pueblo" y ha decretado un día de luto oficial, no sin antes indicar que "tenían todos los permisos en regla", una especie de "curarse en salud", si tal actitud es posible cuando estamos hablando de que una criatura ha perdido la vida de una forma terrible y EVITABLE, por culpa de una tradición abyecta y LEGAL.
No es el primer muerto, van muchos, demasiados teniendo en cuenta de que esta forma de divertirse tan común en España, conlleva dos aspectos que serían suficientes en cualquier sociedad que se las diese de civilizada para abolirla: el riesgo real y más que comprobado de muerte y heridas muy graves para seres humanos, así como un maltrato a los animales tanto físico como psicológico.

Y el que la Ley se cumpla escrupulosamente - habrá que ver por qué un niño de diez años estaba en el recorrido de las vaquillas - no mitiga en modo alguno el horror que produce esta tragedia absurda, más bien, habría que reflexionar utilizando el cerebro y no los órganos testiculares, acerca de la necesidad y de la conveniencia de entretenerse con el padecimiento de animales que a su vez, pueden provocar la muerte de personas. Y no son ellos los responsables, son irracionales, sino nosotros, que en teoría disponemos de la capacidad para evaluar las consecuencias de nuestros actos; sólo en teoría...
Ni un día de luto, ni las banderas a media asta, ni las actividades suspendidas, ni todos los comunicados oficiales repletos de desconsuelo y de solidaridad con la familia, podrán cambiar una realidad: que la muerte de este chaval y las docenas de muertes que en los múltiples encierros de este País llevamos acumuladas, en un suma y sigue que de momento parece no tener final, son el resultado de la permisividad de la administración con una tradición salvaje, insensata y lo que es peor, subvencionada por los ayuntamientos, los mismos que después manifiestan muy afectados su duelo por lo ocurrido. Tal vez, deberían de haber pensado antes que sin su colaboración económica y organizativa el encierro no habría sido posible, ese crío seguiría vivo y muchos no nos sentiríamos asqueados de una situación que se repite una vez tras otra sin que le dé la gana de ponerle remedio a quien tiene la capacidad y la obligación de hacerlo.
Razones para su prohibición hay muchas, interés desde los estamentos oficiales muy poco, pero si en sus actuaciones prevaleciese la preocupación por la seguridad de los ciudadanos, por la protección a los animales, por apoyar la cultura y la educación y por erradicar la crueldad en prácticas bárbaras y montaraces, entonces no tendríamos que lamentar pérdidas de seres humanos, niños o adultos, por culpa de estas costumbres cafres, ni tampoco exigir que el sufrimiento de animales deje de ser un motivo de esparcimiento sufragado con recursos públicos y que esté tan extendido, en concreto y contabilizando los diferentes tipos de encierros, unos 20.000 cada año en toda España y muchos millones de euros destinados a la barbarie.
En lo que se refiere al padecimiento de los animales y dejando aparte tradiciones tan cruentas y vandálicas como los Toros Embolados, los Ensogados, las Vaquillas del Aguardiente, el Toro Alanceado, el de Coria o el Medinaceli entre otras muchas, que poca explicación necesitan acerca de lo real de la tortura a la que son sometidas las desdichadas criaturas a las que les toca el papel de víctimas en el espectáculo, los defensores de los habituales encierros, en los que se sueltan toros o vaquillas por las calles y se corre delante de ellos, aseguran que el animal no sufre durante estos festejos indignos. Una vez más mienten, su angustia psicológica y su daño físico son hechos demostrados, sólo los niegan aquellos para los que el antropocentrismo, el egoísmo y la majadería, son las varas con las que miden su comportamiento y valores.

Estos animales sienten miedo durante los recorridos; en un entorno extraño, asustados ante la muchedumbre y aturdidos por el ruido, el desasosiego frente una situación extrema y desconocida para ellos, son causas de un profundo suplicio psicológico. Quien dude de esta realidad sería recomendable que leyese los trabajos de la Dra. Nuria Querol, fundadora de GEVHA o del Dr. José Enrique Zaldívar, Vicepresidente de AVAT, llenos de rigor y exentos de atávica visceralidad. Y por otra parte el mal físico, teniendo que correr sobre superficies a las que no están habituados, víctimas de resbalones y de torceduras de patas, que no en pocas ocasiones terminan en la rotura de sus huesos; todos hemos visto cómo se estrellan contra las talanqueras al no poder coordinar sus movimientos en tales circunstancias. Y no olvidemos que al fin, esos toros acabarán muriendo en la plaza. El sufrimiento previo durante el encierro es sólo la antesala de un tormento mucho peor, más sangriento e intolerable todavía cuyo momento máximo es la agonía y muerte del animal atravesado repetidas veces por la ferocidad humana.

Un niño ha muerto pero nuestra tradición gloriosa sigue viva. Otros acabarán corneados, pisoteados y sus con sus cuerpos sanguinolentos desvencijados sobre el asfalto pero, ¿qué es realmente más beneficioso para los que nos gobiernan: seguir dando pan (cada vez menos) y circo al Pueblo, o tener la valentía y la decencia de perder unos cuantos votos pero legislar con la mente y el corazón apuntando al progreso, a la civilización, al respeto y al bienestar de todos, hombres y animales?. Un Pueblo que se divierte de tal modo está dando pruebas de su ignorancia y de su veneración por la brutalidad, y unos políticos gracias a cuya intervención esas costumbres siguen siendo lícitas y viables económicamente, demuestran que su promesa de trabajar por el bien común, no es más que un trámite necesario para poder percibir su sueldo.

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12 Mayo 2009

Esmeralda.
Mi amiga Giverny nos da, una vez más, una lección de compromiso solidario con nuestros amigos los animalitos y ha lanzado en su blog una llamada al corazón de las personas sensibles:
Pinchar aquí:
Hagamos lo posible para, entre todos, encontrar un hogar feliz para Esmeralda. ¡¡Gracias por difundirlo!!
servido por Jose
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12 Mayo 2009
El artículo cuarto incorporaba la intención del Gobierno israelí de ocupar la ribera occidental del Golfo de Aqaba y las islas de Tirán y Sanafir con objeto de garantizar la libertad de navegación. Los Gobiernos británico y francés no se comprometían a apoyar este plan, pero tampoco se oponían al mismo. En el artículo quinto Israel prometía no atacar Jordania durante el periodo de hostilidades contra Egipto, y el Reino Unido prometía ayudar a Jordania si atacaba a Israel. El propósito de esta disposición era minimizar el riesgo de un enfrentamiento militar entre Israel y el Reino Unido en el frente jordano. El artículo sexto pedía a los tres Gobiernos que mantuviesen el texto del acuerdo en estricto secreto. Finalmente, el artículo séptimo estipulaba que las disposiciones del acuerdo entrarían en vigor tan pronto como hubieran sido confirmadas por los tres Gobiernos.
Abba Eban ha destacado: "En Sèvres los tres grupos de dirigentes dieron su acuerdo a un plan grotescamente excéntrico". Nada, sin embargo, resultaba más excéntrico que el gran plan que Ben-Gurion intentó vender a los franceses en su primera reunión en la mansión de la periferia. Bar-On recordaría lo incómodo que se sintió al escuchar a su jefe presentar un plan que era tan remoto y extraño al propósito inmediato para el que se habían reunido.
No obstante, el plan revelaba los pensamientos íntimos de Ben-Gurion respecto a Israel. También su deseo de aliarse con las potencias europeas imperialistas contra las fuerzas del nacionalismo árabe. Mostraba su ambición de expansión territorial a expensas de los árabes y en toda dirección posible: al norte, al este y al sur. Y manifestaba una actitud desdeñosa hacia la independencia, soberanía e integridad territorial de los Estados árabes vecinos.
La Campaña del Sinaí.
A su regreso a casa, Dayan preparó a las FDI para la guerra, mientras Ben-Gurion se ocupaba del Gobierno. Informó a los ministros del Mapai y del Ahdut Ha`avodah, y posteriormente a aquellos que representaban al Partido Nacional Religioso y al Partido Progresista. No informó a los representantes del Mapam hasta el último momento, porque sabía que se opondrían y temía que dieran a conocer la información. El Gabinete aprobó la propuesta de ir a la guerra con una holgada mayoría. Únicamente los dos ministros del Mapam votaron en contra. Menajem Begin, el líder del Herut, dio al plan de guerra su apoyo entusiasta.
Las FDI emprendieron en la tarde del 29 de octubre la campaña del Sinaí con un lanzamiento de paracaidistas en el paso de Mitla. El 30 de octubre, antes de que las fuerzas de las FDI alcanzaran el canal de Suez, el reino Unido y Francia enviaron sus ultimatos a Israel y Egipto, pidiéndoles que retirasen sus tropas a diez millas del Canal. Israel aceptó el ultimátum; Egipto, como se esperaba, no lo hizo. El reino Unido y Francia comenzaron los bombardeos aéreos de los aeródromos egipcios en la noche del 31 de octubre, en lugar de hacerlo al atardecer, como se había previsto. Ben-Gurion estaba tan angustiado y enfadado por el retraso que amenazó con suspender el ataque. A pesar de las dudas y retrasos que continuaron caracterizando las operaciones de los aliados, las FDI obtuvieron una completa victoria militar en pocos días. Las fuerzas egipcias del Sinaí y de la franja de Gaza se retiraron apresuradamente a través del canal de Suez, dejando cerca de seis mil prisioneros y grandes cantidades de material militar en manos israelíes. Al dar la orden de retirada Nasser redujo las pérdidas de su ejército. Gaza fue capturada el 2 de noviembre y el día 5 el conjunto de la península del Sinaí estaba en poder de Israel. Para los franceses y los británicos la aventura de Suez terminó con una apresurada y humillante retirada. Una fuerte presión de las grandes potencias les obligó a detener el ataque. John Foster Dulles encabezó el grupo contra ellos, y contra su aliado Israel, en la ONU. La presión económica norteamericana forzó al Gobierno británico a retirarse, dejando a los franceses en la estacada.
Aunque Ben-Gurion debió permanecer en cama por enfermedad durante la campaña, estaba ebrio de victoria cuando concluyó. En un telegrama enviado a la Séptima Brigada tras la captura de Sharm el Sheij, escribió: "Yotvata, o Tirán, que hasta hace 1.400 años eran parte de un Estado independiente judío, volverán a ser parte del tercer Reino de Israel". En su discurso de la victoria en la Knneset el 7 de noviembre, sugirió que Israel planeaba anexionar el total de la península del Sinaí y también el estrecho de Tirán. En su discurso afirmó triunfante que el acuerdo de armisticio con Egipto era letra muerta, que Israel no entregaría el Sinaí a fuerzas extranjeras y que el país estaba preparado para entablar negociaciones directas con Egipto. El tono arrogante del discurso causó gran indignación y antipatía fuera de Israel, también entre los judíos norteamericanos.
(Fuentes:Avi Shlaim:El muro de hierro)
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11 Mayo 2009

En el transcurso de la década de los años sesenta del pasado siglo, el Régimen franquista, movido por las necesidades de obtener proteínas con las que poder alimentar a una población secularmente carente de ellas, impulsar su desarrollo económico una vez abandonada la autarquía, y, al mismo tiempo, obtener cierto prestigio internacional para su denostado sistema político, acometió un ambicioso programa que abarcaba diversos frentes: la construcción de buques pesqueros que sirvió para dinamizar la industria del acero, los astilleros, la industria auxiliar, los frigoríficos, la cordelería, etc., y que proporcionó puestos de trabajo a una numerosa población que ya contaba con la tradición de un sector laboral que había realizado pesquerías de la ballena y del bacalao muy alejadas de nuestras costas desde el siglo XV. Esto hizo posible que la flota de pesca nacional alcanzase en número de buques -las estadísticas en esta época, por causa de la propaganda franquista, hay que observarlas con reparos-, el tercer o cuarto puesto en el ranking mundial, aunque la falta de innovaciones técnicas y la producción en toneladas capturadas la relegasen a puestos más discretos.
Todo fue más o menos bien durante los años en los que fue viable realizar capturas libremente -fundamentalmente, en el caladero Sahariano-, lo que hizo posible un consumo de pescado por habitante/año superior a los cuarenta kilos, pero la actividad se fue complicando a medida que los países ribereños iban accediendo a su independencia y alcanzaban la soberanía sobre sus aguas; finalmente, el sector recibió su golpe de gracia tras la imposición generalizada de las doscientas millas como Zona Económica Exclusiva. Esta novedad hizo necesaria una reconversión de la flota en los años 80, y las generosas ayudas aportadas por la CE con este objeto fueron empleadas por el gobierno de González, en una política de "parches" (tan arraigada en la idiosincrasia de los gobernantes de nuestro país))que intentaba hacer frente a los graves problemas por los que pasaban los astilleros españoles tras la crisis del petróleo de 1.979 y la competencia de los llamados "Dragones Asiáticos", y, en lugar de un drástico desguace de los barcos más obsoletos y haber apostado por la pesca de bajura artesanal, la acuicultura y los convenios internacionales a través de la CE con los países con recursos pesqueros, se optó por dedicar las ayudas a la construcción de nuevos y más costosos buques o a la modernización de los ya en uso, lo que no impidió la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo, la desaparición en cascada de numerosas industrias auxiliares al sector y la decadencia generalizada en aquellos puertos que hasta no hacía mucho bullían con la actividad generada por la pesca; mientras que, al mismo tiempo, las Escuelas de Formación Pesquera seguían preparando a un personal que no tardaría mucho tiempo en encontrarse sin salida profesional.
La reacción de los armadores ante esta nueva situación creada, fue dispar: algunos, aprovechándose de los créditos a fondo perdido y ayudas a bajo interés facilitados por parte de la administración central o autonómica, hicieron excelentes negocios poniendo en venta los nuevos barcos recién recibidos de los astilleros; otros, crearon sociedades míxtas con empresas de países con excelentes caladeros, nula reglamentación laboral y alta corrupción; los menos, aceptaron el pago de cuotas de pesca para poder seguir faenando; y muchísimos, desaparecieron. Aunque también hubo quien, viendo las posibilidades de unas extensas aguas libres de jurisdicción y, por tanto, exentas de vigilancia, continuaron con su labor llevando a los mercados nuevas especies para su uso comercial, y aprovecharon el vacío legal y la nula inspección laboral para "hacer su agosto".
Tomemos ahora cierta distancia para explicar esto último: de todos es sabido las peculiaridades del trabajo sobre la mar, los malos tiempos, los largos meses fuera de casa, las jornadas laborales interminables tanto en el día como en la noche, las precarias condiciones de habitabilidad, el desarraigo, el alcoholismo, la mala alimentación e higiene abordo, el aislamiento, los accidentes y naufragios, etc., etc.; pero aún hay algo más, algo que se puede llegar a comprender si pensamos un poco en el sistema económico que hemos adoptado y que está basado en el beneficio máximo en detrimento de otros factores como, incluso, la seguridad del barco y de la propia tripulación de los mismos.
Esta circunstancia que afecta a la explotación económica y el hecho de que el puesto de trabajo, el barco, se encuentra aislado y alejado de todo posible control y supervisión de la Administración, hace que se den situaciones que comprometen la legalidad cuando no, la incumplen sistemáticamente. Ilegalidad en la obligada revisión de los Certificados de la nave e ilegalidad en la contratación de las tripulaciones, que, en la política de reducir costes, no cuentan en los puestos de responsabilidad con la titulación oficial adecuada, están formadas en la marinería por personal autóctono escasamente cualificado lo que provoca no pocos accidentes, o se encuentran sometidos a un sistema laboral totalmente desregularizado, con salarios mínimos, con contratos precarios, sin horarios preestablecidos, y sin representación que defienda sus derechos. Unas tripulaciones mayoritariamente enroladas de ese ejército de hombres sin trabajo que se encuentra disponible en el tercer mundo y que acepta lo que le ofrezcan para intentar escapar de su miseria.
Volvamos de nuevo a calar las redes a ver lo que pescamos, aunque no sea de nuestro gusto:
Pues veremos que los fondos marinos han sido arrasados por los sistemas de arrastre y que la pérdida de redes de fibras plásticas continúan durante años matando peces; que la sobrepesca y las posibilidades que abren las nuevas tecnologías de eco-localización de cardúmenes y situación por GPS, ha llevado hasta la esquilmación caladeros hasta no hace mucho tiempo riquísimos; que los pesqueros usan redes con tamaño de mallas prohibido o que sus redes pelágicas acaban con focas, delfines u otras especies que no representa interés económico alguno; que se sigue matando ballenas con la excusa de campañas científicas y que los fondos rocosos, reserva natural para los peces, ya no representan impedimento para las capturas desde la aparición de modernos palangreros con cientos de millas de líneas caladas; que podremos seguir degustando mariscos a precios asequibles al bolsillo gracias a los salarios de hambre con los que se paga el trabajo de las tripulaciones autóctonas de los pesqueros; que se siguen envenenado los mares con vertidos tóxicos; etc., etc.
Y también veremos a los nuevos Piratas del mar que, por otra parte, siempre estuvieron aquí. Armadores que desafían las normativas de la UE amparándose en las posibilidades que concede una legislación pensada más en el mercado que en las personas y por ello las banderas de conveniencia y las empresas mixtas. Armadores que no respetan las aguas jurisdicionales de otros países. Armadores que, ante la pasividad de la administración española , continúan campando a sus anchas. Armadores que fomentan la corrupción allí donde envían sus barcos, "comprando" a personas o servicios, manipulando los diarios de capturas y sus pesos, etc., etc.
Ahora, que tan de actualidad están los piratas somalíes, no se debe olvidar la presencia de estos otros piratas del mar, y antes de que el Rey le conceda a uno de los representantes en tierras africanas de estos corsarios de cuello blanco la Medalla al Mérito Civil, no hubiera estado de más haber realizado una oportuna y más objetiva investigación.
servido por Jose
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