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La Coctelera

A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VII.f)

 

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Realizada esta rápida visita al autor de Camino y creador del Opus Dei, se me ocurre, ya que hablamos de cultura y de intelectuales, aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid y detenerme a considerar las palabras de Moa en el sentido del estado actual de la universidad española, unirlo a lo que dijo César Vidal sobre la educación durante la República, y mostrar algo de lo que supuso el sitema educativo durante el inico del franquismo.

En la Universidad y el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) se va a dar una batalla entre el falangismo católico y el integrismo apostólico (el Opus Dei), en la que por cierto los campos nunca estarán del todo delimitados y donde los integristas contarán siempre con mayor cobertura dentro de la Iglesia, como es lógico, pero también del Estado. En 1.941 los falangistas de Escorial denunciaban: "Ha triunfado en la Universidad, de momento, el criterio conservador y parcial sobre el nacional y revolucionario (julio de 1.941). la Ley de Ordenación Universitaria se promulgó el 29 de julio de 1.943 y de su espíritu basta una cita: " La Universidad es el ejército teológico para combatir la herejía y la creadora de la falange misionera que debe afirmar la unidad católica". Ahí están las dos bases políticas y conceptuales hermanadas. La Iglesia y la Falange, por ese orden. José Luis Aranguren escribió en sus "Memorias", refiriéndose a aquella universidad, que "la posguerra fue, primero, la época de las oposiciones "patrióticas" y enseguida, la de las opoiciones católico-"seculares". Es posible que ambas fueran tan similares que se necesitaba todo un buen ejercicio escolástico para separarlas. Durante los doce años en que Ibáñez Martín estuvo al frente del Ministerio de Educación Nacional, desde 1.939 hasta 1.951, rigió un sistema de selección del profesorado, según eufemística expresión de Laín Entralgo, del más estricto "arbitrio ministerial."

¡No están mal escogidos los principios rectores de lo que debía ser la Casa de la Razón y de la Ciencia para la educación de las nuevas generaciones de españoles tras la guerra civil! ¿Verdad?¡Leído ésto, las críticas y loas -según se amolden a su imaginario-, vertidas por Moa y César Vidal suenan a broma de mal gusto! Pero, aún hay más.

José Pemartín en su epílogo al volumen colectivo "Una poderosa fuerza secreta: La Institución Libre de Enseñanza (San Sebastián 1.940):

"De la Institución Libre de Enseñanza no ha de quedar piedra sobre piedra (..) sembrar de sal el solar y poner un cartel que recordase a las generaciones futuras la traición de los dueños de aquella casa para la Patria inmortal."

Joaquín Entrambasaguas, secretario de la Universidad Menéndez Pelayo (antígua Universidad Internacional de Satander), durante el primer curso bajo el Nuevo Estado en el verano de 1.938, señalaba que la Institución Libre de Enseñanza había manejado los anteriores cursos, con lo que se había formado:

"(..) un equipo de profesores y conferenciantes cuya selección, en la mayoría de los casos, no había sido hecha más que con un criterio de sectarismo intolerable (..), que ganando así una inmerecida fama, la aprovecharon luego para abrogarse ante el mundo una representación de intelectualismo que jamás hubieran conseguido con su propio valor."

Estos "herededos de la más pura picaresca, única creencia española que albergan en sus almas", eran por ejemplo, "nulidades" tales como Ramón Menéndez Pidal; Manuel Gómez Moreno; Miguel de Unamuno; José Ortega y Gasset; Xabier Zubiri; Pedro Salinas; Américo Castro; Blas Cabrera; Julio Palacios ... Los cuales fueron sustituidos por los lumbreras del fascismo como Concha Espina; Víctor de la Serna; Agustín de Foxá; Federico de Urrutia; Luis Escobar; Luis Rosales, José María Pemán; Eugenio d`Ors; Gonzalo Torrente Ballester; Pedro Laín Entralgo; Juan Aparicio; Dioniso Ridruejo; Antonio Tovar; José María de Areilza; Pilar Primo..."

La educación general siguió idénticos derroteros. Puértolas nos indica que las leyes ordenadoras de la enseñanza comenzaron a diseñarse desde los primeros tiempos de la guerra civil, empezando por la Enseñanza Primaria que se adapta a las teorías de la Confederación Católica de Padres de Familia y sus recomendaciones:

"Más que contra el analfabetismo iletrado, hay que ir contra el analfabetismo moral. Y eso no se logra con el abecedario, sino con el catolicismo."

Un libro teórico, salido del magín de Adolfo Maíllo, inspector de Primera Enseñanza, recoge toda la ideología oficial: "Educación y Revolución. Los fundamentos de una Educación Nacional (Madrid 1.943). Maíllo explica el propósito de su trabajo:

"Las páginas siguientes han nacido con el propósito de combatir las ideas de emancipación del hombre (p.31)"

Se trata de conseguir "la represión ascética de los impulsos naturales", y para ello se utilizará:

"(..) la "ascesis", es decir, el ejercicio de todas las posibilidades psicofísicas del escolar con carácter represivo y sublimador de las tendencias espontáneas y naturales (..), elevamos el principio de la disciplina, el espíritu de servicio y la represión ascética de los impulsos naturales (ibid).

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A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VII.e)

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Resulta lógico que, dado el interés de los tertulianos en remarcar el peso que en la cultura del momento tenían Ortega y Zubiri, finalice el tema mostrando el estado de la relación personal entre ambos; algo que nos descubre también Gregorio Morán:

"Uno de los secretos mejor guardados por Ortega es su posición personal e intelectual respecto a Zubiri. No hay en su obra conocida la más mínima referencia a él, en los doce volúmenes de su obra completa no le cita ni una sola vez; si bien es cierto que los textos que Zubiri había pulicado hasta entonces son escasos. Sólo sabemos que existe mucha cautela y considerable desapego entre ambos. En apariencia, sus relaciones son de respeto; uno sigue siendo el maestro (Ortega) y el otro su veterano discípulo (Zubiri). Ni en público ni en privado han deslizado ninguno de los dos la más mínima sospecha de un desencuentro. Sencillamente, la evolución de Zubiri va por otras vías muy distintas de las del viejo maestro.

"Cuando Julián Marías anuncia que va a visitar a Zubiri, de acuerdo con Laín, con el fin de tratar del curso-homenaje, Ortega va más allá de exigirle explicaciones, simplemente se lo desaconseja y en un tono perentorio: "Me inquieta que vaya usted a hablarle uno de estos días. Me permito rogarle que "no lo haga" hasta que me haya aclarado usted bien de qué se trata.... Si usted recuera cual ha siod mi actiud respeto a la cuestió "Z." (así se designó siempre entre ellos a Zubiri, "la cuestión Z."), no le extrañará si le digo que, a mi juicio, la cuestión Z. es difícil precisamente de "tocar", no ya de "tratar". De aquí que en rigor, ni siquiera hablando con usted yo he llegado propiamente a tocarla" (subrayados de Ortega).

"(..) Ortega califica a Zubiri de suspicaz, calificativo tan válido para uno como para otro; especialmente si tenemos en cuenta el curioso detalle de que Zubiri no fue siquiera convocado a las sesiones de homenaje a Ortega, las conocidas como "El estado de la cuestión". O si lo fue no consta, aunque por las reticencias y las medias palabras que hay en la tamizada e incompleta correspondencia, y que ninguno de los intermediarios ha querido precisar, parece que Ortega lo desaconsejó; a su manera, es decir, sin decirlo expresamente.

Dejémoslo ya, mucho más habría por decir pero es suficiente; en cualquier caso no parece que hubiera un especial interés de un filósofo por el otro, entre maestro y alumno. Respecto a la aseveración que realiza Moa sobre el libro publcado en España "que más influencia doctrinal" ha producido en el mundo, "Camino", tan sólo su nombre y recordar a su autor, Escrivá de Balaguer (por cierto apellido corregido por él mimo para darse un mayor pedigree con ese "de" incorporado), me produce escalofríos. Un libro que es la máxima expresión del Integrismo católico y en el que se obliga al ejercicio de la mortificación corporal (cilicio entre los muslos, incorporado), la misa y comunión diaria, correción fraterna, ayunos, etc., etc., y que me parece más apropiado para una secta de personas de los tiempos de la Alta Edad Media que para el siglo XX. ¡Pero de todo debe haber en la viña del señor!

Una muestra del imaginario de este hombre que se bañaba entre pétalos de rosas, que decía "hablar con Dios", y que fue santificado por Juan Pablo II en 2.002 tras un controvertido proceso, puede ser la misiva que envió a Franco en una época en la que ya se sabía quién era quien y no había lugar al error (obtenida en la Wikipedia):

"Al Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español.

"Excelencia,

"No quiero dejar de unir a las muchas felicitaciones que habría recibido, con motivo de la promulgación de los Principios Fundamentales, la mía personal más sincera.

"La obligada ausencia de la Patria en servicio de Dios y de las almas, lejos de debilitar mi amor a España, ha venido, si cabe, a acrecentarlo. Con la perspectiva que se adquiere en esta Roma Eterna he podido ver mejor que nunca la hermosura de esa hija predilecta de la Iglesia que es mi Patria, de la que el Señor se ha servido en tantas ocasiones como instrumento para la defensa y propagación de la Santa Fe Católica en el mundo.

"Aunque apartado de toda actividad política, no he podido por menos de alegrarme, como sacerdote y como español, de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que "la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación". En la fidelidad a la tradición católica de nuestro pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas constituídas en autoridad, la mejor garantía de acierto en los actos de gobierno, y en la seguridad de una justa y duradera paz en el seno de la comunidad nacional.

"Pido a Dios Nuestro Señor que colme a Vuestra Excelencia de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada.

"Reciba, Excelencia, el testimonio de mi consideración personal más distinguida con la seguridad de mis oraciones para toda su familia.

"De Vuestra Excelencia affmo. in Domino Josemaría Escrivá de Balaguer

"Roma, 23 de mayo de 1958.

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A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VII.d)

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Habiendo dejado acotado este pasaje sobre la censura franquista y que no parece preocuparles en absoluto a los presentes en la tertulia, dedicaré unas lineas a Zubiri.

"Gacias a "Escorial" -nos informa Gregorio Morán-, esa generación que se promete arrolladora de los Laín, Tovar y compañía, descubren al auténtico filósofo, al pensador que llevan buscando y que respondía mejor a sus inquietudes que cualquier otro: Xabier Zubiri. A Partir de Escorial las corrientes falangistas más dinámicas, sin renegar de Ortega y Gasset, simplemente pasándolo a un segundo plano, se hicieron zubirianas.. dato constatable en varios textos de la época no sólo del propio Laín, sino de Javier G. Conde y otros. Zubiri fue una revelación fascinadora, porque unía a su sólida formación filosófica una fe religiosa no menos profunda; a los estudiosos de su personalidad toca saber si era auténtica o impostada. Lo cierto es que al margen quedaba el laicismo orteguiano y su leve "Dios a la vista".

"Xabier Zubiri aparece en Escorial ya en su segundo número -diciembre de 1.940-, con un texto largo, "Sócrates y la sabiduría griega", que habría de publicarse en dos entregas. En agosto del siguiente año vuelve a aparecer en la revista otro escrito suyo: "Ciencia y realidad". Conociendo la minuciosidad y la demora del filósofo en la publicación de sus reflexioens, resulta aún´más chocante que en 1.942, en el número de septiembre, Zibiri reaparezca con otra lección: "Grecia y la pervivencia del pasado filosófico".

"Está fuera de duda que Zubiri tenía especial interés en exibirse vinculado al grupo falangista de Escorial, al que le unían relaciones personales y que había de ser durante muchos años el que le facilitaría la labor. Exactamente lo contrario de lo que sucedería con los católicos integristas, quienes renegarían reiteradamente de él durante los años cuarenta para convertirse luego en sus devotos.

"El descubrimiento de Zubiri por el grupo falangista de Escorial -también podría interpretarse al reves: el hallazgo del grupo Escorial por Zubiri-, les dejó deslumbrados. Provoca un encantamiento tal, que alcanzará también a su vecina, Revista de Estudios Políticos, el núcleo teórico del falangismo, lo que va a facilitar su asentamiento del filósofo en Madrid desde el verano de 1.942. Aquí impartirá sus lecciones durante tres décadas a grupos reducidísimos de interesados por la metafísica, teólogos y diletantes de la filosofía. Su primer domicilio en el Madrid de 1.942 será la casa de Pedro Laín Entralgo.

Cuando Xabier Zubiri vuelve a Madrid tiene cuarenta y cuatro años, y es un jesuita que ha conseguido la entonces dificilísima dispensa del Vaticano para casarse, y para hacerlo nada menos que con la hija del historiador exiliado Américo Castro. Hasta la guerra civil el jesuita Zubiri se había considerado un discípulo de Ortega, lo que no quiere decir lo mismo que ser orteguiano. Un radical como Ortega y Gasset -quizás en lo único que fue radical hasta el fin fue en su laicismo-, sentía cierta prevención hacia los jóvenes colegas que habían estudiado tanto tiempo en los seminarios como en las universidades. Zubiri pasa la guerra en Roma primero y luego en París, vinculado por supuesto a las legaciones de la España llamada "Nacional".

"A su vuelta a España, apenas terminada la guerra, el obispo de Madrid, Eijo Garay (que sería procurador en las Cortes franquistas), considera que dada su condición de ex jesuita no puede residir ni ejercer la docencia en aquellas diócesis donde le habían conocido como eclesiástico, es decir, Madrid y San Sebastán. Ha de marchrar entonces a la Universidad de Barcelona, donde imparte dos cursos -1940-4-, pero según escribe su protector, Laín, "el clima de la ciudad no le era favorable", sin precisar si se trataba del meteorológico o el social. Volvió Zubiri a Madrid. Las gestioes de los falangistas Javier G. Conde y el propio Laín dieron el resultado que éste expone en sus "Memorias": "Ibáñez Martín (ministro de Educación) (tuvo una) actitud evasivo-negativa a dos peticiones mías consecutivas para que se ofreciera a Zubiri su reingreso en la cátedra de la que desde 1.926 era propietario y titular, la de historia de la filosofía en la Universidad Central, y que se utulice su inmenso saber en el Instituto de Filosofía del naciente Consejo Superior de Investigaciones Científicas".

"La Iglesia española y su representante en la tierra, el ministro Ibáñez Martín, que no hacía nada que pudiera no ser interpretado como aprobación del Espíritu Santo, obligarían a Zubiri a encaminar sus pasos hacia los cursos privados selectivos, en detrimento de la vida universitaria. Pero eso es otra historia que se iniciará a partir de 1.945.

"La década de los cincuenta conocerá un dominio zubiriano en detrimento, claro está, de la impronta orteguiana. La filosofía en España, a comienzos de la década, entre el puñado de notables que dirigen las cosas de la teoría y la práctica política, tiene un nombre de respeto, Xabier Zubiri. Ortega es la frivolidad, Zubiri es el rigor. En un principio solo para hombres, mujeres abstenerse; una prueba más de la ruptura con el mundano hábito orteguiano de las señoras con sombrero. Además resulta una experiencia cercana al seminario genuino, casi conventual. Tres docenas de cabezas, máximo, entragadas al delirio zubiriano. El curso del otoño de 1.951 hasta el verano del año siguiente, semana tras semana, tiene por tema algo que forma parte de la inquietud de cada cual desde el instante mismo de la primera comunión. Parece obvio que nadie sin la primera comunión hecha hubiera tenido intención de asistir entonces a un cursillo de Zubiri. Trataba sobre "Cuerpo y alma".

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A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VII.c)

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Si, en "Nada", obra de Carmen Laforet que recibió el Premio Nadal de novela en 1.945 -con todo el rintitín que nos ofrece Moa al decirnos "que recibían premios"-, nos muestra en ella aquella sociedad sin espectativas de la primera posguerra; en "Tiempo de silencio", Luis Martín-Santos nos muestra ¡en 1.962! en una novela con una veintena de páginas menos a causa de la censura, el panorama aterrador de una España hambrienta, miserable, llena de chabolas y prostitutas, y sin medios que poder dedicar a la investigación (parece que son razones más que evidentes para que se produzca su olvido por parte de Moa); anterior a ella es una película, "Surcos", joya de la cinematografía española de todos los tiempos pero que por idénticas razones que Tiempo de silencio, parece escapar a la memoria de Moa. Con una calificación "de muy dura" por parte de la censura, se me escapa la razón de la enorme fortuna de que pudiese exponerse en pantalla en 1.951. José Antonio Nieves Conde nos muestra en blanco y negro la dureza de la vida en la España de la Autarquía en la que una familia campesina vende sus tierras para trasladarse a un Madrid que les parece el lugar más idóneo para conseguir huir de sus penalidades. Una vez allí, la familia se descompone absolutamente devorada por la dureza de aquella ciudad cruel en la que no hay ni trabajo ni espectativas, y sí mucho vicio y delincuencia para poder sobrevivir..

Ya que me he referido a la censura, institución obligatoria en todo sistema totalitario que se precie y el franquismo fue maestro en ello; daré unos apuntes sobre ella antes de pasar a Zubiri, otro de los personajes recurrentes de Moa y César Vidal.

El departamento de censura disponía de una serie de lectores anónimos identificados con un número para salvaguardar esta situación. En el formulario elaborado al efecto había que responder a una serie de preguntas del estilo de, ¿Ataca al Dogma? Páginas; ¿A la Moral? Páginas; ¿A la Iglesia o a sus Ministros? Paginas; ¿Al Régimen y a sus instituciones? Páginas; ¿A las personas que colaboran o han colaborado con el Régimen? Páginas; Los pasajes censurables ¿califican el total de la obra? A continuación había un espacio destinado al comentario del lector.

Pondré un solo ejemplo que tiene como causa el formulario abierto a "La nausèe" y que está firmado por el censor Padre Álvarez Turienzo, agustino del monaterio de El Escorial que en 1.964 era el prior del mismo; en 1.966 fue nombrado catedrático de Ética de la Universidad Pontificia de Salamanca, siendo este tipo de intelectuales a los que apelaba la censura para juzgar las publicaciones. En el caso de La nausée no se han rellenado números de páginas al lado de las preguntas y el lector se limita a un breve informe que se reproduce a continuación:

"La conocida novela de Sartre. Una de las primeras obras en que se presentaba la experiencia del desarraigo existencialista con una lucidez extrema. Ciertos pasajes adolecen de la crudeza de lenguaje y de contenido propias de la literatura del autor (así las páginas, 17, 29, 87, 162, 164, 229-231). Pero creo que a estas alturas, cuando la obra ya es conocida por multitud de exposiciones que hablan de su argumento y problemas, y teniendo además en cuenta que se trata de un relato denso de contenido, de forma que difícilmente puede hacer mella en el gran público, aun reconociendo las dificultades que su aprobación ofrece por las reservas con que ha de autorizarse su lectura, creo que

PUEDE AUTORIZARSE: Madrid, 20 de julio de 1964 El lector [FIRMA] P. Álvarez Turienzo"

Según este lector que da muestras de buen sentido, ya no cabe prohibir la novela, puesto que la información sobre su contenido se halla ampliamente disponible. Además, el libro es tan difícil que no gustará al gran público, de modo que se puede autorizar a pesar de las necesarias reservas. El lector, que pone una firma perfectamente legible, es el Padre Saturnino Álvarez Turienzo, miembro eminente de la orden de los agustinos.

Con esta fecha se pone a su disposición la tarjeta por la que se permite la edición de la obra LA NAUSEA de Jean-Paul Sartre que, - como Vs. seguramente sabrá esta incluída en el Índice de libros prohibidos por la Iglesia.

Daré ahora algunos de los nombre de los censores que durante una u otra época colaboraron en esta labor:

Martín Albizanda; Martín Alonso; Guillermo Alonso del Real; Juan Beneyto Pérez; Camilo José Cela; Ricardo de la Cierva (¡Vaya! ¡Qué sorpresa encontra aquí a nuestro "grandísimo historiador"!); José María Claver: Darío Fernández Florez; David Jato; Pedro Laín Entralgo; José Antonio Maravall; Bartolomé Mostaza; Emilio Romero; Leopoldo Panero; Felipe Ziménez de Xandoval; Juan Ramón Masoliver; Manuel Prados; etc., etc.

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A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VII.b)

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Personajes olvidados, aparecerán como auténticas luminarias: Ángel Ganivet; Vázquez Mella; Ramiro de Maeztu; Jaime Balmes o la arbitraria personalidad de Donoso Cortés. Habrá necesidad de inventarse un pasado intelectual, ocultando unos datos y amalgamando otros, para hacer del régimen nacido de la victoria sobre la República, el heredero de unas seculares tradiciones reaccionarias.

Una vez que hemos visto el concepto que tenía Ortega y Gasset sobre el panorama cultural español tras su regreso, echaremos una ojeada, -antes de repasar a algunos de los nuevos valores de la cultura emergente-, a la situación de aquellos que como él mismo, regresaron del exilio tras el final de la guerra: pero previamente recurriré nuevamente a Ortega para ver qué piensa él de uno de los gurús del pensamiento hispano, Menéndez Pelayo:

"Entre las cosas cómicas de la infortunada vida intelectual española durante el pasado siglo, debe contarse que Menéndez Pelayo considerase haber dado cima a una hazaña emigrando, en la madurez, del escolasticismo a la filosofía escocesa del sentido común, que era cosa pareja a si hubiese decidido salir de Malaguilla para entrar en Malagón."

"Gregorio Marañón volvió del exilio en 1.943, con cincuenta y seis años. Había trabajado en París durante la guerra sobre temas históricos y muy especialmente sobre el renegado secretario de Felipe II, Antonio Pérez. En este texto, publicado por primera vez en 1,947, hay una autocrítica del inmediato pasado republicano tan evidente que parece un retrato de grupo. (..) Aunque su papel político durante la República se había limitado al de mudo diputado por Zamora a las Cortes Constituyentes, su reincorporación a la España llamada "nacional" le retrotraería al mundo de su infancia y adolescencia en el seno de una familia tradicionalista."

"Ramón Pérez de Ayala cumple sesenta y cinco años cuando termina la guerra mundial. Es un novelista prácticamente extinguido desde 1.928, tras la publicación del relato "Justicia". Seguirá en Buenos Aires hasta 1.949, como teórico funcionario de la embajada de España en la capital argentina. Escribe artículos para la prensa y sobrevive entre el acohol y la más patética sequía intelectual.

"Pío Baroja, que había tenido una fecunda producción durante el periodo republicano, publica tras su vuelta a España, en 1.940, tres humildes novelas y un libro de versos bochornoso, "Canciones de suburbio". A partir de 1.942 aparecen unas desmañadas como interesantes memorias, "Desde la última vuelta del camino". En diciembre de 1.945 ha cumplido setenta y tres años. Su única actividad social consistirá en asistior a las tertulias del Instituro Británico en Madrid, bajo el patronazgo de su orondo director, Walter Starkie. Allí se reune con un puñado de incondicionales, como Julio Gómez de la Serna, la hija de Gabriel Miró, Clemencia, y Julio Caro Baroja, su sobrino. Según cuenta un testigo de aquello, pronto ni eso, porque don Pío dejará de asistir cuando el Instituto se traslade de edificio y le quede a trasmano, amén de que no le agrada encontrarse bajo pabellón británico con "algunos escritores pertenecientes al grupo de la revista "Escorial" que habían sido partidarios de la victoria alemana en la guerra."

"Azorín había cumplido setenta y dos años en 1.945 y seguía fiel a su consigna, que consistía, según su amigo Baroja, en escribir "elogios excesivos de todos los gobiernos que ha habido en España, fuera cual fuera su tendencia.

"Ramón Menéndez Pidal tenía sesenta y seis en marzo de 1.945, y aún le quedaría muchos desprecios que sufrir y una autocrítica pública para que consintieran verle reasumir la presidencia de la Real Academia Española en 1.947.

Tras este repaso rápido a "lo más granado" de la cultura española que se reincorpora a la patria franquista tras la guerra civil mencionaré tan solo un par de nombres de "ese montón" de intelectuales en los que piensa Pio Moa, y otro par de ellos que se le pasan desapercibidos.

En primer lugar me iba a referir a Miguel Delibes, pero creo que por respeto a su defunción -producida en el día en el que escribo éstas líneas-, mejor será que me reserve los comentarios y pase al siguiente, el chivato e impresentable Nobel Camilo J. Cela. No resto un ápice al valor literario de su "Vida de Pascual Duarte" pero tan amoral personaje que había trabajado duro para conseguir un constante y lucrativo puesto como censor acabaría sufriendo en carne propia los efectos de tan nefasta institución. A pesar de que se le podía considerar "como uno de los nuestros" gracias a su labor de columnista en el diario "Arriba" o en "El Español" -semanario del franquismo más bronco y excluyente-, tuvo que necesitar de la ayuda de Gregorio Marañon para poder publicar dicha novela gracias al prólogo que le escribió cuando ya iba por la cuarta edición (1.946): era el único modo de proveerse de pararrayos o paracensores. La influyente revista de Acción Católica, "Ecclesia", la había denunciado expresamente. Pero en esta ocasión su "Colmena" no podría obtener el nihil obstat que, implícita o explícitamente, toda publicación debía conseguir de las autoridades eclesiales.

El placet para publicar "La colmena" en España no pudo conseguirlo hasta 1.963. Aunque se llegó a reproducir un capítulo en "Cuadernos Hispanoamericanos" (mayo-junio 1.950), con expresa autorización de la edición argentina, en el fondo no era más que un paripé. El pie de imprenta se situaba en el Buenos Aires de Perón (primera y segunda edición) o en México (tercera edición, que el mismo Cela reconoce se imprimió en Barcelona). La pamema alcanza hasta que un hombre, que gozaba de perfecto reconocimieno en el sistema, como Gonzalo Torrente Ballester, reseñara ampliamente la novela de Cela en esos mismos "Cuadernos Hispanoamerinanos"; una novela que en apariencia no se podía comprar pero que tampoco estaba prohibida porque el pie de imprenta era extranjero (*)

(*) Cuadernos Hispanoamericanos, julio-agosto de 1.951.

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A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VII.a)

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Aunque ya me he referido a ello y pensaba por tanto dejarlo aparcado, la mención que realiza nuevamente Moa del panorama cultural durante el franquismo, me obliga a señalar algunas cosas.

Ya que, tanto él como César Vidal, insisten en referenciar a Ortega y Gasset, comencemos por el filósofo: En 1.948 escribía el maestro: "La causa de todo esto, señores, es el triste aldeanismo en que ha recaído buena parte de la vida intelectual española.... En la aldea perdura aún el temor a los aparecidos, a los que se creían que habían ya muerto, de los que pensaban que ya se habían ido, y no debe sorprender que haya gentes a las cuales irrita el que resucita. Por eso, señores, ayudémosnos, a fin de que todos juntos, con los jóvenes sobre todo, logremos lo antes posible desalojar ese aldeanismo de la vida intelectual española."

"¿Dónde están los jóvenes? ¿Por qué territorios intelectuales se mueven? -Se pregunta Gregorio Morán en su obra ya mencionada-. Las jóvenes generaciones de intelectuales, o de alevines de intelectuales, estaban dedicados a reconstruir a manotazos, a puñadas, a ciegas, pero no a tontas y a locas, una cultura rota. Una cultura truncada por dos guerras de las que eran seguros servidores y que los suyos, sus mayores, salvo excepciones habían ganado; la guerra civil española y luego la mundial. Incluso ésta, que en términos exactos cabría decir que la habían perdido los suyos, el Eje, sin embargo cada día que sobrevivían aumentaba la sensación de que también empezaban a ganarla"

"Un afortunado zigzagueo de la historia permitía que poco a poco se fueran desplazando desde el banco de los derrotados, donde habían sentado ¡y de qué modo! sus posaderas, hasta el estrado de los vencedores. De denunciados a denunciadores. Condecorados supervivientes de dos guerras, lo que con el tiempo habría de dar al régimen de Franco una especie de garantía de invulnerabilidad."

"(..) esa singularidad del paisaje cultural de España en la segunda mitad de los cuarenta, la autarquía intelectual. Es el proceso que Ortega y Gasset bautiza en febrero de 1.949 como "tibetanismo". Sin saberlo, España tomaba ejemplo en un país exótico llamado Tibet (*)."

"La ironía del término tenía su dosis de sarcásmo orteguiano porque remitía al aislamineto del Tibet, con sus míticas montañas y su difícil acceso, pero también al peso de lo religioso, al carácter teocrártico de una sociedad atrasada regida por monjes, en la que poder religioso y poder político, sacerdotes y gobernantes, se mezclaban superponiendo las tareas de la Iglesia y del Estado. Como en el lejano y montañoso`país asiático también aquí venían muy de tarde en tarde ilustres visitantes intelectuales que eran recibidos con los rituales de rigor y a los que se rogaba alguna prez en honor del pequeño país asiático."

"En lo que no había paralelismo posible era respecto al pacifismo que simboliza el Tibet y la agresividad que caracterizaba al conjunto de la vida española de la época. La cultura, muy especialmene,. No hay que cansarse de repetir que, dadas las prácticas totalitarias del régimen, la autonomía de la cultura, por más relativa que sea siempre, estaba fuera de lugar. La cultura, o era oficial o no era, y no porque los creadores adquirieran precisamente la condición de portavoces del régimen, ni mucho menos, sino porque el régimen necesitaba usar de todo lo que se producía para fortalecerse, para autentificarse."

(*) La expresión figura en "La idea de principio en Leibniz", cuando escribe refiriéndose al momento histórico en que Newton publica sus "Principia Mathemática (1.687): Es el momento en que todas las minorías europeas -salvo la Península Ibérica, que sigue recluída en el "tibetanismo" contraído durante el reinado de Felipe IV- forman una sola colectividad..."

Muchos años más tarde, con ocasión del centenario del nacimiento de Ortega, Federico Sopeña, quien fuera capellán falangista y furibundo apostólico en favor de la conversión del filósofo, escribía ya desengañado de fanatismos: "En los tiempos del nuncio Antoniutti... se intentó poner la obra de Ortega en el Índice de Libros Prohibidos; el padre Ramírez (dominico y ex director del Instituto de Filosofía del CSIC) era el encargado de fichar las imaginarias herejías....". Esto está dicho en 1.983, cuando Antoniutti ya había fallecido y el padre Ramírez dando ortigas... pero los que hicieron los informes para el Santo Oficio ¿dónde estarán? ¿en qué cátedra darán lecciones? ¿O se habrán encontrado todos en el cielo?

En los años que van desde 1.939-1.944, la intelectualidad oficial buscará referentes en Europa como Carl Schmitt, Martin Heidegger, Keyserling (en menor medida Charles Maurras, por la animosidad del Vaticano hacia él). En 1.944-5, (con la derrota inesperada de los amigos del Eje) se decidirá privilegiar el camino hacia el pasado cultural español. Para unos con un sentido lo más amplio posible, para otros el más restrictivo. Los diversos elementos ya están en el crisol desde el final de la guerra civil, incluso antes, gracias al grupo monárquico Acción Española, que tanta influencia ejercería sobre la capidisminuida inteligecia de posguerra. Lo que ocurre es que sacrlos a la luz es una necesidad acuciante. Ante el aislamiento intelectual de la España de 1.945 la respuesta va a ser "españolidad"; un remedo de imperialismo cultural que no es otra cosa que la autarquía intelectual.

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A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VII)

 

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"La más dura de todas las cartas pastorales fue la de Gomá (*), entonces obispo de Tarazona, si bien pasó bastante desapercibida por el tono teológico del documento y por la insignificancia de aquella diócesis. En cambio tuvo graves consecuencias la del cardenal primado de Toledo, Pedro Segura, del... ¡1 de mayo! (la República "nació" el 14 de abril) dirigida no solo a sus diocesianos sino a todos los obispos y fieles de España entera, en la que invitando prácticamente a las movilizaciones masivas promulgaba una cruzada de preces y sacrifícios les pedía "no sólo oraciones privadas por las necesidades de la Patria, sino actos solemnes de culto, preces, peregrinaciones de penitencia y utilizando los medios tradicionalmente usados en la Iglesia para impetrar la divina misericordia". Al mismo tiempo, con una impudencia provocativa en aquellos días de entusiasmo popular por la República, hacía el elogio de la monarquía, del bien que esa institución había procurado a la Iglesia y de la persona de Alfonso XIII (que lo había sacado de una parroquia de las Hurdes y lo había encumbrado hasta la más alta dignidad eclesiástica de España):

"(..) Los católicos, particularmente, no podemos olvidar que, por espacio de muchos años, la Iglesia e instituciones hoy desaparecidas (en referencia a la Monarquïa) convivieron juntas, aunque sin confundirse y absorverse, y que de su acción coordinada nacieron beneficios inmensos que la historia imparcial tiene escritos en sus páginas con letras de oro"

"Para Segura, el momento cumbre del reinado de Alfonso XIII habría sido la consagración de España al Sagrado Corazón, ante el monumento en el Cerro de los Ángeles. Después de haber recordado con nostalgia los favores de la monarquía a la Iglesia, parece dar ya por hecho que la República la perseguirá, y proclama el derecho a defenderse.

"(..) Su pastoral contra la República fue ampliamente divulgada y causó tal indignación en el gobierno provisional que inmediátamente exigió del Vaticano su remoción. (..) el propio prelado se marchó a Roma, espontáneamente (según la versión dada por una nota oficial del gobierno) o (según fuentes eclesiásticas) presionado por las autoridades civiles, que le habían hecho saber que no respondían de su integridad física. El católico Miguel Maura, ministro de la Gobernación (..) se le quitó un perso de encima el día que el secretario del nuncio y don Ángel Herrera aparecieron en su despacho y le pidieron un pasaporte para Segura, que había decidido salir de España. Al día siguiente lo tenía listo y salía por Irún hacia Roma (**). Pero poco después, el 11 de junio, la policía de fronteras comunicaba a Maura que el primado había entrado por Roncesvalles, sin avisar, pero legalmente, ya que tenía su pasaporte en regla. Tres días estuvo loca la policía tratando de localizarlo. (..) Maura esperaba inquieto por dónde y cómo repaparecería el hombre (..) que se hallaba en las casa del cura de Pastrana (Guadalajara), desde donde había convocado una reunión de párrocos en Guadalajara. Maura, sin consultar al resto del gobierno, asumió la responsabilñidad de expulsarlo. La foto del cardenal primado saliendo del convento de los Paúles de Guadalajara rodeado de policías y guardias civiles no ha dejado desde entonces de exhibirse como prueba de la persecución de la República contra la Iglesia.

"(..) a Maura le tocó también expulsar al obispo Múgica, de la diócesis de Vitoria (..) el prelado se disponía a cursar una visita pastoral a Bilbao, donde carlistas y nacionalistas (éstos entonces formaban frente común con los demás católicos y las derechas, al contrario de lo que harían en 1.936) habían organizado una manifestación con banderas y emblemas, y por su parte elementos obreros y republicanos se organizaban para impedir el acto. Maura pidió al obispo que desconvocase la asamblea, Múgica se negó y el ministro le expulsó. (..) durante la República lo expulsó un ministro católico, y durantte la cruzada volvió a expulsarlo un general masón, Cabanellas.

"Añadida a estas dos expulsiones la quema de conventos del 11 de mayo (en la que el gobierno, según confesión del propio ministro de la Gobernación, pecó de falta de energía, pero de la que en ningún caso fue instigador, ni mucho menos autor) (***), los enemigos de la República ya tenían argumentos para persuadir a los católicos de que la República está persiguiendo a la Iglesia"

Parece, según Hilari Raguer, que alguna diferencia hay sobre lo que sostiene Moa. Y me pregunto yo: ¿Cómo es posible que tras el Evangelio en el que dice sustentarse el imaginario de la Iglesia Católica, el Humanismo y la Ilustración, no alcancemos aún a comprender que un sistema basado en insoportables desigualdades sociales es moralmente perverso y políticamente inestable? ¿Nos sentimos éticamente capaces de condenar como"delincuentes" a los esclavos que se revelaban en las plantaciones americanas contra sus colonos y cometían contra ellos todo tipo de tropelías? ¿Es que hemos plantado ya tantos árboles de injusticias a nuestro alrededor que no somos capaces de ver el bosque de esperanzas que se esconde tras ellos? Por lo que parece, el señor Moa no: para él, aquella turba de incultos semianalfabetos que sacaban a la luz quemando iglesias todo el odio y veneno que le había inculcado en sus conciencias el sufrimiento, las injusticias y la desesperación de un sistema criminal, no eran otra cosa que simples "delincuentes". ¡Las causas de todo ello y su posible corrección, no le importan en absoluto! O no es un "grandísimo historiador", como nos lo presenta Javier Somalo, o se trata simplemente de un reaccionario de tomo y lomo.

(*) I. Gomá, "Carta pastoral sobre los deberes de la hora presente, de 10 de mayo de 1.931, en BOE de las dióceis de Tarazona y Tudela, 1.931.

(**) Documento conservado en el Archivo Central de la Policía de Madrid, sin clasificar aún.

(***) M. Maura, "Así cayó Alfonso XIII (Ariel, Barcelona, 1.966) pp.249-264. Al no permitirle el Consejo de Ministros sacar la Guardia Civil para impedir los incendios, Maura presentó su dimisión irrevocable, de la que sólo desistió por los vehementes ruegos del nuncio, que le decía que haría un gran daño a la Iglesia si abandonaba el gobierno en aquellos momentos cruciales.

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A Vueltas con la Memoria o, Romper una Lanza en Favor de Garzón (VI.j)

 

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Segura se convirtió en una bandera de lucha que dividió, apasionó y enconó los ánimos de sus amigos y adversarios. El 13 de mayo de 1931, marchó a Roma, volviendo el 9 de junio, pero cuatro días más tarde es detenido y expulsado de España. Poco tiempo después se intervienen unos documentos al obispo de Vitoria, al ir a cruzar la frontera, por los que Segura ordenaba la venta de bienes eclesiásticos en España y el envío del producto de la venta fuera del país. Al final de todo esto intervino la Santa Sede, que se vio obligada a nombrar al obispo auxiliar de Toledo administrador apostólico "sede plena", con lo cual desautorizaba la actuación del primado y a finales de septiembre el mismo primado presentaba su dimisión, la situación desagradable la había creado él mismo. Esta renuncia fue considerada por todos como muy oportuna. Segura vivió retirado en Roma como cura modesto de pueblo. Más tarde su sucesor el cardenal Gomá -el promotor de la Carta conjunta de los obispos contra la República, y el mismo que bendecía los cañones y entregaba dinero para armar a los rebeldes sublevados-, haría lo posible para restablecer al cardenal, nombrándole arzobispo de Sevilla en 1937.

El abad de Xátiva, Arturo Climent Bonafé, sostiene: "Pero según la opinión de la gente más sensata, el comportamiento del cardenal había sido poco prudente, porque marchó de España por su propia iniciativa, queriendo dar la impresión de que se le había expulsado y facilitando al Gobierno el deseo de no volver a verle en España; según la opinión de Vicente Carcel, el cardenal se marchó de España cuando podía haberse quedado y regresó cuando hubiera sido más oportuno que esperase hasta el final de las elecciones. Y quien sufrió las consecuencias fue la Iglesia."

Por otro lado, el líder del Partido Republicano Radical Socialista, por aquella época ministro de Instrucción Pública, Marcelino Domingo, declararía: «Tal vez el gran daño para la Iglesia fue, en esta hora propicia, tener, en la más alta dignidad nacional, al Arzobispo Dr. Segura, inteligencia roma, corazón resentido, alma de guerrillero fanático, espíritu más dispuesto para acaudillar una partida en las guerras carlistas del siglo XIX que para orientar una gran comunidad en la paz que prometía esta transformación política del siglo XX. Cuando no había sonado un tiro en España ni lanzado una piedra y todo eran manifestaciones de alegría, una Pastoral agresiva, violenta, retadora del Cardenal Segura, vino a demostrar, que, si la República no se había puesto frente a la Iglesia, la Iglesia se ponía frente la República».

Repito lo que he dicho antes: nada justifica las quemas de iglesias ni el ataque a los católicos. Pero, decídme, ¿Hay justificación alguna para que esa Iglesia y esos católicos colaboren a mantener un sistema en el que unos pocos vivan como auténticos príncipes mientras la mayoría muere literalmente de hambre? Demos la vuelta a la tortilla. Pensemos en lo que sentiría un campesino al ver que su trabajo de sol a sol no es suficiente para alimentar a su numerosa familia en la que los más pequeños mueren sistemáticamente de enfermedades o de miseria mientras que el señorito, dueño del latifundio, organiza saraos en su cortijo y envía a la pareja de la guardia civil para que vigilen que no le roben unos pocos kilos de aceitunas o le maten una gallina. Si no somos capaces de comprender lo que esto significa tampoco comprenderemos lo que nos dijo Miguel Hernández con su "Niño yuntero" o con su "Nanas de la cebolla"; ni tampoco entenderemos lo que quiso decir Francisco Cambó (*) al sentenciar: "Teniendo en cuenta las circunstancias que atraviesa la nación, lo más conservador que se puede ser es ser revolucionario."; ni muchísimo menos, la advertencia de Sagasta: "Cuando en un pueblo se cierran las puertas de la justicia, se abren las de la revolución."

Por si todo lo visto no ayudase suficientemente a clarificar los hechos, escuchémos ahora la voz de un hombre de la Iglesia, un hombre de la Iglesia que por ser parte interesada podría arrimar el ascua a su sardina pero que por ser realmente un historiador objetivo, a diferencia de los presentes en el programa, mantiene una opinión diferente. El dominico Hilari Raguer, en su obra "La pólvora y el incienso", nos explica lo siguiente sobre el origen del enfrentamiento entre la Iglesia y la República:

"El de Barcelona (Obispo), Irrutia, publicó una carta pastoral de tono apocalíptico, como si la caída de la monarquía fuera casi anuncio del fin del mundo; nada de compartir el optimismo con las grandes masas españolas, y más aún en su diócisis habían recibido el cambio, sino que todo eran consideraciones sobre la gravedad del momento y exhortaciones a no desfallecer en la prueba, siempre confiando en el Sagrado Corazón. En términos del más puro integrismo, como un éco del "Viva Cristo Rey" de Ramón Nocedal, decía a los sacerdotes: "Recordad que sois ministros de un Rey que no puede abdicar, porque su realeza le es substancial y si abdicara se destruiría así mismo, siendo inmortal; sois ministros de un Rey que no puede ser destronado, porque no subió al trono por votos de los hombres, sino por derecho propio, por título de herencia y de conquista. Ni los hombres le pusieron la corona, ni los hombres se la quitarán."

(*) Cambó en el "Boletín de Información", citado por Burgos Mazo, "Páginas históricas de 1.917", p.109.

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