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Habiendo dejado acotado este pasaje sobre la censura franquista y que no parece preocuparles en absoluto a los presentes en la tertulia, dedicaré unas lineas a Zubiri.

"Gacias a "Escorial" -nos informa Gregorio Morán-, esa generación que se promete arrolladora de los Laín, Tovar y compañía, descubren al auténtico filósofo, al pensador que llevan buscando y que respondía mejor a sus inquietudes que cualquier otro: Xabier Zubiri. A Partir de Escorial las corrientes falangistas más dinámicas, sin renegar de Ortega y Gasset, simplemente pasándolo a un segundo plano, se hicieron zubirianas.. dato constatable en varios textos de la época no sólo del propio Laín, sino de Javier G. Conde y otros. Zubiri fue una revelación fascinadora, porque unía a su sólida formación filosófica una fe religiosa no menos profunda; a los estudiosos de su personalidad toca saber si era auténtica o impostada. Lo cierto es que al margen quedaba el laicismo orteguiano y su leve "Dios a la vista".

"Xabier Zubiri aparece en Escorial ya en su segundo número -diciembre de 1.940-, con un texto largo, "Sócrates y la sabiduría griega", que habría de publicarse en dos entregas. En agosto del siguiente año vuelve a aparecer en la revista otro escrito suyo: "Ciencia y realidad". Conociendo la minuciosidad y la demora del filósofo en la publicación de sus reflexioens, resulta aún´más chocante que en 1.942, en el número de septiembre, Zibiri reaparezca con otra lección: "Grecia y la pervivencia del pasado filosófico".

"Está fuera de duda que Zubiri tenía especial interés en exibirse vinculado al grupo falangista de Escorial, al que le unían relaciones personales y que había de ser durante muchos años el que le facilitaría la labor. Exactamente lo contrario de lo que sucedería con los católicos integristas, quienes renegarían reiteradamente de él durante los años cuarenta para convertirse luego en sus devotos.

"El descubrimiento de Zubiri por el grupo falangista de Escorial -también podría interpretarse al reves: el hallazgo del grupo Escorial por Zubiri-, les dejó deslumbrados. Provoca un encantamiento tal, que alcanzará también a su vecina, Revista de Estudios Políticos, el núcleo teórico del falangismo, lo que va a facilitar su asentamiento del filósofo en Madrid desde el verano de 1.942. Aquí impartirá sus lecciones durante tres décadas a grupos reducidísimos de interesados por la metafísica, teólogos y diletantes de la filosofía. Su primer domicilio en el Madrid de 1.942 será la casa de Pedro Laín Entralgo.

Cuando Xabier Zubiri vuelve a Madrid tiene cuarenta y cuatro años, y es un jesuita que ha conseguido la entonces dificilísima dispensa del Vaticano para casarse, y para hacerlo nada menos que con la hija del historiador exiliado Américo Castro. Hasta la guerra civil el jesuita Zubiri se había considerado un discípulo de Ortega, lo que no quiere decir lo mismo que ser orteguiano. Un radical como Ortega y Gasset -quizás en lo único que fue radical hasta el fin fue en su laicismo-, sentía cierta prevención hacia los jóvenes colegas que habían estudiado tanto tiempo en los seminarios como en las universidades. Zubiri pasa la guerra en Roma primero y luego en París, vinculado por supuesto a las legaciones de la España llamada "Nacional".

"A su vuelta a España, apenas terminada la guerra, el obispo de Madrid, Eijo Garay (que sería procurador en las Cortes franquistas), considera que dada su condición de ex jesuita no puede residir ni ejercer la docencia en aquellas diócesis donde le habían conocido como eclesiástico, es decir, Madrid y San Sebastán. Ha de marchrar entonces a la Universidad de Barcelona, donde imparte dos cursos -1940-4-, pero según escribe su protector, Laín, "el clima de la ciudad no le era favorable", sin precisar si se trataba del meteorológico o el social. Volvió Zubiri a Madrid. Las gestioes de los falangistas Javier G. Conde y el propio Laín dieron el resultado que éste expone en sus "Memorias": "Ibáñez Martín (ministro de Educación) (tuvo una) actitud evasivo-negativa a dos peticiones mías consecutivas para que se ofreciera a Zubiri su reingreso en la cátedra de la que desde 1.926 era propietario y titular, la de historia de la filosofía en la Universidad Central, y que se utulice su inmenso saber en el Instituto de Filosofía del naciente Consejo Superior de Investigaciones Científicas".

"La Iglesia española y su representante en la tierra, el ministro Ibáñez Martín, que no hacía nada que pudiera no ser interpretado como aprobación del Espíritu Santo, obligarían a Zubiri a encaminar sus pasos hacia los cursos privados selectivos, en detrimento de la vida universitaria. Pero eso es otra historia que se iniciará a partir de 1.945.

"La década de los cincuenta conocerá un dominio zubiriano en detrimento, claro está, de la impronta orteguiana. La filosofía en España, a comienzos de la década, entre el puñado de notables que dirigen las cosas de la teoría y la práctica política, tiene un nombre de respeto, Xabier Zubiri. Ortega es la frivolidad, Zubiri es el rigor. En un principio solo para hombres, mujeres abstenerse; una prueba más de la ruptura con el mundano hábito orteguiano de las señoras con sombrero. Además resulta una experiencia cercana al seminario genuino, casi conventual. Tres docenas de cabezas, máximo, entragadas al delirio zubiriano. El curso del otoño de 1.951 hasta el verano del año siguiente, semana tras semana, tiene por tema algo que forma parte de la inquietud de cada cual desde el instante mismo de la primera comunión. Parece obvio que nadie sin la primera comunión hecha hubiera tenido intención de asistir entonces a un cursillo de Zubiri. Trataba sobre "Cuerpo y alma".

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