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"La más dura de todas las cartas pastorales fue la de Gomá (*), entonces obispo de Tarazona, si bien pasó bastante desapercibida por el tono teológico del documento y por la insignificancia de aquella diócesis. En cambio tuvo graves consecuencias la del cardenal primado de Toledo, Pedro Segura, del... ¡1 de mayo! (la República "nació" el 14 de abril) dirigida no solo a sus diocesianos sino a todos los obispos y fieles de España entera, en la que invitando prácticamente a las movilizaciones masivas promulgaba una cruzada de preces y sacrifícios les pedía "no sólo oraciones privadas por las necesidades de la Patria, sino actos solemnes de culto, preces, peregrinaciones de penitencia y utilizando los medios tradicionalmente usados en la Iglesia para impetrar la divina misericordia". Al mismo tiempo, con una impudencia provocativa en aquellos días de entusiasmo popular por la República, hacía el elogio de la monarquía, del bien que esa institución había procurado a la Iglesia y de la persona de Alfonso XIII (que lo había sacado de una parroquia de las Hurdes y lo había encumbrado hasta la más alta dignidad eclesiástica de España):
"(..) Los católicos, particularmente, no podemos olvidar que, por espacio de muchos años, la Iglesia e instituciones hoy desaparecidas (en referencia a la Monarquïa) convivieron juntas, aunque sin confundirse y absorverse, y que de su acción coordinada nacieron beneficios inmensos que la historia imparcial tiene escritos en sus páginas con letras de oro"
"Para Segura, el momento cumbre del reinado de Alfonso XIII habría sido la consagración de España al Sagrado Corazón, ante el monumento en el Cerro de los Ángeles. Después de haber recordado con nostalgia los favores de la monarquía a la Iglesia, parece dar ya por hecho que la República la perseguirá, y proclama el derecho a defenderse.
"(..) Su pastoral contra la República fue ampliamente divulgada y causó tal indignación en el gobierno provisional que inmediátamente exigió del Vaticano su remoción. (..) el propio prelado se marchó a Roma, espontáneamente (según la versión dada por una nota oficial del gobierno) o (según fuentes eclesiásticas) presionado por las autoridades civiles, que le habían hecho saber que no respondían de su integridad física. El católico Miguel Maura, ministro de la Gobernación (..) se le quitó un perso de encima el día que el secretario del nuncio y don Ángel Herrera aparecieron en su despacho y le pidieron un pasaporte para Segura, que había decidido salir de España. Al día siguiente lo tenía listo y salía por Irún hacia Roma (**). Pero poco después, el 11 de junio, la policía de fronteras comunicaba a Maura que el primado había entrado por Roncesvalles, sin avisar, pero legalmente, ya que tenía su pasaporte en regla. Tres días estuvo loca la policía tratando de localizarlo. (..) Maura esperaba inquieto por dónde y cómo repaparecería el hombre (..) que se hallaba en las casa del cura de Pastrana (Guadalajara), desde donde había convocado una reunión de párrocos en Guadalajara. Maura, sin consultar al resto del gobierno, asumió la responsabilñidad de expulsarlo. La foto del cardenal primado saliendo del convento de los Paúles de Guadalajara rodeado de policías y guardias civiles no ha dejado desde entonces de exhibirse como prueba de la persecución de la República contra la Iglesia.
"(..) a Maura le tocó también expulsar al obispo Múgica, de la diócesis de Vitoria (..) el prelado se disponía a cursar una visita pastoral a Bilbao, donde carlistas y nacionalistas (éstos entonces formaban frente común con los demás católicos y las derechas, al contrario de lo que harían en 1.936) habían organizado una manifestación con banderas y emblemas, y por su parte elementos obreros y republicanos se organizaban para impedir el acto. Maura pidió al obispo que desconvocase la asamblea, Múgica se negó y el ministro le expulsó. (..) durante la República lo expulsó un ministro católico, y durantte la cruzada volvió a expulsarlo un general masón, Cabanellas.
"Añadida a estas dos expulsiones la quema de conventos del 11 de mayo (en la que el gobierno, según confesión del propio ministro de la Gobernación, pecó de falta de energía, pero de la que en ningún caso fue instigador, ni mucho menos autor) (***), los enemigos de la República ya tenían argumentos para persuadir a los católicos de que la República está persiguiendo a la Iglesia"
Parece, según Hilari Raguer, que alguna diferencia hay sobre lo que sostiene Moa. Y me pregunto yo: ¿Cómo es posible que tras el Evangelio en el que dice sustentarse el imaginario de la Iglesia Católica, el Humanismo y la Ilustración, no alcancemos aún a comprender que un sistema basado en insoportables desigualdades sociales es moralmente perverso y políticamente inestable? ¿Nos sentimos éticamente capaces de condenar como"delincuentes" a los esclavos que se revelaban en las plantaciones americanas contra sus colonos y cometían contra ellos todo tipo de tropelías? ¿Es que hemos plantado ya tantos árboles de injusticias a nuestro alrededor que no somos capaces de ver el bosque de esperanzas que se esconde tras ellos? Por lo que parece, el señor Moa no: para él, aquella turba de incultos semianalfabetos que sacaban a la luz quemando iglesias todo el odio y veneno que le había inculcado en sus conciencias el sufrimiento, las injusticias y la desesperación de un sistema criminal, no eran otra cosa que simples "delincuentes". ¡Las causas de todo ello y su posible corrección, no le importan en absoluto! O no es un "grandísimo historiador", como nos lo presenta Javier Somalo, o se trata simplemente de un reaccionario de tomo y lomo.
(*) I. Gomá, "Carta pastoral sobre los deberes de la hora presente, de 10 de mayo de 1.931, en BOE de las dióceis de Tarazona y Tudela, 1.931.
(**) Documento conservado en el Archivo Central de la Policía de Madrid, sin clasificar aún.
(***) M. Maura, "Así cayó Alfonso XIII (Ariel, Barcelona, 1.966) pp.249-264. Al no permitirle el Consejo de Ministros sacar la Guardia Civil para impedir los incendios, Maura presentó su dimisión irrevocable, de la que sólo desistió por los vehementes ruegos del nuncio, que le decía que haría un gran daño a la Iglesia si abandonaba el gobierno en aquellos momentos cruciales.
(..)







un abrazo amigo.
Como siempre amigo , paso por tu espacio a dejarte un saludo
un abrazo José
Un abrazo, amigo pepe,
Que tengas una buena semana.
Buenas noches, Rosana,
Un abrazo también para tí.