Si, en mi anterior post me confesaba mudo y dejaba que hablaran por mi las imágenes para demostrar documentalmente que el franquismo sociológico impregna a una gran parte de la sociedad española hasta el tuétano, hoy recurriré a la palabra para denunciar el tratamiento que siempre tuvo en España lo sucedido durante la República, la guerra civil y posterior dictadura, y que no es otra cosa que la consecuencia directa de lo anterior. Y que es precisamente allí, en el particular imaginario de ese colectivo del pueblo español donde hay que buscar la razón última de lo ocurrido al juez Garzón, ya que de esos polvos nos vienen estos lodos.

Puede que los hechos ocurridos al juez de la Audiencia Nacional -aunque lo dudo mucho-, aclaren la mente y limpien la visión de los más ingenuos, de los tibios, de aquellos que aún siguen creyéndose el cuento de la "pacífica y modélica transición" y que los españoles "hemos cerrados las heridas"; de los que se confiesan republicanos y al mismo tiempo "juancarlistas"; en fin, de los que piensan que viven en una auténtica democracia. ¡Y un cuerno! Aquí lo único que hubo fue una monumental estafa organizada por el tardo-franquismo que evolucionó adaptándose a los nuevos tiempos, y la aquiescencia de una izquierda tan ingenua entonces como ahora al imaginar que se puede pactar con la derecha española sin que sea traicionada como pago. Una izquierda que fue incapaz de marcar el orden de la agenda política y siempre se encontró siguiendo los pasos que le señalaban desde el gobierno de esa derecha pos-franquista de Suárez -falangista travestido como "gran embaucador"-, que, al fin y a la postre, era quien tenía el poder político, el control de la Televisión, de los medios de información escrita más importantes, y la fuerza coercitiva de la represión policial. Y también -no se olvide-, todo el miedo y toda la carga propagandística ideológica que cuarenta años de dictadura había depositado como espeso sedimento en la población española.

Por ello no hubo ruptura con el Régimen y la apuesta política de futuro se cimentó en el paso del tiempo -ese que acaba modificando la realidad de las hechos históricos- y la desaparición física de los testigos de la historia, con lo que se conseguía alcanzar una paz que se pretendía definitiva siempre, claro, que se aceptasen los presupuestos manifestados durante décadas por los vencedores de la sublevación militar. Lo políticamente correcto consistió en repetir una y otra vez los mismos tópicos del franquismo y por ello no resulta extraño que la televisión española - supuéstamente independiente y objetiva, durante el también supuesto gobierno de izquierda del PSOE del tandem González-Guerra- al recordar el cincuentenario del fin de la guerra en 1.989 -¡21 años previos a la defenestración de Garzón!, a tenerlo en cuenta- nos regalase con estas dos perlas informativas que muestran toda su carga ideológica en las palabras del locutor y en las imágenes que nos muestra; al mismo tiempo que transmiten el mensaje políticamente correcto de que la guerra es algo muy malo -lo que nadie pone en duda ¡faltaría más!- y que no se debe repetir, que ambos "bandos" comparten la responsabilidad de ella y que, con la Transición, se han saldado las deudas con el pasado y "cerrado las heridas".

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Ya, en este primer video se puede observar la intención del mismo cuando la presentadora se decanta por un juicio de valor interesado ya que, si bien la guerra permanece en la memoria de todos, es una falacia -como se está viendo hoy día- que sea cierto eso de que "las heridas están cicatrizadas", y no pueden estarlo porque, al igual que ocurre con las heridas físicas, si se cierran en falso no puede haber curación posible. No menos interesada resulta ser esa afirmación de "aquel horror que nadie supo evitar", pues habría bastado que los militares golpistas hubieran permanecido en sus cuarteles leales al juramento dado a la República para evitarlo, pero como veremos a los largo de estos videos la idea matriz es la de equiparar las responsabilidades de "aquel horror" a los dos bandos enfrentados en la lucha, los leales y los rebeldes. Eso de que, tan malos -o, tan buenos- fueron unos como otros.

Por otra parte, si los jóvenes "apenas pueden esbozar una idea de lo ocurrido", o si los niños "no tienen idea de ello", se debía, entre otras cosas, a los cuarenta años de dictadura sumado al tiempo transcurrido desde la desaparición del dictador en el que, ni en un caso ni en otro recibieron una información veraz de lo sucedido. Aunque aquellos niños de entonces, transformados en nietos adultos hoy día, son los que están indagando en la búsqueda de la verdad y reclamando la justicia que se le negó a sus abuelos y a sus padres. Y lo hacen así porque afortunadamente, ellos ya no tienen el miedo que atenazó a sus mayores y sí la libertad de expresión que a éstos les robaron.

Está muy bien eso de recordar la represión de los vencedores -por otra parte es algo que ni ellos mismos puedieron negar- pero el hacer énfasis en la autocrítica realizada por muchos españoles leales a la República que consideraron "como inevitable" el golpe militar dirigido por Franco ante la "ingenuidad política" de los ocho años del gobierno republicano, así como la discusión en el "reparto de responsabilidades" que a cada uno de las fuerzas de izquierda le correspondió, es pasarse un poco de la raya e ir más allá de la delgada línea roja de la objetividad histórica e informativa. La mayoría de los españoles del exilio republicano lo único que deseaban era poder sobrevivir al hambre, al frío y a la miseria de los campos de concentración franceses y, en cuanto a los del interior, el librarse de las diarias ejecuciones dictadas en los consejos de guerra sumarísimos proporcionados por la "justicia franquista". En cuanto a la ingenuidad,.... ¡ la de aquellos que creímos que "muerto el perro, se acabó la rabia"!

Como no podía ser de otra forma, los personajes que desfilan por el video nos aclara a la perfección el interés del mismo. Inicia la serie el comunista Líster, que viene muy bien para señalar la división existente entre los republicanos, algo que ya se confirma al hablar de la búsqueda entre ellos de responsabilidades a la hora de la derrota. Y no es que no la hubiera, que la hubo, pero el fracaso militar de la República no fue debido tan solo a ello.

Le sigue el censor, franquista convencido y revisionista histórico Ricardo de la Cierva, que nos cuenta uno de esos tópicos políticamente correctos consistente en decirnos que "fue una tragedia que afectó por igual a las Dos Españas". Dos décadas más tarde de estas palabra podemos confirmar sin equivocarnos que a una de las Dos Españas -la de los vencidos, la de los leales, la de los miles de desaparecidos en fosas comunes, la de los niños secuestrados, la del exilio, etc., etc.-, aún le sigue afectando las consecuencias de la tragedia, mientras que a la otra -la de los vencedores, como veremos en los siguiente personajes que aparecen en el video-, supieron encontrar en ella el éxito personal y político y el "disfrute de su victoria", disfrute que se manifiesta en sus palabras aún en el tardío año de 1.989, -50 años más tarde del fin de la guerra, viviendo en supuesta democracia, y "con las heridas cerradas"-, y que aún pervive en nuestros días.

Tuñón de Lara -con toda la autoridad moral que avala su compromiso ideológico y su exilio- cae en esa ingenuidad ética que acompaña siempre al intelectual de izquierda y, si bien es cierta esa obviedad de que "la guerra la perdieron todos", no es menos cierto lo que le dijo aquel muchacho de que la guerra "la perdieron los pobres". ¡Todas las guerras -las políticas y las económicas- siempre acaban por perderla los pobres!

Como bien nos recuerda el locutor, no debe quedar en este país espacio para el rencor, pero para que así sea, tampoco "debajo de las piedras" deben permanecer los restos de decenas de miles de republicanos asesinados y desaparecidos. Desde luego que para los vencedores no hubo debate posible, ¡ellos estaban instalados en "la verdad"! Ellos, y sus descendiente. Si no, veamos lo que nos dice Utrera Molina y Suevos:

¡Manda huevos -como diría Trillo-, que, en 1.989, se recurra a José Antonio como argumento para reclamar la convivencia entre los españoles! Pero claro, el ex-ministro franquista, el suegro de nuestro alcalde Gallardón, jamás -ni entonces ni aún ahora-, ha dejado de profesar su fe ni en José Antonio ni en Franco. ¡Que los republicanos reconozcan sus errores y sus culpas, y que olviden el pasado! Todo es exigible a ellos en pos de la convivencia pacífica, pero que los "nacionales" hagan otro tanto, ¡eso no! ¡a ellos les asistía la razón!

Pero para este miembro fundador de la Fundación Nacional Francisco Franco, que no se avergüenza de posar ante los medios y las cámaras junto a una gran fotografía de Franco y acompañado por la bandera "del aguilucho", el recordarnos al jefe del fascismo español, cuyos discursos estaban cargados de violencia y cuyos partidarios dentro de la Falange fueron el brazo ejecutor de la criminal represión franquista, no representa ningún demérito. Al contrario, significa ¡todo un orgullo!

No menos orgulloso de su pasado se muestra Suevos al recordarnos que ellos, "los del 18 de Julio", "hicieron todo lo posible para la reconciliación". Que abrieron los brazos a todos los españoles; "a todos, ¡claro!, que no tuvieran delitos de sangre". ¡Él y los suyos, "los del 18 de Julio", tienen las manos inmaculadas!

Recuerdo, que éstas palabras las dijo Suevos,.... ¡en 1.989! Y la razón se encuentra en la realidad de la radiografía socio-política española a 24 años de la muerte del sátrapa. Por ello, tal vez sea conveniente saber quién era éste señor cuyo atildamiento en el vestir y su bigotito representan la más clara imagen del maduro franquista español.

Jesús Suevos pertenecía al círculo más próximo a José Antonio y fue el fundador de la Falange en Galicia. Tras su participación en la guerra y la consecución del Nuevo Estado fue consejero nacional y procurador en las Cortes franquistas creadas en 1.942 -aquellas Cortes en las que todo quedaba aprobado por aclamación-, y dentro del organigrama del Movimiento (soporte político-ideológico-represor del primer franquismo y de origen fascista) desempeñó altos cargos en su Junta Política, en la Falange Exterior -ésta última, suprimida en 1.945 tras la derrota del amigo nazi y los nuevos vientos que soplaban en Europa-, y en su Servicio de Información (los servicios policíacos de Falange).

Si las palabras de Utrera Molina en éste video no dejan de ser una sorpresa, teniendo en cuenta que en el mismo -supuéstamente- se pretende la eliminación de agravios y se aboga por la convivencia pacífica entre todos los españoles, la de éste falangista "inasequible al desaliento" -según la propia terminología falangista-, Jesús Suevos, parece totalmente fuera de lugar a no ser que sean la confirmación de que la Transición no fue otra cosa que una maniobra política de alto calado creada por el tardo-franquismo para controlar el futuro político que se produjo en España tras la desaparición del dictador Franco, y la constatación, en 1.989, de que, efectivamente, "todo quedó atado y bien atado".

De la clarividencia de este tipo de personajes, por otra parte, tan abundantes durante la dictadura franquista, pueden dar fe las siguientes palabras suyas publicadas en el diario Arriba el 12-6-1.962:

"En América la sociedad civil está masonizada a fondo y los católicos, salvo raras excepciones, se pronuncian y colocan en términos y actitudes que exhalan un inevitable tufillo masónico. Y es natural que sea así, pues quienes transitan por el establo acaban por oler a estiércol".

¡Sin más comentarios! Veamos ahora lo que nos cuenta el otro video: