Gila, el humorista inteligente y humano, nos deja su recuerdo carcelario y esos años perdidos estúpidamente -desde los 17 a los 27- que confirman que la guerra no trató igual a unos que a otros. Al menos, considera que aquellos tres años de lucha durante la guerra tuvieron su significado y justificación ideológica. ¡Gracias, maestro!
Luego, el locutor nos vuelve a hablar de la memoria, y la señora Manola Masipica se presta a ello. Nos cuenta su tragedia personal ocasionada "por los rojos". La sigue en la narración la señora Filomena Roldán y aunque no se observa nota alguna que sirva para identificar a cual de los dos "bandos" pertenece, uno piensa que se trata del de "los rojos", ya que si no sería demasiado evidente la parcialidad del programa. En todo caso, el mismo abunda en esa idea matriz de que ambos bandos enfrentados sufrieron por igual y ambos son corresponsables en la tragedia. Aunque, tal vez para uno de ellos, "fuera inevitable", tal como nos decía el narrador en el desarrollo del primer video.
¡Con la Iglesia hemos topado! anunciaba a Sancho don Quijote. Y la Iglesia -como no podía ser menos cuando hablamos de política en España- aparece ante nosotros. Monseñor Iniesta reconoce que la Iglesia española no fue especialmente caritativa con los vencidos en la guerra pero, inmediátamente, nos recuerda la persecución de que fue objeto la misma. Nadie puede negar que ésta ocurriese ni sus gravísimas consecuencias, pero tampoco sería desdeñable que se reconociesen los múltiples "pecados" de la Iglesia ante, durante y después de la guerra, y el no nímio número de víctimas que éstos pecados de intolerancia, de venganza, o de clasismo filo-fascista causaron entre los republicanos.
Monseñor Iniesta parece no recordar la Pastoral del cardenal Segura que contradice lo expresado por él mismo sobre el espíritu con el que la Iglesia acogió la instauración de la República y que supuso la yesca que originó los incendios en las iglesias durante el mes de mayo de 1.931. Pero, claro, tampoco parece dar importancia a ese nacional-catolicismo que llevó a los príncipes de la Iglesia a colaborar íntimamente con el Régimen, desde las Cortes hasta la más mísera de las aldeas patrias sin olvidarse de realizar el obsceno saludo fascista. Aunque, como no podía ser de otra forma, monseñor nos daba en 1.989 una bonita lección de "perdón mutuo" al recordarnos la Ley de Amnistía de 1.977.
Lástima que aún hoy, en 2.010, el Vaticano siga discriminando entre unos y otros a la hora de elegir mártires para la Iglesia, lo que pone en duda esa voluntad de perdón. En cuanto a esa ley de punto final de 1.977 ya sabemos de las recomendaciones recientes que hace la Comisión de DD HH de la ONU sobre la misma, y de la firma por parte de España de los Tratados Internacionales contra la Impunidad de los Crímenes de Lesa Humanidad.
Otro de los iconos que no podía faltar en los videos es Carrillo. La verdadera reconciliación llegó -nos dice el narrador, y con ello cumple con uno de los cometidos de los videos- cuando el PCE fue legalizado, pero no nos explica a qué precio fue eso posible. ¡Claro, que se me antoja que ni Carrillo sería capaz de reconocerlo él mismo! Y no me refiero únicamente a la renuncia de la República como sistema político para España, al reconocimiento de la Monarquía y de la bandera bicolor, sino al olvido -no quiero llamarlo traición- de aquellos miles de guerrilleros y enlaces sacrificados en una lucha imposible y condenada de antemano al fracaso; de las decenas de miles de afiliados del partido que, clandestinamente en el interior, luchaban en las fábricas, en las minas, en los campos o en las calles contra la dictadura al precio de la tortura o de la cárcel, y en no pocas ocasiones de sus propias vidas. Eso, sin contar con el que representaba para todos aquellos que dormían el sueño eterno al pie de las carreteras o junto a las tapias de los cementerios, mientras que el Comité Central del partido se debatía en estériles dialécticas en Praga, en Bucarest o tomando baños en el Mar Negro, y manifestaba su más absoluto desconocimiento de la realidad interior sobre la represión y situación de la sociedad española al planear una Huelga General que se alargaba tanto en llegar como la propia muerte de Franco.
Ramón Rubial, presidente de ese PSOE que jugó durante la Transición a sobrepasar al PCE por la izquierda, que se mostró entonces fervientemente republicano para, una vez conseguido el poder, comportarse como el más leal de los súbditos. El PSOE que abría la marcha contra la base de Torrejón y acuñó el slogan de "OTAN, de entrada No", ha perdido en ese juego de la real politik algo más que ese marxismo del que se desprendió González en 1.979 durante el transcurso del 28º Congreso del Partido; y hoy, otro presidente de la Nación -perteneciente a ese partido- Zapatero, tiene que aplicar medidas contra los más débiles económicamente para intentar salir de una crisis creada por un Sistema capitalista en teoría ajeno a su imaginario, e imagino que "alucinado en colores" al contemplar cómo el partido de la oposición, el PP, -defensor a ultranza de ese neo-liberalismo causante del estrago económico global- hace campaña en defensa de los pensionistas, de los funcionarios o de los trabajadores en paro.
Pero hablaba de Rubial, y en sus palabras veo el reflejo de lo que siempre he mantenido en este blog: que fue tan grande la tragedia, y el horror de la represión y las consecuencias de la derrota alcanzaron un grado tan elevado de sufrimiento, que los propios republicanos se llegaron a cuestionar si mereció la pena el intento de modernizar el país y llevar la justicia social a su empobrecido pueblo. Entiendo las dudas del envejecido luchador, es humano que así se exprese, pero siempre merece la pena luchar contra el tirano, gracias a ello se han logrado los niveles de libertad y de bienestar que hoy disfrutamos aunque hayan costado ríos de sangre el conseguirlo.
Pero cuidado, nadie regala nada, todo se ha conseguido a base de lucha, y el desmantelamiento ideológico y el individualismo de las sociedades modernas occidentales nos está llevando a peligrosos senderos. El desprestigio de la clase política, la corrupción en las elites y las crisis económicas, junto al egoísmo y el racismo propios de la condición humana resultan ser el mejor caldo de cultivo para los Estados autoritarios o de corte filo-fascista. Ya no se hace necesario marchar "al paso de la oca" o armar divisiones Panzer, éstos sistemas han evolucionado y han aprendido de errores del pasado pero su amenaza siempre estará presente. La demagogia política, el populismo, el patrioterismo, el rechazo al extranjero, la incultura, y el miedo, son las armas con las que intentarán lograr sus fines. Pero hablemos de los videos y sobre ésto último, que cada uno, en función de su imaginario que saque sus propias consecuencias.
Rafaela Aparicio nos da la perfecta imagen de lo que se pretende. La actriz -por otra parte espléndida en su profesión- encasillada en esos papeles de criada de pocas luces intelectuales pero humana y siempre dispuesta a la ayuda del prójimo, cuadra perfectamente para expresar el pensamiento del prototipo del ciudadano medio español de cierta edad. ¡La guerra pertenece al pasado! nos da en su mensaje, ¡ya está bien de volver sobre ese tema, ahora, los jóvenes no se interesan en eso! Y puede que tenga razón, aunque quiero creer que se equivoca pues nos va en ello mucho del futuro ético e ideológico de nuestra sociedad.
Aún así, prefiero a las palabras de Rafela las de santiago Auserón -y no tan solo por ser un admirador de su creación musical- sino por lo acertado de las mismas: "hay que conservar la memoria porque hay muchas preguntas que hacerse al respecto".
Finaliza el video con unos planos que son desoladores, el más que aparente desconocimiento que nuestros universitarios y estudiantes tienen de nuestro pasado reciente y que vienen a demostrar la baja calidad de nuestro sistema educativo o, tal vez, el interés político de que éste se desconozca.. Por último, en uno de los planos se desmiente en su total amplitud la idea que pretende dar el programa: la de que el sufrimiento de las victimas de la guerra fue idéntico en los dos bandos.
En uno de los lienzos de la pared un amplio listado de nombres flanquean un pequeño altar y al escudo del águila franquista. Se corresponden con los miles de ellos -todos Mártires caídos por Dios y por la Patria, según la directriz falangista- que debían figurar en las iglesias de todos los pueblos y ciudades de España. Todos ellos están documentados, perfectamente identificados y fueron honrados en misas y homenajes como, por ejemplo, nos recuerda el diario ABC del 9 de agosto de 1.939 al referirse a uno de los nombres del lienzo, medalla Militar colectiva y del que omitiré su nombre. O de ese otro "asesinado por los rojos" al que el mismo diario recuerda el 18 de noviembre de 1.953. O, incluso, ese otro nombre asesinado en Paracuellos según nos indica César Vidal en su libro "Paracuellos-Katyn".
Los otros nombres, los de "los rojos", no merecieron tal consideración y, tanto en 1.989 como en 2.010, aún la inmensa mayoría de ellos -más de 130.000- permanecen abandonados y dados por desaparecidos en miles de fosas comunes. En ésta condiciones, ¿podemos hablar de cierre de heridas? ¿Podemos decir que la guerra supuso igual tragedia para ambos bandos? ¡Reflexionad sobre ello!







un abrazo amigo.
Un fuerte abrazo, amigo Pepe. Más tarde pasaré a hacerte una visita.