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No cabe duda de que César Vidal empieza fuerte; bueno, empieza tal y como es habitual en él y los que mantienen su línea de pensamiento; esa línea a la que me he referido como "revisionismo franquista". Esa "negación de la memoria", que de forma tan categórica señala César Vidal, me recuerda a otro negacionismo, el de aquellos que niegan el Holocausto realizado por los Nazis. Le guste a él o no, sí existe esa otra memoria -porque, al fin y a la postre, existe otra historia más allá de la oficial-, y si fuera un poco menos sectario podría comprobarlo repasando las actuaciones de ese conjunto de personas que, a título individual o en asociaciones colectivas -que, podríamos llamar para sintetizar, como Alternativa por la Memoria-, llevan años saliendo del pozo del olvido reclamando un lugar en la sociedad española actual. Se refiere para negarla, a "la memoria de una sóla de las partes", y parece interesadamente en olvidar que, durante la Dictadura, no existía opción alguna a realizar ningún tipo de reivindicación política, cualquier gesto en este sentido te llevaría a ser torturado en una comisaría de policía y a renglón seguido a la cárcel; eso en los años más "suaves" de la misma, ya que en los inmediátamente posteriores al final de la guerra, a un consejo de guerra sumarísimo y posiblemente a la muerte.

Ante esa situación la memoria permaneció en letargo, esperando salir de la sima del miedo para poder hacerse visible, y es, desde haece unos años, cuando ya -aparéntemente-, el hablar no te lleva directamente a presidio, cuando la memoria de los olvidados por la historia oficial se ha puesto en marcha. Una memoria que no arranca de 2.004, como quiere hacernos creer César Vidal, sino que estuvo siempre presente intentando sobrevivir al miedo. Una memoria que depositaba ramos de flores en las cunetas de la manera más discreta posible para evitar tener complicaciones con la guardia civil -fiel cancerbero del Régimen-, y una memoria que al desaparecer el sátrapa asesino comenzó a escarbar en los Registros Civiles e, incluso, realizó alguna que otra exhumación, siempre en la más estricta soledad, como permanentemente había vivido.

Y, es sectario, porque al mismo tiempo que niega ésta memoria, está aceptando implícitamente la otra, la oficial, la de los vencedores, por lo que toma parte a favor de ellos y pierde la imparcialidad necesaria para realizar un análisis objetivo de los hechos, algo inexcusable para todo historiador que se precie, al menos, para poder entrar en ese club selecto de los "grandísimos historiadores", tal como le calificaba a él y a sus compañeros de programa, el presentador del mismo.

Como señalaba más arriba, esta línea de pensamiento se caracteriza por un gazpacho de principios, verdades, medias-verdades y manipulaciones históricas, digno de mejor causa. Para César Vidal, tan demócrata él, que no duda en dar carta de legitimidad al golpe militar de los facciosos y posterior Dictadura franquista, olvidando que la legitimidad del poder se adquiere por el "Origen" o por el "Ejercicio", no duda un momento en negársela, tanto al PSOE, al PC, a IU e, incluso, a los nacionalistas, incurriendo con ello en un nuevo ejércicio de amnésia, ya que la legitimidad -cómo en todo sistema democrático-, de éstas formaciones políticas se la conceden sus electores. Pero, aún va algo más lejos al remover la sopa fría; sentencia que los nacionalismos, están vinculados de manera directa o indirecta a una banda de asesinos, que es la banda terrorista ETA". Vamos a ver, ¿de qué nacionalismos estamos hablando? ¿del vasco, del catalán, del gallego, o del españolista? ¿por ventura, tal vez del nacionalismo franquista, no olvidemos que se hacían llamar "los nacionales", y que su régimen fue calificado cómo nacional-catolicismo?.

Ya que nos metemos en estos berenjenales, sería prudente especificar un poco. Supongo que César Vidal se quiere referir al nacionalismo democrático vasco, ya que los otros -los democráticos de otras comunidades, por supuesto-, dudo mucho que puedan tener la más mínima relación con ETA, y, si es así, debería aportar pruebas más allá de la simple sospecha. Por otra parte, para alguien que se dice historiador, su posicionamiento ante el fenómeno nacionalista, su génesis, su historia, su lucha, así como el alba de los Estado-Nación, es de una candidez asombrosa, más aún, si se tiene en cuenta la fuerza que estos movimientos socio-políticos están teniendo en la actualidad en otras partes de Europa. Se podrá o no estar de acuerdo con ellos, pero lo que no se puede hacer es negarlos pensando que así van a desaparecer.

No deja de tener cierta razón al decir que la izquierda, tras la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del Bloque Soviético, tiene problemas. Yo, añadiría, qie está "confusa", pero para nada me atrevería a decir que se encuentre "en quiebra" y "que no tenga nada positivo que ofrecer"; y no lo haré hasta que no desaparezcan por completo los problemas estructurales de la sociedad que hicieron posible su nacimiento, es decir, los que se derivaron de la exclusiva praxis capitalista hasta mediados el siglo XIX que había creado una Europa con unas diferencias sociales inadmisibles en las que niños y mujeres se veían obligados a trabajar en las minas y la miseria se abatía sobre la clase trabajadora y campesna sin que éstas tuvieran derechos alguno. Los problemas de este Capitalismo atroz están a la vista: explotación del hombre, insuficiente redistribución de la riqueza creada, acumulación del capital, precariedad laboral, deficientes servicios sociales básicos, vulneración de los DD.HH., acaparación de los medios de producción, paraisos fiscales, corrupción política, etc., etc,; a los que habría que añadir aquellos muchos otros actuales que se derivan del mismo sistema económico y que tienen que ver con los problemas medio-ambientales, el cambio climático, la esquilmación de recursos naturales, la pobreza y hambrunas, el trabajo semi-esclavo de los menores, la explotación sexual de los mismos, y todo un larguísimo etcétera.

No, señor Vidal, el discurso de la izquierda no puede estar sin contenido mientras existan estos problema sociales, cosa muy diferente es el diagnosticar qué clase de sociedad es la que estamos ayudando a crear entre todos. ¿No será acaso, que este sistema es tan perverso que está deshumanizando al idividuo y con ello haciendo enfermar a la sociedad en su conjunto? ¿Acaso, el abandono de valores que han sido referentes en la izquierda no nos conducirá a un darwinismo social de forma irreparable?

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