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Vista esta situación de conjunto que he mostrado hasta aquí, ¿qué autoridad moral pueden alegar aquellos que critican con toda dureza a ese colectivo de españoles que inetentaba alcanzar un mejor nivel de vida enfrentándose a las fuerzas reaccionarias de los terratenientes, la Iglesia y los patronos, que únicamente deseaban matener el statu quo social? ¿E, igualmente, cómo se atreven a menospreciar el esfuerzo que estaba realizando la República -en un contexto histórico tan difícil y explosivo-, para modernizar al país, intentar corregir las diferencias sociales y, al mismo tiempo, elevar el nivel cultural de la población, si se tiene en cuenta además que las fuerzas políticas de derechas no colaboraban en absoluto en este proyecto de Estado mientras que se entregaban en cuerpo y alma a la defensa de los intereses de las clases dominantes? Resulta ser muy sencillo acusar a los procesos revolucionarios de las negativas consecuencias de orden público, daños e incluso muertes que se producen en ellos, pero deberíamos ser más justos e igualmente, denunciar las injusticias sociales que conducen a ellos. ¿Acaso la vida de los pobres no tiene el mismo valor que la de los ricos?.

El periodo de la I-GM había supuesto para la economía española, fruto de su neutralidad, la oportunidad idónea para el desarrollo del capitalismo español. El comercio exterior creció de forma significativa y pasó, de una balanza de pagos negativa durante la preguerra del orden de entre 100 y 200 millones de pesetas, a arrojar un saldo positivo de unos 500 millones durante los años del conflicto bélico. Una serie de productos, entre los que destacan los minerales y el carbón asturiano, experimentaron una gran demanda en el mercado exterior. La minería de hierro vasca vio multiplicarse por catorce su cifra de negocio, y Duro-Felguerra, en Asturias, pasó de 17.000 a 40.000 mineros, con una cifra de negocio multiplicada en 8 puntos. Otro sector que se benefició fue el naviero; la demanda de fletes provocó que, entre 1918-20, se crearan 56 nuevas navieras que obtuvieron, alguna de ellas, debido al alza en los precios de los transportes marítimos, hasta unos dividendos del orden del 500%. En términos generales puede decirse que la guerra mundial supuso una activación muy importante de la economía española. Aunqe, claro, no todo fueron bondades, sobre todo para las clases bajas. Los productos de primera necesidad buscaron los mercados exteriores lo que trajo escasez de los mismos en el interior y un alza del orden del 14%, y aunque los salarios se incrementaron, siempre fueron por detrás de los precios.

Además, se dieron dos hechos a consecuencia de la guerra: el capitalismo español aprovechó los ingresos de caja para rescatar Deuda Pública exterior, con lo que consiguió recuperar una parte de las empresas que dependían del capital extranjero, caso de los ferrocarriles y minería con lo que se conseguía nacionalizar la economía. Otro hecho destacable fue alcanzar la mayoría de edad para la banca, especialmente la vasca, que consiguió hacer pasar el centro de gravedad de la banca desde Cataluña al País Vasco. Los recursos propios de la banca española en esta época se triplicaron, los ajenos se multiplicaron por cuatro y la cartera de valores por cinco, con unos beneficios que en ocasiones sobrepasaron el 20%.

Pero claro, la guerra no duró indefinidamente y como el único interés de los capitalistas había sido la acumulación de riqueza, tan pronto acabó la misma resurgieron los problemas económicos y sociales del pasado.¡ España, o mejor dicho, sus elites, seguían siendo fieles a ellas mismas! En un país más serio, con unos políticos más capaces y unas elites económicas menos avaras o más inteligentes hubieran aprovechado los años de bonanza para realizar un intento modernizador de las estructuras económicas y de producción que crearan riqueza sostenida; sociales, que colaborasen a disminuir la enorme distancia que separaban a ricos y pobres y ayudaran a mitigar la crispación y tensión en las calles, pero como no se hizo nada de eso las consecuencias fueron pérdida del valor de la moneda, política de aranceles para proteger el mercado interno y disuadir las importaciones, y, lo más preocupante, aumento del desempleo y del conflicto social añadido y, junto a todo ello, la desastrosa aventura de una guerra colonial en el norte de África. Pasaban los años pero los Pirineos continuaban separando Europa de África. Esa fue la España tercermundista que tras el periodo dictatorial de Primo de Rivera y el posterior hundimiento de la monarquía, causado por sus propios y numerosos errores, heredó la República.

Veamos, a continuación, la línea de pensamiento que mantiene el franquismo sociológico actual en boca de algunos de sus apóstoles más conspícuos, que se han puesto un tanto nerviosos y afilan sus uñas para el ataque a raíz de la puesta en marcha del proceso tendente, tras la pasada Dictadura y todo el tiempo transcurrido desde la muerte del criminal dictador hasta ahora, a recuperar esa memoria histórica de nuestro país que ha sido manipulada y obligada a mantenerse en el olvido, y que ahora ya puede salir a la luz a través de la Ley de la Memoria Histórica::

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