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Esa situación llevó a la ruina a los agricultores que dependían del mercado, especialmente del mercado de exportación, salvo en los casos en que pudieron volver a refugiarse en una producción de subsistencia, último reducto del campesino. Brasil se convirtió en la ilustración perfecta del despilfarro del capitalismo y de la profundidad de la crisis, con sus plantaciones que intentaban desesperadamente impedir el hundimiento de los precios quemando café en lugar de carbón en sus locomotoras de los trenes.

Para quienes por definición, no poseían control o acceso a los medios de producción, es decir, para los hombres y mujeres que trabajaban a cambio de un salario, la principal consecuencioa de la Depresión fue el desempleo en una escala inimaginada y sin precedentes, y por mucho más tiempo del que nadie hubiera pensado. En los momentos peores de la crisis (1.932-33), los índices de paro se situaron en el 22-23% en Gran Bretaña y Bélgica, el 24% en Suecia, el 27% en EE.UU., el 29% en Austria, el 31% en Noruega, el 32% en Dinamarca y en no menos del 44% en Alemania. Nadie podía recordar una catástrofe económica de esa magnitud en la vida de los trabajadores. Lo que hizo más dramática la situación fue que los sistemas públicos de seguridad social (incuído el subsidio de desempleo) no existían, en el caso de los EE.UU,. o eran extraordinariamente deficientes. Incluso en el país donde los seguros de desempleo estaban más desarrollados antes de la Depresión (Gran Bretaña), no alcanzaban ni siquiera al 60% de la población trabajadora, y ello porque desde 1.920 Gran Bretaña se había visto obligada a tomar medida contra un desempleo generalizado. En los demás países de Europa (excepto en Alermania, donde más del 40% tenía derecho a percibir un seguro de paro) la proporción de los trabajadores protegidos en ese apartado oscilaba entre el 0 y el 25%. Aquellos que se habían acostumbrado a trabajar intermitentemente o a atravesar por periodos de desempleo cíclico comenzaron a sentirse desesperados cuando, una vez hubieron gastado sus pequeños ahorros y agotado el crédito en las tiendas de alimentos, veían imposible encontra un trabajo.

La imagen dominante en la época era la de los comedores de beneficencia y la de los ejércitos de desempleados que desde los centros fabriles donde el acero y los barcos habían dejado de fabricarse convergían hacia las capitales para denuncia a losque creían reponsables de la situación. Por su parte, los políticos eran conscientes de que el 85% de los afiliados al Partido Comunista alemán, que durante los años de la Depresión y en los meses anteriores a la subida de Hitler al poder creció casi tan deprisa como el partido nazi, eran desempleados.

En un momentop en el que la economía mundial disminuyó el 60% en cuatro años (1929-32), los estados comenzaron a levantar barreras cada vez mayores para proteger sus mercados nacionales y sus monedas frente a los ciclos económicos mundiales, aun sabedores de que eso significaba desmantelar el sistema mundial de comercio multilateral en el que, según creían, debía sustentarse la prosperidad del mundo. En pocas palabras, la Depresión desterró el liberalismo económico durante medio siglo.

Un hecho subrayaba el trauma derivado de la Gran Depresión: el único país que había rechazado el Capitalismo, la Unión Soviética, parecía inmune a sus consecuencias. Mientras el resto del mundo, o al menos el capitalismo liberal occidental, se sumía en el estancamiento, la URSS estaba inmersa en un proceso de industrialización generalizada, con la aplicación de los planes quinquenales. Entre 1.929-40, la producción industrial se incrementó al menos por tres en La Unión Soviética, cuya participación en la producción mundial de productos manufacturados pasó del 5% en 1.929 al 18% en 1.938, .mientras que en el mismo periodo la cuota conjunta de EE.UU, Gran Bretaña y Francia dsiminuyó del 59 al 52% del total mundial. Además, en la Unión Soviética no había desempleo. Lo que, no sólamente producía preocupación entre los políticos de la derecha en la Europa democrática, sino que también suponía el espejo a donde dirigir la mirada una gran mayoría de la masa obrera que a duras penas podía subsistir en sus respectivos países. Los efectos de ésta dinámica trajeron dos consecuencias: movimientos obreros violentísimos, huelgas y manifestaciones de un cariz prerrevolucionario, represión policial y asesinatos, y por otra parte, la aparición de sistemas fascistas totalitarios auspiciados por un gran capital temeroso de la deriva a la que estaba llevando el conflicto social. Igualmente, en aquellos países más "civilizados", un posicionamiento político más pragmático que siguiendo la línea de pensamiento keynesiana, propugnaba la doble bondad (política y social), de un sistema que, colaborando a garantizar salarios dignos a los obreros, ayudaría al consumo, lo que beneficiaría a la sociedad en su conjunto. Así mismo, se admitía que la lucha contra el desempleo garantizaría la paz social y evitaría las explosivas situaciones que se habían estado viviendo últimamente. Ejemplo de esto último fue que, los EE.UU., aprobasen en 1.935 su ley de seguridad social

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