NOTA: ¡Sangre! ¡Sangre y más sangre! ¡Sangre española, y siempre sangre de los mismos!... Del pueblo fecundo sacrificado en el ara de los intereses de los banqueros y finacieros capitalistas que veían en el hierro del Rif cómo aumentar su patrimonio.... De los más míseros, ya que los hijos de los ricos encontraba medios legales para escapar a aquella inútil sangría hecha en nombre de un colonialismo pueblerino que buscaba en el norte de África encontrar la senda perdida en Cuba y Filipinas por un Imperio de segundo orden... De los humildes -que, como sostenía Napier en la " Historia de la guerra contra Napoleón en la Península Ibérica", todo está podrido en España menos el corazón de la gente pobre-, impedidos para enfrentarse a los caprichos de su "Rey Soldado", Alfoso XIII, y su Ejército corrupto e incompetente que fue incapaz de socorrer a sus compañeros de armas sitiados en Monte Arruit -distante de Melilla tan solo 25 kilómetros-, condenándoles por ello a la muerte tras el desastre provocado por ellos mismos y su impericia.

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La Reforma del Ejército -que hasta la fecha no era otra cosa que una institución mal estructurada -según José Ramón Alonso, "al final del siglo XIX el Ejército español estaba formado por 499 generales, cerca de 600 coroneles y 24.000 jefes y oficiales para 80.000 soldados, lo que da una proporción oficial-soldado de uno a tres"-, mal armada y peor entrenada, manifiestamente ineficaz como se había demostrado en la Guerra de Marruecos -el experto en Historia Militar, Geoffrey Regan, cuando expone y describe una docena de casos de manifiesta incompetencia militar en acciones bélicas de todos los tiempos, no duda en incluir entre ellas la actuación española en Annual-. Tal vez aquí fuera necesario detenerse para demostrar lo que fue la Guerra Colonial en Marruecos y los interrses que defendía, así como lo justificado que fue la decisión de Azaña tendente a la reforma del Ejército dada la sitación en la que éste se encontraba, pero, aunque taparía muchas bocas prestas a culpabilizar a la República por cualquier cosa, haría interminable esta exposición, por lo que continuaremos presentando algunas de sus muchas carencias: un Ejército mordido por el gusano de la corrupción, además de ser un pozo sin fondo en el que su presupuesto iba destinado, en su mayor parte, al abono de los salarios de los Generales y mandos de más alta graduación mientras la tropa vivía en la mayor de las miserias y abandono.

La tercera gran reforma que se intentó llevar a cabo fue la religiosa; aunque antes de abordar este tema tal vez sería bueno el recordar lo que manifestó José Castillejo sobre la situación religiosa en España: "Los anarquistas han destruido muchas iglesias, pero el clero había destruido antes a la Iglesia". ¡Alguna razón esconderían estas palabras!

Según el pensamiento moderno podríamos definir al lacismo como un movimiento político tendente a la separación entre el Estado y la Iglesia (recuérdese que la secular imbricación entre el Poder Terrenal y el Poder Papal se institucionaliza desde la coronación de Carlo Magno como Emperador por el Papa León III en el siglo IX) que se inicia durante el Renacimiento humanista, se refuerza durante la Ilustración y adquiere su mayoría de edad al advenimiento de la Revolución Francesa. Pues bien, algo tan "terrible y peligrosamente revolucionario" fue los que pretendió la República al promulgar en la Constitución de 1.931 los artículos 26 y 27 que hacían referencia a la Iglesia y a la libertad de conciencia, aunque dada la situación hegemónica que ocupaba la Iglesia católica en aquel tiempo dentro de la sociedad española ¡puede que sí, ciertamente fuese revolucionario! Y si alguien tiene la menor duda de lo que ha representado siempre el poder fáctico de la Iglesia en la socedad española, que repase la actuación de la misma durante el periodo del último gobierno del PSOE en España; de la actitud de la Conferencia Episcopal y de las manifestaciones -orales y físicas en la calle-, de su portavoz oficial y de algunos de sus obispos. ¡Para ellos, como se dirá más tarde, el tiempo se detuvo en la época de Lutero!