HIJOS DE LAS CÁRCELES FRANQUISTAS

por Teresa Cendrós y Francesc Valls / publicado en El País

Las cosas empeoraron en la posguerra. Las cárceles de mujeres comenzaron a albergar niños en sus celdas. Las condiciones de salud eran infrahumanas.
El Estado y sobre todo la Iglesia, a través de internados, eran las dos patas sobre las que se poyaba la vuelta a la sociedad de los hijos de los presos republicanos. En la madrileña cárcel de Ventas, en los años cuarenta, que tenía una capacidad para 500 reclusas, había más de 5.000. Y los hijos vivían con ellas. En 1942 estaban tutelados por el Estado en centros religiosos y establecimientos públicos 9.050 niños y niñas. Al año siguiente, la cifra ascendió a 12.042. La guerra civil dejó una España sembrada de cadáveres y miseria. La posguerra no fue mejor. Las prisiones tenían internos que no figuraban en los registros: los hijos de las encarceladas republicanas. Nadie sabe cuántos fueron, ni qué sucedía cuando llegaban, con suerte, a cumplir los seis años y a salir de prisión. La Iglesia y el Estado se encargaban de su 'reeducación'. A muchos les cambiaron los apellidos, mientras emprendían el camino del seminario o de la adopción por familias católicas y 'adictas al régimen'.
"Hija mía! ¡No me la quiten! Por compasión, no me la roben. ¡Que la maten conmigo! ¡Me la quiero llevar al otro mundo! ¡No quiero dejar a mi hija con esos verdugos!". Fray Gumersindo de Estella describe así los gritos que el 22 de septiembre de 1937 se oyeron en la cárcel de Torrero (Zaragoza) antes del fusilamiento, entre otros detenidos republicanos, de Selina Casas -de la que se decía que era la mujer de un anarquista llamado Durruti- y Margarita Navascués. "Las di la absolución y, antes de que el teniente descargara los tiros de gracia, me alejé de aquel lugar caminando como un autómata", prosigue el relato. El historiador Julián Casanova, que ha sacado a la luz los escalofriantes diarios del citado fraile capuchino, agrega que dos monjas se llevaron a las hijas de las fusiladas a la casa de la maternidad.
¿Cuál fue el destino de los hijos de los hombres y mujeres represaliados por el franquismo? ¿Qué papel jugó la Iglesia? ¿Cuántos fueron dados en adopción? ¿Cómo trató el régimen del 18 de julio a esos "hijos de débiles mentales"?, tal como los definía el psiquiatra militar Antonio Vallejo Nágera, autor de "Eugenesia de la hispanidad". Muchas de estas preguntas tienen difícil respuesta. No hay datos de qué sucedió en las cárceles con los hijos de las presas que permanecían con sus madres hasta los tres o los seis años. El hecho de que las familias estuvieran divididas, en las cárceles o en el exilio, la desaparición por fusilamiento de la madre o que la presencia de niños en las prisiones no constara en ningún registro son impedimentos que convierten los testimonios personales en elementos de excepcional importancia.
"Una serie de disposiciones legales de los años 1940 y 1941 propiciaban que los padres de los niños que ingresaran en el Auxilio Social perdieran la patria potestad, que pasaba al Estado; también facilitaba el cambio de apellidos siempre y cuando la familia adoptante fuera profundamente católica y adicta al regimen", afirma el historiador Ricard Vinyes, asesor del documental de la televisión catalana TV-3 "Els nens perduts del franquismo" (Los niños perdidos del franquismo), fruto del trabajo de un año, recientemente emitido por el canal autonómico y que ha causado gran impacto social en Cataluña.
El Estado y sobre todo la Iglesia, a través de internados, eran las dos patas sobre las que se apoyaba la vuelta a la sociedad de los hijos de presos republicanos en la España católica y triunfante del 18 de julio.
Algunos de esos niños eran dados en adopción, otros emprendían carrera como seminaristas. El objetivo era cortar cualquier conexión con el pasado.
PEQUEÑOS REPATRIADOS La preocupación del régimen por los hijos de los republicanos se plasmó en las colonias infantiles en el extranjero. El Servicio Exterior de Falange puso especial énfasis en repatriar a esos niños y niñas, muchas veces con su familia desaparecida, y de los que el avance de las tropas alemanas en Europa facilitó el retorno masivo. Así, de los 17.489 evacuados a Francia por la República, 12.831 fueron repatriados; en Bélgica, la cifra de retornados fue de 3.798 de los 5.130 niños españoles que habían sido evacuados. En total, de 32.037 niños enviados por sus padres al exterior regresaron 20.266, según datos que ha recopilado Ricard Viny

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