Gumersindo ya tiene prólogo
El decreto de la Jefatura de Estado del 16 de noviembre de 1938 establecía que «en los muros de cada parroquia figurara una inscripción que contenga los nombres de sus caídos ya en la presente cruzada, ya víctimas de la revolución marxista». Y todas acabaron comenzando con el nombre de José Antonio. Los otros muertos sencillamente no existían. La consagración definitiva de la memoria de la cruzada llegó con las construcción del monumento del Valle de los Caídos, «el panteón glorioso de los héroes» en boca de su apologeta fray Justo Pérez de Urbel e inaugurado el 1 de abril de 1959. «Se trataba de unir bajo el mismo concepto de persecución religiosa todo lo sucedido en España desde 1931 a 1939, señalando a la República como principal causante de instigadora de la violencia clerical. La Iglesia no soportó la República, ‘ese sistema de representación parlamentaria, de legislación anticlerical, de presión popular, en la que los valores católicos ya no eran hegemónico'».
Hoy somos muchos quienes creemos que la Iglesia católica española, la Iglesia de la Cruzada, la de Franco, la de la venganza, la de hoy, debería pedir perdón por bendecir y apoyar aquella masacre, porque examinando la Iglesia de Franco su pasado tiene muy poco de ejemplar, salvo que el cura cristiano siga queriendo ser el ministro de la muerte, como aquel requeté que daba los tiros de gracia en aquella madrugada del 21 de octubre del 36 en «la Tejería» de Monreal, es decir, el coadjutor de la parroquia de Murchante Luis Fernández Magaña.
Y esto a pesar de que hasta el 1 de enero de 2000 el difunto papa polaco, Juan Pablo II, había beatificado a 239 mártires de la cruzada española. Sí, Pavelic murió en España bajo la protección de Franco y el mismo Juan Pablo II, en octubre de 1998, elevó a Stepinac a la categoría de beato. ¿Extraño? Después y todo hoy sabemos que en el Vaticano encontraron refugio y huida, entre otros, gentes como Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, el doctor Joseph Mengele, el ángel de la muerte de Auschwitz, el inventor de la cámara de gas portátil el general de la SS Walter Rauff, Gustav Wagner comandante del campo de concentración de Soribibor, Stangl comandante del campo de concentración de Treblinka, Pavelic y Adolf Eichmann, por citar tan sólo a algunos conocidos criminales.
* Mikel Arizaleta. Traductor







Pues... leeremos también sobre los maestros. Porque este vasco que escribe lo hace muy a la cara por lo que veo.
No obstante en tanto que nos lo pones, yo te desviaré hacia un enlace que seguro sabrás apreciarlo. Este es el enlace:
http://es.wikipedia.org/wiki/Amado_Hern%C3%A1ndez_Pascual
un abrazo amigo
Okonkwo,
Gracias por tu enlace. Desde que lo he visitado ando dándole vueltas a la memoria, el dato del esperanto me hace recordar que sabía de la historia de Amado pero no consigo cordarme de en qué cirunstancias. Como ves, la edad hace estragos.
Salud, y República.
Amigo Pepe,
Igualmente, te agradezco la visita.
Un fuerte abrazo.