Arturo del Villar

UCR

13 de Enero de 2010

Por si no fuera bastante ridículo celebrar el año santo compostelano, el 10 de enero se ha abierto el año santo caravaqueño. La Iglesia catolicorromana asegura que en Compostela se conservan los restos del apóstol Santiago y dos de sus discípulos, y que en Caravaca de la Cruz se guarda un trozo del madero sobre el que fue crucificado Jesucristo. Dado que la evidencia histórica desmiente la veracidad de tales reliquias, los clérigos aducen intervenciones milagrosas para justificar su creencia, contra las que no cabe raciocinio que oponer. Se tiene fe o sentido común.

Estas supersticiones prosperaron durante la Edad Media, junto a los casos de brujería, apariciones, milagrismos y demás bulos lanzados por los clérigos para mantener al pueblo sometido a sus designios. El comercio de reliquias supuestamente traídas de lugares remotos fue muy próspero. Lo absurdo es que en el siglo XXI se continúe proponiendo su carácter sagrado, y el Gobierno llamado socialista lo avale.

Yo he visto en la llamada cámara santa de la catedral de Oviedo, previo pago de la entrada, como es natural, objetos tan aberrantes como éstos: una pluma desprendida de las alas del ángel Gabriel cuando anunció a la virgen María que iba a ser madre; un peine con cabellos de la misma virgen; un paño con manchas que dicen ser de leche caída de los pechos de la citada, cuando daba de mamar al niño Jesús; unos pañales con caquitas del mismo niño; un diente de leche del mismo; una sandalia que se le cayó al profeta Elías cuando fue arrebatado a los cielos; un huevo puesto por el Espíritu Santo en su forma de paloma, y no pude ver más porque un iracundo canónigo me expulsó del santo lugar, y se negó a devolverme el dinero pagado.

La Edad Media está considerada una época de oscurantismo en Europa, momento aprovechado por la Iglesia romana para dominar las conciencias de las gentes, y exterminar a los pueblos razonadores, como los albigenses y los valdenses, en un genocidio sistemático por el que nunca ha rendido cuentas hasta ahora. Fue la época en la que se consolidaron los reinos, al atribuirles origen divino: el rey lo es por la gracia de Dios, y no por los órganos sexuales de sus padres. En consecuencia, el desprestigio de las monarquías fue paralelo al de la Iglesia catolicorromana.

Pero en España continuamos rindiendo culto a las reliquias, y por eso este año es bisanto, con dos lugares a los que peregrinar para ganar indulgencias. Y tenemos un rey que lleva el apelativo de católico, gracias a una especial concesión hecha a Isabel y Fernando y sus sucesores por su santidad (así se denomina a los papas) Alejandro VI, el más vil de los seres humanos de su tiempo, que ni merecía el calificativo de ser humano siquiera. Se la otorgó en 1496, cuatro años después del que marcan los historiadores como final oficial de la Edad Media, pero en el reino de España la Edad Media no había concluido todavía. Y no lo ha hecho aún.

Por eso es posible que nos rija un rey católico, que se celebre un año bisanto, y que los ministros acudan a ganar el jubileo. Y este reino medieval preside la Unión Europea este semestre bisanto. ¿En qué siglo vivimos? ¿De verdad somos europeos?

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Arturo del Villar es Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio