"Monarquía, Estado e Iglesía, una entente blasfema"
Julián Zubieta MartínezA lo largo de la construcción histórica europea, Monarquía e Iglesia han porfiado por el derecho divino del poder. Luego, más tarde, se les sumo el Estado. Desde la coronación, en Aquisgran, de Carlomagno por medio del papa León III, se selló institucionalmente, otra vez, la alianza entre dos poderes que se hacían sombra.
Rojo y Negro 6 de Enero de 2010
Este acto paradigmático, donde política y diplomacia garantizan la pragmática imposición del derecho divino al poder terrenal nos enseña, sin disimulos, los intereses camaleónicos de las dos fuerzas, su transformismo, para mantenerse en las cumbres del poder. La uniformidad de este episodio ha sido una constante en el espacio geopolítico europeo, puesto que la continuidad de su doctrina (entendida según el Littré, como : "el conjunto de dogmas, bien religiosos, bien filosóficos, que dirigen a un hombre en la interpretación de los hechos, y en la dirección de su conducta") llevó a la Monarquía, a aceptar una legislación que, como le insinuaba la Iglesia, a veces, no podía regularse por las leyes humanas. A este efecto, Marsilio de Padua afirmaba que : "hay actos de los que no se puede probar que hayan sido o no realizados por los hombres y que, sin embargo, no pueden ocultarse a Dios", marcando la esencia católica, en aquel tiempo, de la Monarquía.
Esta dual entente proclama la negación radical de la Iglesia a aceptar la diversidad de los pueblos que componían el espacio geopolítico del continente europeo, observando consigo la universalidad total, aceptada por la monarquía imperialista, que desembocó en la versión dominante del otro componente de la entente blasfema : el Estado. El efecto nivelador de esta doctrina totalitaria, germen de los totalitarismos y fascismos de los siglos venideros, ha afectado en el comportamiento y en el lenguaje de las viejas culturas que conformaban el suelo del continente. Las opciones políticas, impuestas mediante la represión y la violencia, no coincidían con las elecciones existenciales de los pueblos anteriormente asentados. Se ofrecía la nueva culturización mediante un renovado modelo de inculturización vertical, olvidándose de los valores espirituales, de los mundos dialectales y lingüísticos diversos e enriquecedores que construían un espacio de relaciones plural, entre sociedades diferentes y con intereses divergentes.
Fue Hobbes el que rechazó el recurso de lo sobrenatural, negando la existencia de ideas innatas, insistiendo en la importancia de las definiciones, los signos y el lenguaje. Es el racionalismo antiaristotélico de su Leviatán, donde en el capítulo "El reino de las tinieblas" denuncia la utilización de la demonología, los exorcismos y el temor al diablo, y de los beneficios que de todo ello obtiene el clero. La ansiedad humana se encuentra en el origen de la religión aceptada y utilizada por la monarquía, y viceversa. Hobbes, considera que la sociedad política no es un hecho natural, sino que la soberanía está basada en un contrato, pero no entre el soberano y los súbditos, sino entre individuos que deciden darse a un soberano. El contrato, lejos de limitar la soberanía, la funda. Así, el Estado aparece como una persona, que pregona la suma de intereses en búsqueda de la felicidad, donde, según él, hay que fundamentar la vida, originando la controversia entre lo eclesiástico y lo civil ; Hobbes, nos dice : "Ninguna autoridad espiritual puede oponerse al Estado. Nadie puede servir a dos señores. El soberano es el órgano no sólo del Estado, sino también de la Iglesia". De esta forma se encuentran afirmados el poder y, también, la unidad del Estado. Estas ideas son el protocolo del absolutismo, de la entente, entre Monarquía, Estado e Iglesia.
Esta es una de las pinceladas entre las muchas que podemos encontrar, no sólo en el continente europeo, donde advertimos que estos tres segmentos de la sociedad se adaptan mutando sin escrúpulos, injuriando y blasfemando contra la sociedad a la que someten, sino en casi todas las civilizaciones. Sus componentes tratan de mantenerse en el Poder y utilizan la astucia cuando no disponen de la fuerza necesaria, raramente ocasional. Tras la Paz de Wesfalia, se inicia un nuevo orden que engarzaba las tres piedras preciosas de la entente, en la joya dorada del poder ; los católicos cedieron a las religiones propias de cada frontera (la reforma protestante les obligó, igual que el anglicalismo), la razón de estado francesa imponía el esbozo de un nuevo modelo legislativo y los pequeños estados perdieron su identidad, absorbidos por las culturas mayoritarias. Las monarquías de los Habsburgo, Borbón, Austrias, Tudor, Orleans...los diferentes papados y los nuevos conceptos de Estado -totalitarios, fascistas, democráticos...-, camparon a sus anchas por el suelo europeo, guerreando por diferentes motivos, con un objetivo común : la permanencia en el poder.







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