Pero donde ABC roza el encanallamiento profesional y personal es cuando cae en la bajeza moral de escribir "se trataba de provocar el drama, de provocar algo sonado después de los repetidos fracasos de Madrid y Barcelona. Quiza de lograr alguna victima inocente que poder exibir luego a modo de símbolo publicitario. Y los provocadores tuvieron éxito. Su triunfo se cifra en dos muertos y en un centenar de heridos, algunos de ellos muy graves.". Hay que ser de una pasta muy especial para escribir esto, hay que ser muy retorcido para acusar -más aún, conociendo de primera mano lo ocurrido-, a un conjunto de ciudadanos que, a lo sumo, las únicas armas que podían enfrentar a unas fuerzas policiales perfectamente pertrechadas con armas de fuego y otros medios antidistúrbios, eran sus manos desnudas. Unas fuerzas policiales que hoy, a través de sus propias comunicaciones de radio internas, sabemos de su acción provocadora, violentísima y desproporcionada.

Uno, que supo en su día de esos y otros graves incidentes con las Fuerzas de Orden, que vivió aquellos años de espectativas políticas y movimientos ciudadanos y que conoce ahora los resultados políticos alcanzados -que no son otra cosa que la traición a la sociedad viva y reivindicativa de entonces, tan alejada de la acomodatícia y apática de hoy-, se malicia que todo lo acontecido en aquellos años claves para el futuro político del país se enmarcaban dentro de un mismo plan en el que colaboraban todos los que habían tenido que ver en el mantenimiento y disfrute de la Dictadura -incluyendo, por supuesto, a los medios de comunicación-, y que esperaban continuar disfrutando de su cuota de poder, ya fuese político, social o económico, tras la desaparición física de Franco y la inevitable evolución política de España.

Una evolución que ellos deseaban controlada, por lo que había que atemorizar a aquél segmento más reivindicativo de la población que salía multitudinariamente a la calle reclamando Democracia y Libertad -el mejor medio para controlar a la población es el miedo-, a través de la infiltración de elementos provocadores policiales en las manifestaciones con ánimo de reventarlas y que finalizasen en algaradas que hicieran necesaria la intevención de los antidistúrbios, el permanente "ruído de sables" que se decía existía en los cuarteles, con militares siempre dispuestos a la involución, o a exagerar interesadamente la fuerza y el peligro del "Bunker" cuando, en realidad, éste estaba formado exclusivamente por un puñado de nostálgicos descerebrados sin otro poder que el recurso al atentado personal, como en el caso de los asesinatos de los abogados laboralistas de la calle Atocha de Madrid en 1.977 ; a través de autoatentados con explosivos de baja intensidad realizados por la misma policía o los Servicios de Seguridad, o la participación de los mismos en actos confusos como el ocurrido en Monte Jurra en 1.976; a través del descabezamiento de cualquier movimiento obrero que pudiera significar un riesgo de lucha obrera en el futuro, por ello la campaña de desacreditación de la CNT que culminaría en 1.978 con el caso Scala de Barcelona, y por ello, tal vez, la brutal y criminal represión de Vitoria; a través de la criminización de todo lo que tuviera que ver con el movimiento Comunista y el Partido Comunista de España, ya que éste, en aquél momento, representaba ser la fuerza política con más fuerza específica, más numerosa y con el "pedigree" de haber sido la que con más ahinco había combatido a la Dictadura, por ello, la legalización tan sólo la pudo alcanzar a dos meses de las primeras elecciones y con posteridad a los demás partidos (Se dio la paradoja de que se legalizaron partidos de extremaderecha y filofascistas participantes en el golpe militar de 1.936 pero no partidos de la izquierda radical).

 

En cualquier caso, hay una frase de la editorial de ABC que resulta ser acertada, aquella que señala "y las lágrimas no deben impedirnos ver la realidad". Efectivamente, algunos derramamos lágrimas y hoy conocemos la realidad que trajo toda aquella efervescencia política. Hoy sabemos que ni el PCE ni el PSOE, los dos únicos partidos políticos que pudieron plantarle cara al tardo-franquismo y a su proyecto de control de la evolución democrática del país estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellos y por esa razón tenemos hoy una Monarquía a cuya cabeza se encuentra un rey que juró los Principios Fundamentales del Movimiento correspondientes a la Dictadura franquista, pero no la Constitución española; una Constitución claramente antidemocrática en no pocos de sus artículos; una Transición política calificada propagandísticamente como pacífica y modélica cuando, en realidad, costó la vida a más de cien ciudadanos que reclamaban la recuperación de las libertades tras años de tinieblas y opresión, multitud de heridos y apaleaminetos por cargas policiales y no pocas torturas en las cárcels y comisarias; también sabemos que la prensa de hoy, y por extensión los medios de comunicación, al igual que ayer, tan sólo son una correa de propaganda política y un medio de acción en defensa de los intereses económicos de las empresas de comunicación.

Como sabemos muy bien que gracias a la forma en la que se desarrolló la Transición, hoy, dos dinosaurios franquistas como Fraga Iribarne y Martín Villa, a quienes hemos tenido oportunidad de ver en los videos expuestos, continúan aún viviendo de una u otra forma de papá Estado tras sus muchos años de "servicios" prestados.

Por todo lo dicho, leído y visto en esta serie de posts, nos arrogamos nuestro justificado derecho a gritar junto a Lluís: "¡Asesinos! ¡Asesinos! Asesinos de razones, asesinos de vidas, que nunca, nunca tengáis reposo a lo largo de vuestros días y que en la muerte os persigan nuestras memorias".