¿Cómo calificar la editorial de ABC que vimos en el anterior post y que no es otra cosa que el pensamiento ideológico mantenido por uno de los medios de comunicación más importante y leído del país y, por tanto, guía informativa y reflejo, al mismo tiempo, de un segmento no despreciable en número de la población española de aquellos tiempos?

¿Cómo, este mismo diario, que no hace mucho en este blog decía "apostar por la vida" al mismo tiempo que lanzaba sus dardos en contra de un gobierno plénamente democrático -en cuanto que ha surgido, sin entrar en otras consideraciones de más calado, a través de unas elecciones generales-, y que pretende, adecuándose a la sociedad actual, dar respuesta al controvertido, nunca fácil y delicado tema del aborto, se alíneaba entonces claramente en la defensa del atidemocrático gobierno de Arias Navarro, de su ministro de Gobernación Fraga Iribarne y del Jefe de Estado, Juan Carlos, impuesto a dedo por el mismísimo Franco? ¿Por servilismo o por ideología o, tal vez, por ámbas cosas a la vez? Sea un caso u otro, la repuesta dice muy poco a favor de la ética profesional y de la moral de aquellos que dirigían los caminos de ABC.

Pero, si en conjunto, la editorial ya de por sí es suficientemente preocupante por lo que revela, resulta ser de naturaleza vomitiva al analizarla en sus partes. ¿Qué referencia moral puede aducir ABC para arrogarse el derecho de denunciar que "Con el dolor no se aprende. Sólo se sufre. Con la sangre, con la violencia, no se arregla nada", o cuando sentencia "En Vitoria se ha ensayado la destrucción del Estado, la destrucción de la sociedad, del país también". ¿Acaso no fue ABC y el imaginario que hay tras el diario, acaso no fueron las fuerzas fácticas monárquicas, religiosas y ultraconservadoras a quien se dirige su línea editorial e informativa las que iniciaron su conspiración contra la II República española a partir del 14 de abril de 1.931 y culminaron con un golpe militar sangriento en 1.936 importándoles muy poco, además de lo ya señalado, que, con él (la sublevación militar), "El terror se adueñó (...) de las calles (...).Y con él, la vesanía, el odio de quienes no buscan sino el estallido, la destruccion de cualquier tipo de evolución, de cualquier sistema que busque o tenga la democracia en sus estructuras". ¿Acaso no fueron los militares rebeldes tras su victoria en la guerra civil los que contribuyeron a "la destrucción del Estado" e implantaron una dictadura totalitaria y facistóide oponiéndola a una república que procuraba "la evolución" y "búsqueda" de "estructuras democráticas" para España? ABC, a fuerza de haber estado más de cuarenta años sirviendo los intereses de esa rebelión golpista parece haber olvidado todo esto; o lo sabe, y manifiesta tener muy poca vergüenza.

La misma desvergüenza muestra el diario madrileño cuando califica de "agitadores experimentados", "elementos interesados", "grupos clandestinos", "asambleas informales" para referirse a unos obreros, familiares y simpatizantes que solidariamente buscaban la resolución de sus problemas económicos en un momento muy específico de la realidad española. Unos obreros y una sociedad alavesa en su conjunto que estaba sufriendo, por una parte, los efectos de la crisis económica derivada de las consecuencias del aumento espectacular del crudo tras la guerra del Yom Kippur, una inflacción insostenible que alcanzaría ese mismo año el 22% y un paro creciente en un colectivo en el que tan sólo una mínima parte del mismo tenía derecho a recibir prestaciones por desempleo. Y, por otra, la situación de incertidumbre política que se vivía y en la que los obreros y el resto de la sociedad observaba desesperanzada que la muerte del dictador no se traducía en cambos políticos en profundidad; que el tardo-franquismo mantenía su hegemonía política y económica, que ni los partidos políticos ni los sindicatos democráticos mayoritarios (CC OO, UGT y USO) eran legalizados y, por tanto, les correspondía a ellos asumir la defensa de sus intereses laborales a través de asambleas sectoriales.

ABC conocía esta realidad, sabía que los únicos sindicatos "legales" en aquel tiempo eran los Sindicatos Verticales franquistas y sabía lo que podían esperar los obreros de ellos; como también sabía de la "cintura" escasamente dialogante del empresariado español, acostumbrado desde siempre a imponer su criterio y condiciones sobre una masa laboral a la que se le negaba, entre otras cosas, los derechos de reunión, manifestación y huelga; más aún sabía del proceder y contundencia de la Policía Armada (los Grises), y otros Cuerpos de Seguridad del Estado a través de la negativa historia en el comportamiento de los mismos para reprimir violentamente cada uno de los movimientos laborales, estudiantiles o ciudadanos que habían tenido lugar en el país. ¿Y, si sabía y conocía todo esto y más, por qué de su editorial? Por ese doble alineamiento, ideológico y servil, al que me he referido con anterioridad.