Comprobada la "honestidad informativa e imparcialidad ideológica" de que hace gala ABC a través de la lectura en sus páginas de aquella jornada de muerte y duelo que tuvo lugar en Vitoria, pasemos ahora a su "tercera" para tener la oprtunidad de releer su editorial, género periodístico por excelencia realizado generalmente por lo más selecto de la redacción y que nos servirá para constatar a través del mismo, una vez más, el imaginario que guíaba -y guía, aún-, a la empresa de comunicación que edita el diario:

Editorial: Tragedia y lección de Vitoria.

En Vitoria, unos 6.000 obreros llevaban parados, en conflictos con sus empresas, cerca de dos meses. En Vitoria se sucedían las asambleas informales. En Vitoria, un alto cargo de la Policia, consciente de la situación se ofreció no hace aún dos semanas, a servir personalmente de intermediario entre obreros y patronos, proponiendo, además, la celebración de una samblea conjunta. En Vitoria, elementos interesados buscaron la radicalización de las posturas, el choque, la prueba de fuerza. La propuesta de coinciliación no fue aceptada. Agitadores experimentados continuaron con su labor. La Diputación Foral en su llamamiento a los alaveses, decía textualmente dias pasados: "No podemos estar dispuestos a que se convierta nuestra tierra en banco de pruebas o campo experimental".

Al cabo en Vitoria, los grupos clandestinos de siempre convocaron a una huega general, a una "jornada de lucha", además. Se trataba de provocar el drama, de provocar algo sonado despues de los repetidos fracasos de Madrid y Barcelona. Quiza de lograr alguna victima inocente que poder exibir luego a modo de símbolo publicitario. Y los provocadores tuvieron éxito. Su triunfo se cifra en dos muertos y en un centenar de heridos, algunos de ellos muy graves.

Al Cabo, en Vitoria, ha surgido la tragedia, la muerte. Barricadas en las calles, "cocteles Molotov" contra los guardias. El terror se adueñó yer de las calles de la capital alavesa.Y con él, la vesanía, el odio de quienes no buscan sino el estallido, la destruccion de cualquier tipo de evolución, de cualquier sistema que busque o tenga la democracia en sus estructuras.

Con el dolor no se aprende. Sólo se sufre. Con la sangre, con la violencia, no se arregla nada. Pero junto a la tragedia, junto al dolor, junto a la muerte inútil de dos personas, junto a la violencia que no cabe ya enmascarar con reivindicaciones laborales, hay también una lección. Una lección que debe aprender España entera. Los agitadores de profesión, los hombres de la subversión para quienes cualquier desajuste, cualquier diferencia, cualquier reivindicación son susceptibles de convertirse en contundente arma de destrucción, han mostrado de una vez por todas, su auténtico rostro.

En Vitoria se ha ensayado la destrucción del Estado, la destrucción de la sociedad, del país también. Y las lágrimas no deben impedirnos ver la realidad. Ni siquiera a los propios alaveses

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