La obra del fundador no se repite. No será posible duplicar los logros de Murrow porque cuando él escribió la página estaba en blanco. En un solo día de 1938 fue el pionero de la creación de una red de reporteros en el exterior y del formato del resumen de noticias, y al mismo tiempo se reinventó a sí mismo al transformar a un joven ejecutivo en un corresponsal en el extranjero. Más tarde, en 1951, llevó a la televisión más allá de su función de portavoz de titulares de prensa y la estableció como una fuente original de noticias, no sólo como un medio que se limita a repetir historias extraídas de los periódicos. Él dotó también al periodismo electrónico de una serie de normas que lo pusieron a la altura de los mejores periódicos en cuanto a las noticias que debe cubrir y la forma de hacerlo. A partir de dos plataformas del mundo del espectáculo, él creó un espacio para la investigación y discusión seria de los asuntos públicos.

Lo más notable fue que Murrow nunca tenía miedo. Su comentarista favorito, Elmer Davis, solía decir: "No permitas que el c... te espante". Nada asustaba a Murrow: ni bombas, ni dictadores, ni generales, ni miembros del Congreso, ni patrocinadores ni ejecutivos de empresas, ni Joseph McCarthy. A él no era posible apabullarlo, acosarlo, comprarlo, corromperlo o intimidarlo. El concepto de justicia moral y de dignidad humana en general que Murrow y su equipo abrazaban le convirtieron en uno de los héroes de mayor envergadura imaginables. La verdadera razón por la que nunca volveremos a ver a alguien como Murrow es porque todo lo que le permitió ser como fue ha cambiado drásticamente. Él tuvo la ventaja de ser el modelo con el cual habrían de ser comparados todos los que vinieron después. Cuando eres el "primero" en algo tienes oportunidad de imponer muchas de tus propias reglas.

Es difícil imaginar que Murrow hubiera durado mucho en el periodismo electrónico actual porque hoy se le habría exigido que sus programas produjeran dinero. Personas que no eran empresarios comprometidos con la profesion adquirieron las cadenas en la década de 1980 cuando la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) ya no exigía que la programación fuera de servicio público. Los nuevos dueños, preocupados ante todo por las ganancias y por el precio de las acciones, ordenaron que las divisiones de noticias de las cadenas fueran lucrativas. No veían razón alguna por la cual la división de noticias no debiera ser un centro de ganancias monetarias, lo mismo que los estudios cinematográficos, las compañías editoriales y otros bienes de su propiedad. Cuando las noticias tienen que producir dinero, tanto su sustancia como su carácter y su apariencia tienen que cambiar. En la época del servicio público, las cadenas producían documentales. En la era del lucro, los documentales han sido sustituidos por programas tipo revista con alto contenido de crímenes, notas sobre celebridades, consejos para sentirse bien y la última enfermedad de moda. Es así porque deben competir por el tiempo óptimo con los programas de diversión. La única forma en que un programa de noticias puede competir por dicho horario es convirtiéndose en un programa de entretenimiento.

Todo lo dicho anteriormente se refería a otra época y a otro continente pero tal vez sea conveniente el recordar que hubo un tiempo en que se recurría a la radio y la televisión para entretenernos y nada más. Si hoy esperamos que los medios electrónicos -radio y trelevisión- y el periodismo escrito nos informen, nos eduquen y nos ilustren es porque Edward R. Murrow nos indujo a creer que esa debía ser su función primordial, la de proporcionar una información veraz, objetiva e independiente, todo lo que no sea así no es otra cosa que propaganda o banalidades.

Ha transcurrido poco más de 50 años desde que Murrow nos hacía su advertencia y, ¿qué es lo que tenemos? En cuanto a EE.UU. basta con leer lo que nos dicen N. Chomsky y Edward S. Herman en su obra Los Guardianes de la Libertad para comprender que, MacCarthysmo aparte -aunque lo sucedido en la sociedad norteamericano tras el 11S tiene mucho que ver con la sicosis de miedo y la conculcación de los derechos ciudadanos de su época-, que era profético en su apreciación. Pero lo que ocurre aquí en España no es muy diferente. Excelentes profesionales, cabezas privilegiadas son obligadas a opinar según el medio en el que escriben/hablan/presentan si quieren conservar sus puestos de trabajo. Las Empresas de Comunicación manifiestan una sumisión total a los distintos Poderes políticos/económicos porque, entre otras razones, ellas forman parte de esos Poderes. Llamadas telefónicas a cualquier hora de dirigentes de partido, o sus rivales, de un Ministerio, de una Secretaría de Estado, de la Presidencia de una Comunidad Autónoma, o una subvención según el grado de afinidad son suficientes para modificar una editorial o para crearla.