La libertad de prensa ( II )
José López
UCR
22 de Diciembre de 2009
En una democracia verdadera, la censura no existe o es algo esporádico, excepcional. En una democracia no existen tabúes. La censura sistemática que ejercen la mayor parte de los medios oficiales de nuestro país delata la pésima calidad de nuestra "democracia" actual. Como decía al principio, la libertad de prensa es un pilar esencial de la democracia. Por consiguiente, si falla dicho pilar, entonces la democracia se resiente enormemente. Pero es que además, hay que recordar que no es posible una prensa libre si no es independiente. Y no es posible una prensa independiente que depende del gobierno (nacional o autonómico) de turno, o que depende del poder económico. Y por supuesto, la pluralidad se resiente enormemente también cuando los grandes medios se fusionan. En una democracia, los oligopolios mediáticos deberían ser combatidos en vez de consentidos o incluso fomentados. La falta de libertad de prensa en nuestra presunta democracia es consecuencia de otro defecto de mayor calado: la falta de separación de poderes. Tener unos poderes independientes es algo ESENCIAL en una democracia.
Si queremos acceder a la verdad es imprescindible contrastar. En un juicio, para que sea justo, es imprescindible oír por igual a las partes opuestas. La censura sistemática que ejercen los medios de comunicación oficiales en España, demuestra que éstos son poco fiables. Todo ciudadano que pretenda estar bien informado debe contrastar la información y la opinión adquiridas en la prensa oficial con las de la prensa alternativa que, afortunadamente, gracias a Internet, es cada vez más accesible. El problema es la promoción. Aunque exista la posibilidad de que cualquiera pueda crear un diario alternativo en Internet, de poco o nada le sirve si no es visitado, si no es promocionado. Aunque la prensa alternativa haya abierto una importante y esperanzadora brecha en el muro ideológico del sistema dominante, no hay que obviar el hecho de que dicha prensa sigue siendo minoritaria porque no compite en igualdad de condiciones con las grandes corporaciones mediáticas.
Por consiguiente, la lucha por unos medios de información verdaderamente libres es doble: por que haya una competencia entre los mismos donde la igualdad de oportunidades sea sagrada (para lo cual es primordial evitar los oligopolios, las excesivas concentraciones empresariales, así como dar la posibilidad de promocionarse a los pequeños medios), pero también por que todos los medios (grandes o pequeños) cumplan con su gran responsabilidad de difundir todo tipo de ideas o acontecimientos por la sociedad, es decir, por que todos los medios tengan un mínimo de objetividad y fiabilidad, por que diferencien claramente la opinión de la información, por que permitan la libre expresión de los ciudadanos (tengan ideas coincidentes con la línea editorial del medio o no), por que informen verazmente de lo que acontece, por que no censuren. No es incompatible el hecho de que cierto grupo de ciudadanos pueda libremente fundar un diario con cierta ideología (que siempre podrá promocionar en su línea editorial dándole cierta preeminencia) con el hecho de que cualquier ciudadano pueda expresar sus ideas en cualquier medio. Lo primero no debe limitar lo segundo. La libertad de expresión (como cualquier otra libertad) debe distribuirse lo más equitativamente posible entre todos los ciudadanos. Y todo esto no puede conseguirse más que en el marco de una auténtica democracia como explico detalladamente en mi libro "Rumbo a la democracia".
No voy a extenderme sobre los déficits democráticos en nuestro país, remito para ello al lector al libro mencionado donde analizo en profundidad la cuestión del necesario desarrollo democrático en España y en el mundo. En el capítulo "El desarrollo de la democracia" de dicho libro expongo mis modestas (y por supuesto, discutibles) ideas sobre cómo podría mejorar notablemente nuestra democracia, y entre dichas ideas también abordo la cuestión de cómo aumentar la libertad de prensa. Pero no debemos olvidar nunca que los pilares de las democracias son: la independencia de poderes (ejecutivo, legislativo, judicial, económico, prensa, etc.), las libertades civiles (entre las cuales tienen una especial importancia la libertad de expresión, de pensamiento y de reunión), la elección de todos los cargos públicos (incluido el jefe de Estado) por sufragio universal, la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos (en una democracia verdadera nadie debe estar por encima de la ley, la impunidad ante la ley es un grave atentado contra los principios más elementales de la democracia), el control y la transparencia de la gestión pública (desde el concejal de un ayuntamiento al jefe de Estado), una ley electoral justa donde se cumpla el principio "un hombre, un voto", donde todos los votos valgan igual, donde cada escaño valga igual independientemente del partido votado o sin importar la zona geográfica desde la que se vote, ..., y la libertad de prensa (los temas tabúes son incompatibles con la auténtica democracia, en una democracia se debe poder hablar de todo con respeto y libertad). Así como tampoco debemos olvidar que la igualdad de oportunidades debe presidir siempre la filosofía del sistema democrático. La democracia es mucho más que depositar una papeleta en una urna cada X años.
La falta de libertad de prensa, así como la escasa calidad de nuestra democracia, como casi todo en la vida, tiene solución. Pero para encontrar la solución de un problema, es imprescindible poder hablar libremente (sin limitaciones) del problema, para en primer lugar ser consciente del mismo, para en segundo lugar analizar sus causas y para en tercer lugar buscar las soluciones (entre todas las posibles). La falta de libertad de prensa se realimenta a sí misma. En la prensa oficial, se obvia este problema, se presupone que no existe, así como se presupone que la democracia ha llegado a su tope máximo de desarrollo. Éste es otro de los grandes temas tabúes de la prensa oficial: el debate sobre cómo mejorar la democracia. Por esto, la causa republicana está "prohibida". Porque tiene que ver con la mejora de la democracia, con el "esqueleto" del sistema.
Este pasado día 6 se publicaron en diversos medios encuestas donde los ciudadanos se mostraban mayoritariamente a favor de hacer reformas en la Constitución. Esto es un paso positivo en el sentido de que poco a poco parece imponerse la idea de que los cambios son inevitables en la sociedad. Pero, a pesar de esto, el poder político se resiste a las reformas. El sistema tiene miedo de "abrir la caja de Pandora". Cualquier reforma, por pequeña o cosmética que sea, puede ser peligrosa porque puede provocar cambios más peligrosos e indeseados. El sistema heredado de la "transición" teme romper el delicado "equilibrio", teme perder el control. Porque si, en cierto momento, se decide reformar la Constitución para cambiar la ley sálica de sucesión monárquica, ¿por qué no hablar también, por ejemplo, de la posibilidad de elegir al jefe de Estado mediante sufragio universal?
Al sistema le da miedo el debate sobre las reformas constitucionales porque dicho debate puede no limitarse exclusivamente a lo "políticamente correcto". Y por otro lado, limitar el debate de las reformas, coartarlo, pondría en evidencia la escasa calidad de nuestra actual democracia. Así pues, lo más prudente para el poder establecido (político y sobre todo económico) es dejar, por ahora, las cosas como están. Esto no quita que cuando se produzcan reformas, asistamos al espectáculo de un debate limitado y controlado para aparentar que nuestra "democracia" es "sólida". Pero insisto, al sistema le da miedo debatir sobre reformas estructurales de nuestro sistema. Es un riesgo que, quizás tarde o pronto (la ofensiva independentista quizás fuerce a que sea más pronto de lo previsto y deseado por el sistema actual), deberá asumir, pero, por ahora, prefiere posponerlo. El presidente del gobierno ha dicho que las reformas no son urgentes y el líder de la oposición ya ha advertido que cualquier reforma deberá hacerse por consenso. Esto es una forma de controlar el alcance de las reformas. Si se plantean cuestiones "prohibidas", el principal partido de la derecha se reserva el derecho de veto.
En vez de permitir que las reformas sean amplias, en vez de plantear la posibilidad de que el pueblo pueda elegir entre diversas opciones, dándole de esta manera el máximo protagonismo, se quiere restringir el debate a la clase política (que por supuesto, nunca permitirá reformas que pongan en peligro su status quo) para repetir la fórmula usada en su día en la "transición". Es decir, al pueblo se le plantearía de nuevo dos únicas opciones: o los cambios que los políticos hayan negociado de espaldas a los ciudadanos (poco podrá conseguirse si se pone como condición previa el consenso de todos los partidos) o dejar las cosas como están. El problema es que, en la época de la "transición", el pueblo venía de una dictadura de casi 40 años y sucumbió desesperadamente al chantaje que se le ofrecía, pero ahora, tras más de 30 años de democracia de baja intensidad (porque a pesar de sus graves defectos, el sistema actual es indudablemente más democrático que el que había en el franquismo), no está tan claro que el pueblo vaya a sucumbir tan fácilmente a un nuevo chantaje, no está tan claro que renuncie a tener más protagonismo en las reformas. Aunque, por otro lado, también es cierto que no está tan claro que el pueblo vaya a ser lo suficientemente combativo para impedir ser manejado al antojo de la clase política. El tiempo dirá cuáles de estas tendencias contrapuestas se impondrá, si el deseo de más democracia por el hecho de haberla probado un poco, o la pasividad y conformismo que tanto han crecido en las últimas décadas.
Obviamente, cuantos mayores sean los apoyos para los cambios, mejor. Pero establecer como condición previa el consenso, es decir, la unanimidad, es matar cualquier posibilidad de auténticas reformas. Antaño, la derecha no permitía los cambios y éstos debieron forzarse, imponerse a la fuerza mediante las revoluciones. Ahora, bajo la apariencia de no negarse a ellos pero exigir el consenso, se consigue lo mismo, es decir, impedir verdaderos cambios, pero de forma más sutil y elegante, más "democrática". Pero, en una democracia verdadera el consenso es una palabra "non-grata". El consenso es una palabra muy peligrosa porque mata el espíritu democrático. Consenso es la antítesis de pluralidad. Y la democracia es casi sinónima de pluralidad. Si todos estuviéramos de acuerdo en todo, entonces, ¿para qué votar, para qué la democracia? Si se hubiera esperado al consenso, la mayoría de las monarquías seguirían existiendo. En una sociedad plural, la sociedad es siempre más o menos plural, existen intereses contrapuestos y es por tanto imposible conciliarlos todos. Puede haber acuerdos en ciertas cuestiones, acuerdos más o menos amplios, pero es imposible que haya acuerdos unánimes en todos los asuntos. De lo que se trata, es de que, respetando ciertos derechos elementales, se impongan democráticamente los intereses de las mayorías frente a los de las minorías, y no al revés. La democracia es el gobierno de la mayoría. Como explico en mi libro, si bien es necesario un mínimo de apoyos para llevar a cabo cambios estructurales del sistema, esto es obvio, también es necesario relajar las condiciones para que puedan producirse dichos cambios, porque si no es así se cae en el inmovilismo. Tan malo es cambiar demasiado (porque el sistema no podría funcionar) como no cambiar nunca (porque el sistema no podría mejorar).
El inmovilismo de nuestra clase política es otro síntoma de lo limitada que es nuestra democracia. En una verdadera democracia, los cambios, más que temidos, son fomentados por el poder político. Nada es perfecto y todo es mejorable. El desarrollo de la democracia no se detiene cuando el poder político vela por los intereses del pueblo. En una verdadera democracia no se tiene miedo a debatir, sin ningún límite, sobre nada, ni siquiera sobre los cimientos del sistema.
Así pues, resulta que la principal causa profunda de los grandes problemas que afectan a los ciudadanos, como es la escasa democracia (remito a mi anterior artículo "Contra la crisis, democracia", donde desarrollo este argumento), es un tema del que no se habla, o del que se habla poco y con muchas limitaciones. Se puede hablar sobre las ramas podridas pero no sobre el tronco podrido. ¿Ha de extrañarnos que por mucho que se hable, por muchas vueltas que se dé, los problemas sigan igual o peor? ¿Ha de sorprendernos que por mucho que podemos las ramas podridas, sigan surgiendo nuevas ramas podridas?
Los medios de comunicación son los difusores de información y opinión en la sociedad y tienen por consiguiente una enorme responsabilidad en el funcionamiento de un sistema que se pretende democrático. La libertad de prensa no consiste sólo en la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda fundar un diario acorde con su ideología (lo cual sólo ha empezado a ser posible recientemente por el abaratamiento de los costes que supone la Revolución de Internet), que también, consiste, además, en que dicho diario informe adecuadamente y con plena libertad de lo que acontece, consiste también en que dicho diario, cualquier medio, dé la posibilidad a cualquier ciudadano de expresar sus opiniones en público, consiste en que cualquier medio respete la libertad de sus profesionales. La libertad de expresión de cualquier ciudadano no consiste sólo en tener la posibilidad de expresar sus ideas en privado (lo cual ni la peor de las dictaduras ha podido impedir del todo nunca), sino, sobre todo, en tener la posibilidad de expresarlas en público.
En una democracia ideal, todas las ideas, todos los acontecimientos, deben tener las mismas posibilidades de ser conocidos por la opinión pública. Si bien es cierto que nada es perfecto, también es cierto que nuestra democracia actual dista mucho de ser la ideal. Pero esto no impide el ir mejorándola mientras haya margen de mejora, y por ahora, hay mucho margen. Como describo en mi libro, la democracia tiene aún mucho camino por delante. ¡Recorramos dicho camino! No obviemos nunca la importancia de la democracia en nuestras vidas cotidianas. El grado de democracia, su calidad, afecta directamente a las condiciones de vida de todos los ciudadanos.
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Diciembre de 2009
José López
joselopezsanchez.wordpress.com







Leido en un blog:
" Ya casi todo el mundo sabe que no hubo ruptura con el franquismo. Que ha seguido tieso en las partes esenciales. Es una idea que va calando hondo. Para terminar quisiéramos citar las palabras introductorias de un libro sobre la represión fascista en un pueblo de la provincia de Zamora llamado Morales de Toro. Libro titulado 'Matando sueños, sembrando miedos'. Sus autores son José Mª del Palacio Alonso y Cándido Ruiz González:
"¿Por qué regla de exclusión nos está costando tanto homenajear y rehabilitar a los defensores de la democracia republicana, que fueron muertos, difamados y continúan, en su gran mayoría, desaparecidos?... En los años ochenta y noventa la transición española era catalogada de modélica, pero en la perspectiva que dan los treinta años de democracia, va aumentando el número de los que opinamos que ni aquella transición fue tan modélica, ni ésta es una democracia plena... A través del Pacto Constitucional se incorporaron a la Democracia símbolos tan significativos como el himno, la bandera y el Rey designado por Franco. Así mismo los cuerpos y jerarquías de las administraciones de Justicia, del Ejército, de la enseñanza básica y universitaria y de los funcionarios públicos se incorporaron al nuevo sistema sin depuración alguna de modo que el aparato que debía interpretar o ejecutar las leyes del cambio continuaba siendo el de la dictadura."
Las hemos puesto por provenir de estudiosos sin ninguna notoriedad. Nacidos de entre el pueblo. La verdad, por tanto, se abriendo paso. Poco a poco. Luego, vendrá la acción popular. Y sin duda la República."
Extraido del artículo:
http://isweletu.blogspot.com/2009/12/iswe-letu-el-pasado-alumbran...
La verdad se va abriendo paso. Poco a poco. De momento.
Amigo mío,
Mi esperanza estriba en que, poco a poco, o más pronto que tarde, la verdad se abra paso en las conciencias de los ciudadanos de este país, aunque no dejo de reconocer dado los precedentes que nos han traído hasta aquí que no será trabajo fácil.
Me habrás leído exponer en más de una ocasión que el concepto de "ciudadano" -con todo lo que esta palabra significa de Derechos y Obligaciones-, tan solo es posible alcanzarlo tras un largo periodo de tiempo. Un tiempo en el que los valores democráticos, por tanto, republicanos, vayan impregnado a través de su continuado uso, la idiosincrasia del pueblo, vayan formando parte del acervo cultural del país y eso, amigo, jamás se dio en el nuestro.
No lo permitió la Corona -en su concepción de la "realidad"-, absolutista y teocrática, dispuesta únicamente a salvar y perpetuar la Dinatía; no lo permitió la Iglesia en simbiosis con la Corona, y, a la que para más escarnio, a pesar de su imaginario opuesto a la Razon y a la Ciencia, se le confió la educación de las nuevas generaciones de españoles; no lo permitió el Ejército, formado por espadones disfrazados de pavo real y devorador de pobres mozos incultos. Un Ejército que desde Rocroi había ido de derrota en derrota y que a principio del siglo XX contaba con la absurda cifra de más de 600 generales; no lo permitió, ni los terratenientes absentistas que preferían el barbecho antes que la explotación agropecuaria a gran escala, ni un tejido empresarial formado -salvo honrosas excepciones-, por capitalistas especuladores que, primero, ante su indolencia y falta de capacidad, retrasaron la llegada de la revolución industrial en nuestro país, y segundo, en pleno siglo XXI aún no han sido capaces de crear un tejido industrial dinámico y moderno, y la riqueza creada en el país tiene que estar en manos de sectores productivos sujetos -como se está viendo en la actualidad-, a factores de inestabilidad altamente vulnerables e impredecibles; no lo quiso, por último, una clase política de tinte reaccionario, clasista, defensora de sus prebendas, anclada en el pasado e insensible a las corrientes modernizadoras sociales, políticas, democráticas, y cuya ceguera tenía que provocar -a la fuerza-, en la mayoría empobrecida y sometida el deseo de justicia social y ánimos revolucionarios
No lo permitió el conjunto de esta fuerzas fácticas que se conjuraron para levantarse contra el primer intento modernizador y democrático en la Historia de nuestro país, la II República, y, muchísmo menos, la larguísima y cruel Dictadura que sobrevino después. Como tampoco lo permitió el tardo-franquismo que puso en marcha la Transición y que, como señalas en tu post, posibilitó que las Instituciones represoras de la misma, Justicia, Ejército, Polícia, Iglesia, junto con la Administració pública, banca y alta burguesía no sufrieran depuración alguna y continuaran detentando el poder político y económico previo a la desaparición del dictador, a lo que colaboró de forma altamente eficiente una izquierda "democrática" dispuesta a traicionar ideología y un pasado de lucha heroíca a cambio de entrar en el reparto del pastel que se cocinaba.
Las ideas dominantes se corresponden con la de la clase dominante y, por ello, siendo esta misma clase la que, sin solución de continuidad, deviene tras la muerte del sátrapa no resulta nada extraño que se nos escamotee la verdad y que se nos trate de imponer, una y otra vez, el paradigma de "la modélica y pacífica Transición", lo "democrático que resulta ser nuestro país", o "lo mucho que le debemos al rey". Estos esloganes y otros de igual tenor serán repetidos machaconamente en cada conferencia, en cada discurso o en cada declaración del cuerpo político o económico que detenta el poder así como en los medios de comunicación afines al Sistema, lo que no es otra cosa que seguir sin permitir el desarrollo democrático del pueblo y que este alcance la mayoria de edad cívica que lo convierta en ciudadano.
¿Hasta qué punto una sociedad materialista, hedonista y posibilista como la actual española permitirá que la esta situación no se perpetue indefinidamente? No puedo decirlo, los tiempos de las revoluciones ya han pasado así que todo depende de la fuerza que logre alcanzar en las generaciones más jóvenes ese movimiento puesto en pie hace tan solo unos años, fundamentalmente por los nietos de los que sufrieron la derrota en la guerra civil y posterior represión, y que trata de reivindicar la lucha y los valores de sus antepasados al mismo tiempo que una reparación histórica. Tal vez, también colabore a ello, la degradación economico-social a la que está conduciendo las contradiciones de un Capitalismo en su versión más salvaje a través de la desrregularización del Mercado, las Finanzas y la hipervaloración de la Empresa y el Capital en detrimento de la Fuerza del Trabajo y del obrero.
Un abrazo.