La lamentable situación humana por la que está pasando Aminettu Hajdar y las consecuencias políticas que de ella puedan derivarse, no son otra cosa que los flecos de la tragedia colectiva para el pueblo saharaui que tuvo su inicio allá durante los últimos estertores de la dictadura franquista y que hoy, treinta y cuatro años más tarde, aún no ha finalizado.Fiel a su trayectoria personal -no en vano fue apodado como "Carnicerito de Málaga"-, y fiel al espíritu de depravación moral que adornaron desde siempre a los diferentes gobiernos franquistas, el que presidía en aquellas fechas Carlos Arias Navarro no podía haberlo hecho de otra forma y, así, entre mentiras, inmoralidades de todo tipo, traiciones, engaños a unos y a otros y, quién sabe si a cambio para de píngües beneficios para algunos -concrétamente me refiero a Solís, que actuó como parte del Gobierno español y al mismo tiempo como representante de los intereses de Hasán II, el pueblo saharaui fue entregado como moderno ecce homo, despojado de sus bienes, masacrado, y su territorio invadido por los ejércitos de Marruecos y de Mauritania ante la pasividad y connivencia, primero y como potencia colonizdora, de España, y después por la ONU y las potencias que imponen su voluntad sobre ella, principalmente los EE.UU. de Norteamérica y muy probablemente Francia, esta última con sólidos vínculos económicos y políticos en la zona.
Aminettu Hajdar representa, con su actitud, toda la dignidad con la que el pueblo saharui ha asumido su particular historia y todo el derecho moral, justificación y legitimidad de su resistencia y lucha -militar y política-, con la que intenta recuperar su territorio y un lugar en el concierto internacional de las naciones libres. Por contra, el Reino de Marruecos, causa directa de su actual situación y bota opresora del pueblo saharaui, no es otra cosa que un Estado cuasi-medieval y corrupto en manos de su rey, Mohamed VI, de su familia y de aquellos sectores elitista de la sociedad marroquí que mejor sirven a sus intereses, mientras que la gran mayoría de su población vive empobrecida, carente de ayudas sociales y con los jóvenes mirando hacia el exterior como medio único para poder escapar de su miseria crónica.
Un Reino y un rey que para poder mantener el statu quo actual, recurre a los tips clásicos de este modelo de regímenes políticos, es decir, repartir prebendas y favores a aquellos que mejor le sirven y fomentar en una población débilmente educada y con altas dósis de analfabetismo y por ello dócil, la sumisión y el culto a la personalidad en la figura del rey, apoyándose todo ello en un aparato policial eficazmente represor. Un Reino y un rey que actuando según la escuela clásica, de cara la la galeria de la opinión pública internacional realiza pequeños cambios internos en su corpus jurídicos y políticos para, en definitiva, que nada cambie en lo fundamental.
Por otra parte, nada nuevo bajo el sol. Siempre ha habido y habrá -mientras no se modifique el paradigma en uso- regímenes políticos de este estilo, parasitarios de su pueblo al que someten, esclavizan, y embaucan con valores tan lábiles como el patriotrismo o la monarquía, y al que no dudan en sacrificar en guerras que tan solo benefician a ellos mismos; y siempre habrá potencias dominantes dispuestas a brindarles amparo político y militar por muy discutibles que sean sus comportamientos en la defensa y el cumplimiento de Los Derechos Humanos. Por ello se me ocurre preguntar ¿guién es más responsable de que esto sea así? ¿los primeros o los segundos? No deja de ser paradójico que otro pueblo, el judío, ausente de su primitivo asentamiento geográfico durante dos mil años, encontrase la unanimidad de las potenias occidentales a la hora de reconocerle su derecho a formar una Nación en el mismo lugar que ocupó en el pasado, mientras que a los saharauis, que tan solo se hallan fuera de sus seculares tierras desde hace unos pocos años y siempre a causa de la presión militar, no se le reconozcan similares derechos. Como igualmente resulta ser paradógico que en España, un país que se ha blindado con muros, vallas y sistemas electrónicos sofisticadísimos contra la inmigración sin autorización, que en sus fronteras terrestres, marítimas y aeropuertos se mira con lupa cada extranjero que se aproxima a ellas, se de la circunstancia de que la ciudadana saharaui Aminettu Haijdar haya podido bajar de un avión y entrar en el país sin contar con el pertinente pasaporte.
Sea como fuere, cada vez que hablemos de Aminettu Haijdar, cada vez que escuchemos hablar de Aminettu Hajdar o cada vez que veamos a Aminettu Haijdar, sea cual sea el final de su particular aventura -que deseo fervientemente sea positivo para ella-, mi confianza en la dignidad y moralidad del Occidente democrático descenderá algunos puntos más.
Me permito añadir algunos documentos complementarios elegidos al azar y sin que sean exaustivos sobre el tema:
www.derechos.org/human-rights/.../manifiesto.html
http://agwanit-2.blogspot.com/
http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/647
http://www.lukor.com/not-por/0511/05163532.htm
http://exteriores.libertaddigital.com/la-marcha-verde-continua-treinta-anos-despues-1276230892.html
http://www.nodo50.org/aapscyl/historia/marcha_verde.htm
http://www.kaosenlared.net/noticia/sahara-occidental-jurisdiccion-universal-nueva-intentona-dilatoria-ref
http://www.spsrasd.info/sps-s141205.html
http://biblioteca.udg.edu/fl/sahara/mnpsppspa.html







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