A modo de Epílogo

Un problema no menor sufrido en mi Pc ha enviado al paraiso de los desaparecidos no pocos de los archivos que guardaba y, entre ellos, los que tenía preparados para dar continuidad a la historia de Galíndez; ¡textos y material fotográfico volatilizados! Diluídos en ese Eter de la informática, terreno pantanoso y lleno de peligros para mí -pobre aprendiz de todo y maestro de nada- pero que, por otra parte, me posibilita la oportunidad de entran en comunicación con gentes tan formidable como sois vosotros, todos aquellos que os acercáis hasta esta humilde casa.

En cualquier caso, ¡no importa! Lo fundamental ya estaba dicho y era conocido por todos. Algo que se repite, una y otra vez, en la historia de las relaciones políticas entre los diferentes Estados, los fuertes y los débiles; entre aquellos individuos que detentan de forma corrupta el Poder y los que lo sufren soñando aún con mundos utópicos. En definitiva, las luces y sombras de la condición humana, sujeta a valores dominantes que no estaría de más poner en cuestión si queremos realmente que se vuelvan a repetir casos como el de Galíndez.. Recapitulemos:

a) Vimos cómo, la derrota militar de la II República Española, llevó al exilio a centenares de miles de españoles, y vimos cómo, el PNV, intentó maniobrar en las sombras para revertir la situación creada y recuperar para su pueblo el Estatuto que el golpe de fuerza de los sublevados impidió desarrollar.

b) Vimos cómo, la Administración de los EE.UU., a despecho de los valores democráticos y de libertad que decía defender durante la II Guerra Mundial, no tenía empacho alguno en proteger y alimentar a regímenes tan perversos y criminales como el de Rafael Leónidas Trujillo, siempre que éstos favorecieran sus intereses geoestratégicos, económicos y políticos.

c) Vimos cómo, un hombre, un ciudadano, -una vida en suma, algo tan irrepetible e irreparable como una vida- atrapado en la tela de araña que puede llegar a ser los intereses contrapuestos de los poderosos, los que dictan las leyes, fue secuestrado, salvájemente torturado, asesinado y entregado como comida a los tiburones por el solo crimen de haber escrito un libro en el que denunciaba al régimen de Trujillo.

d) Vimos cómo, en una nueva reinterpretación -en esta ocasión, caribeña- de que, "Roma no paga a los traidores", el asesinato de un ciudadano -en el caso de Galíndez irrelevante pero ahora si importante ya que era norteamericano- y el magnicidio frustrado contra el presidente venezolano Betancourt, hicieron caer el telón protector de la doble moral y la hipocresía "yanquee" y Trujillo cayó en el mar sangriento que él mismo había creado.

¿Cuál fue el colofón de todo esto? ¡Qué curiosidades nos depara la vida! España, país situado a miles de kilómetros de República Dominicana y que visitó Trujillo para abrazar a un Dictador aún mucho más cruel y sanguinario, Franco, es la tierra que guarda ahora los restos suyos. Bajo Franco, España se había convertido en tierra de promisión y de refugio en donde ocultar sus muchas vergüenzas toda una heterogénea gama de reyes destronados, dictadorzuelos defenestrados políticamente y nazis europeos que huían de la justicia. Pues bien, esa misma España que los acogió un día vivos, conserva el sepulcro de algunos de ellos hoy muertos. En un mausoleo en el cementerio de El Pardo -localidad cercana a Madrid que fue testigo del abrazo entre los dos tiranos y morada permanente de Franco- existe una tumba de mármol negro, anónima, sin epitáfio alguno y marcada únicamente con el número 46, y en ella se encuentran los restos óseos de Trujillo, y próximos a ellos los de su hijo Ranfis, muerto en un accidente de tráfico en el que estuvo involucrada otra víctima que también perdió la vida, la duquesa de Alburquerque. ¡Otra curiosidad más! Ranfis Trujillo que, en vida de su padre, había sido Jefe de la Fuerza Aérea Dominicana y se había codeado con lo más selecto de la alta sociedad de su país y norteamericana fue a encontrase con la muerte estrellando su coche contra el de una de las familias nobiliarias españolas de más alcurnia, la de los Alburquerque. ¡No podía ser de otra forma!

Un Ranfis Trujillo que tras la muerte de su padre corrió a tomar venganza e intentó perpetuar el Poder de su familia sobre la media isla. El plan ideado, dada la situación política creada tras la desaparición del dictador era factible: el presidente Balaguer y los elementos antitrujillistas serían asesinados o puestos fuera de circulación y los hermanos de Leónidas, Arismendy "Petán" y Héctor "Negro", asumirían el gobierno del país. Pero el complot falló y la familia Trujillo se vio obligada a huir de la isla, no sin antes que Ranfis asesinase en Hacienda María -el feudo de los Trujillo- a seis de los que ajusticiaran a su padre.

¡Tan solo para que recibiesen un castigo eterno -sentencia justa por sus muchos crímenes- debería existir un Infierno en el que pagasen sus culpas toda esta legión de asesinos que se arropan bajo el manto difuso de "la legalidad"!