José L. Barnería.
El código DR-10
La documentación del FBI da cuenta de que Galíndez trabajó ya para la inteligencia militar de Estados Unidos y el FBI antes de trasladarse a Nueva York, mientras pertenecía a la Administración dominicana. 'Había creado su red de informadores dentro del ejército dominicano; de la empresa Granada, filial de la United Fruits C., y de otras compañías, y, preferentemente, daba cuenta, bajo el código DR-10, de las actividades de grupos e individuos falangistas y comunistas', confirma Ulasewiez. Al llegar a Nueva York, Galíndez se integró en el equipo de Antón Irala, delegado del Gobierno Vasco en EE UU que gozaba de bastante predicamento en el Departamento de Estado. Enseguida pasó a formar parte de la nómina oficial de informantes que dirigía el responsable del FBI, Hoover, y desde entonces hasta su desaparición suministró al FBI cientos de informes sobre las actividades pro comunistas en la comunidad hispanohablante de Nueva York. 'Galíndez informaba regularmente sobre las actividades del Partido Nacionalista de Puerto Rico, el Comité para la Unidad de Latinoamérica y la Brigada de Veteranos de Abraham Lincoln, todos ellos bajo sospecha de ser organizaciones comunistas', sostiene Ulasewiez. Según el detective de la policía neoyorquina, en uno de esos informes, Galíndez avisó a su jefe del FBI sobre las intenciones de Fidel Castro de derrotar militarmente a Batista, 'un asunto que, pese a todo, pilló a la CIA desprevenida'.
En el documental que se estrena estos días en el Festival de Cine de San Sebastián, realizado por Ana Díez y producido por Ángel Amigo, alguno de sus compañeros de exilio le recuerdan ahora tomando notas de los asistentes y contenidos de las reuniones. Ninguno, sin embargo, llegó a sospechar que pudiera ser un informador del FBI o de la CIA. 'El ambiente era un basurero político', dice Mario Salegui, 'porque en esos años cincuenta no bastaba con que uno no fuera comunista, había que ser anticomunista'.
1) Celebración 25 años. 2) Trujillo y Batista.
El espionaje a sus propios compatriotas españoles, combatientes derrotados como él en la lucha antifranquista, proyecta sobre Galíndez una imagen que, según Gregorio Morán (Los españoles que dejaron de serlo) y otros autores, no se corresponde exactamente con su personalidad política. 'Hay en Galíndez un lógico y coherente anticomunismo, consecuente con su mundo ideológico demócrata cristiano, pero él distingue entre un anticomunismo positivo y otro negativo'. Es cierto, desde luego, que, frente al racismo que destilan otros artículos publicados en esos años en la revista Alderdi (Partido), Galíndez proclama que 'ser vasco no supone superioridad alguna sobre los demás pueblos', llama la atención sobre la necesidad de tener una política social y afirma que 'los anticomunistas parece que sólo saben luchar contra el comunismo olvidando que hay cosas concretas por defender'. Y en la misma publicación escribió en marzo de 1954: 'Yo combatí con las armas en la mano al fascismo y me opongo con igual energía al comunismo, porque defiendo la libertad y soy alérgico a lo que suponga dictadura. Por eso mismo cada día me preocupan más ciertos giros ideológicos que está tomando la guerra fría, especialmente en Hispanoamérica'.
¿Como se explica entonces, en el plano de la moral personal, la actuación de Galíndez? Se sabe, por los informes del FBI desclasificados, que rehuyó mientras pudo la tarea de espiar a sus compatriotas comunistas. 'Este informador prefería hacer informes sobre actividades distintas a las de los comunistas. A cambio de esta preferencia, se acordó que no escondiera tampoco ninguna información relativa a las actividades comunistas. Está considerado como un informador importante del Partido Comunista', se indica en el mismo informe, en el que se le define como 'un individuo extremadamente inteligente' que 'evita que su tendencia personal a subestimar a determinados individuos y grupos influya en sus informes de los hechos'. Se sabe igualmente que los planteamientos de Galíndez chocaban con las posiciones de Antón Irala y de José Michelena, responsables de la red de espionaje del PNV, y que, probablemente, coincidían bastante más con las de Juan Ajuriaguerra, líder del partido en Euskadi y España, donde el PNV disponía de su red de información. Ajuriaguerra receló siempre de esa colaboración ciega con los americanos. Tenía sus motivos, y no sólo porque la Sexta Flota fondeaba en los puertos españoles y porque Eisenhower se montaba en el Mercedes-Benz que Hitler le regaló a Franco.
1 y 2) Propaganda pro-Trujillo.
Material gráfico: Raifi Genao.











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