Una, de Espías ( III.c )
Pero mata demasiado. Para borrar las huellas del asesinato de Galíndez, liquida al piloto norteamericano que lo había trasladado a República Dominicana y más tarde al oficial del ejército dominicano que había dirigido las sesiones de interrogatorio y tortura. Lo primero le costó un cambio de actitud por parte de la Administración norteamericana una vez desaparecidos los Eisenhowers y demás ralea, y lo segundo le costó la vida, porque un hermano del oficial dominicano liquidado participó en el golpe que consiguió derrocarlo y asesinarlo. A partir de esta historia en torno a un héroe impuro como Galíndez escribí una novela de amor y terror, en parte con ayudas documentales que me proporcionó en Santo Domingo el formidable editor José Israel Cuello, más tarde también asesor de Vázquez Rial y de Vargas Llosa. Nada más publicarse mi novela, cuyo verdadero protagonista es una profesora norteamericana, Muriel, radicalmente liberal e indagadora de la tragedia Galíndez, tuvo pretendientes cinematográficos deslumbrantes, como ya me había ocurrido con Los mares del sur, que estuvo a punto de ser dirigida por Losey con guión de Cabrera Infante. Ahora, Gerardo Herrero se ha atrevido a poner en imágenes una de las novelas contemporáneas más premiadas, fuera y dentro de España, y por tanto más difíciles de traducir a imágenes asumibles por parte de la memoria receptora. El guión resume años de trabajo en los que aparecen guionistas ilustres, y retengo a Azcona porque me encanta almorzar con él para hablar de literatura. Los actores fijarán los sistemas de señales literarios que me atreví a proponer, y agradezco a Herreros que, entre tanto cierto selectivo, comprendiera que Muriel sólo pudiera ser Saffon Borrows, la señorita Julia de Strindberg, versión Mike Figgis, que estos días hemos podido ver en los más sutiles canales de Canal Plus".
Franco y Trujillo. Los Tiranos se abrazan como hermanos.
Material gráfico: Raifi Genao.
Llegados a este punto de la historia, comprendemos que debajo de las calles por las que transitamos los ciudadanos anónimos existe un mundo de cloacas habitado por individuos que visten uniformes militares, trajes de firma o simplemente anodinos ropajes y que con la excusa de servir altos intereses patrios o inconfesables ambiciones personales conspiran, traicionan, roban e incluso, asesinan. Una intrincada red de cloacas cuyas bocas, indefectiblemente, nacen en los alfombrados despachos de nuestros líderes nacionales o en los suelos de mármol de sus instituciones al servicio de la llamada Seguridad Nacional. Líderes de un Sistema -ya sea de un color u otro- que han alcanzado tan privilegiada posición gracias a nuestros votos, líderes a los que aplaudimos y jaleamos, líderes que, como podemos apreciar por esta rocambolesca y trágica historia, nos mienten y se aprovechan de nuestra buena fe, y al mismo tiempo que ellos dan la espalda a los principios éticos más fundamentales exigen de nosotros el más exquisito de los comportamientos e, incluso, el sacrificio de nuestras vidas en la defensa de unos intereses que como vemos tienen muy poco que ver con los nuestros propios.
M. Vázquez Montalbán.
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