Continuemos siguiendo las pistas que nos llevarán al desenlace final de la tragedia. Y hagámoslo, cómo en el caso anterior, de la misma mano, en esta ocasión en un artículo publicado en el diario El País el 22 de septiembre de 2002 y en el que nos anuncia la versión cinematográfica de su novela "Galíndez" que llevará a cabo Gerardo Herrero bajo el título de "El héroe impuro".

Menciona V. Montalbán ese cáncer que corroe a las Repúblicas de la América Latina, el de las Dictaduras militares que ahogan económica y políticamente a sus pueblos y diezman a sus gentes al mismo tiempo que benefician a las oligarquías dominantes, y pone un dedo en la yaga al señalar la razón del mismo. Los Trujillo, Somoza, Castillo Armas, Duvalier, Batista, Maximiliano Hernández, Videla, Pinochet, Garrastazu y tantísimos otros no serían lo que fueron si no hubiesen tenido detrás de ellos a los EE. UU. como amigo y soporte a sus muchos desmanes y crímenes, e incluso no pocos de ellos o de sus oficiales en el Ejército aprendieron de tácticas de lucha, de campañas de desinformación y de "eficaces" interrogatorios en las Escuelas Militares en USA o en la tétrica Escuela de las Américas en Panamá; se sirvieron de Asesores militares o de la CIA norteamericanos y emplearon armas suministradas por el amigo del Norte. La supuesta en la actualidad primera Democracia del mundo no se anda con chiquitas a la hora de actuar en contra de regímenes de tinte izquierdista -casos de Cuba, Chile, El Salvador o Guatemala- pero no tiene empacho alguno colaborando, protegiendo y dando ayuda militar y financiera a otros regímenes dictatoriales de derechas aunque estos estén cubiertos de sangre y la razón no es otra que la defensa de sus intereses económicos y geoestratégicos por encima de cualquier consideración moral. Pero, sigamos tirando del hilo:

1) Pío XII y Trujillo. 2) EE.UU. rinde honores a Trujillo. 3) Nixon transmite saludos Eisenhower a Trujillo.

Material gráfico: Raifi Genao.

"He calificado a veces a Rafael Leónidas Trujillo, el dictador de la República Dominicana, como uno de nuestros demonios promocionales, meritorio demonio si tenemos en cuenta que teníamos a Franco tan cerca. Si Franco era la caricatura de Mussolini, Trujillo, como más tarde Pinochet, era la del mismo Franco y se inscribió en el olimpo de los dictadores pintorescos a la espera de que yo le dedicara Galíndez en 1990 y Mario Vargas Llosa La casa del chivo en el año 2000. La literatura ha contribuido a fijar la tipología de dictadores latinoamericanos, y ahí están el Tirano Banderas de Valle-Inclán, el Nostramus de Conrad, El señor presidente de Miguel Ángel Asturias o Yo, el Supremo de Roa Bastos, como un cuarteto suficientemente expresivo de la obsesión que escritores importantes han sentido por los tiranos situados entre el surrealismo y la hiperrealidad.

Trujillo convierte su tiranía sobre la República Dominicana en un espectáculo tragicómico, en el que la comicidad la aporta él mismo nombrando mariscal a su hijo de siete años, y la tragedia también, cuando asesina a sus antagonistas políticos a palos o alarga su mano hasta el extranjero para ordenar que sea tiroteado y atropellado en México su ex asesor Almunia, un gallego del PSOE, también exiliado tras la guerra civil. O secuestra en Nueva York, nada menos que en la Quinta Avenida, junto al Village, al profesor vasco Galíndez, lo traslada a la República Dominicana, lo tortura y lo arroja a los tiburones. Estos hechos ocurrieron en el Nueva York de Gene Kelly y Frank Sinatra en el invierno de 1956, apenas los dio, mistificados, la diplomacia y la prensa franquista, y yo los recibí a través de toda clase de clandestinidades a lo largo del curso 1956-1957.

1) Trujillo Gran Collar de la Democracia. 2) Ramfis general con 6 años. 3) Angelita reina de la Feria de la Paz.