Una, de Espías ( II.a )
Llegados a este punto hora es de hablar del tema propuesto y que no es otro que de los últimos años de la vida de Jesús de Galíndez y nada mejor para ello que recurrir, en primera instancia a un maestro, un admirado maestro hoy tristemente desaparecido, Manuel Vázquez Montalbán que escribió sobre él y cuya lectura -junto a la de Gregorio Morán- me puso en conocimiento del caso. Esta historia de espías tiene, cómo no podía ser de otra forma, buenos y malos; los primeros serían -es un suponer- los EE. UU. del general Eisenhower en plena época del Mc Carthysmo y su Caza de Brujas, y junto a él, sus amigos y aliados políticos también generales, uno Trujillo, Dictador dominicano, y otro Franco, Dictador español. Los malos no podían ser otros -siempre fue sí- que los "rojos" republicanos españoles que vivían en el exilio en el Caribe y en los EE. UU., e incluso los veteranos americanos de la Brigada Lincoln. En medio de ellos se encontraría el PNV (Partido Nacionalista Vasco) que vendió a la CIA y al FBI -por tanto, al Departamento de Estado de USA- el plato de lentejas que representaba Galíndez -convirtiéndole en espía de sus propios compañeros de lucha antifranquista- a cambio de la utópica ayuda norteamericana para acabar con la Dictadura franquista (cómo se pudo ver por los hechos posteriores, el PNV adolecía de la misma candidez que la de aquellos otros republicanos españoles que se dejaron la vida luchando en los frentes de la II Guerra Mundial en defensa de la Libertad y contra el Nazismo y soñando que tras la derrota de Alemania vendría la de la España de Franco a mano de los Aliados) y, como institución no exenta de sus responsabilidades morales, el Vaticano de Pío XII, que no se detuvo en pensarlo a la hora de condecorar a los dos tiranos asesinos y torturadores de sus respectivos pueblos.
Sigamos el hilo que nos llevará a desenmarañar el ovillo de la Historia y, por tanto, de las ignominias y de las vergüenzas

VASCOS EN SANTO DOMINGO
MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
EL PAÍS, 19 / 2 / 1990
Se dice que Balaguer los ha escondido para evitarse y evitarles males mayores. También hay quien dice que los etarras extraditados a la República Dominicana viven en perpetuo veraneo, invitados en selectas pistas de tenis particulares, con su roncito antes y después de la partida, en la piel el salobre del Caribe de las playas cercanas al Club Mediterranée, no muy lejos de la instalación turística por excelencia: La Romana. De nuevo los vascos vuelven a ser protagonistas misteriosos de la vida de esta media isla, aunque quizá los actuales exiliados etarras desconozcan a sus inmediatos precursores y entre ellos al más mitológico: Jesús Galíndez Suárez, asesinado por orden de Trujillo en un día indeterminado del primer trimestre de 1956, después de haber sido secuestrado en plena Quinta Avenida de Nueva York, número 30, el 12 de febrero del mismo año.
He repasado mis datos y sus lugares. Antes de dar por terminada mi novela sobre Galíndez he experimentado la necesidad de comprobar por segunda y última vez los detalles ambientales que envolvieron su vida de exiliado en esta isla, entre 1940 y 1946, antes de marcharse a Nueva York, para volver narcotizado y secuestrado en una avioneta particular, fletada por los servicios secretos de Trujillo y sus cómplices del lobby trujillista norteamericano. Me he detenido ante la casa en que vivió en la calle Lovatón, cuando ya consiguió una cierta estabilidad económica como profesor de derecho, asesor sindical y prolífico escribidor de "vascongadeces" en diferentes publicaciones nacionalistas. También he paseado por el parque donde se reunía con su contacto de la embajada norteamericana, para pasarle información sobre los nazis y los rojos presentes en la República Dominicana, dos piezas de una misma partida de ajedrez a la que jugaba el generalísimo Trujillo. He hablado con gentes que le conocieron, le respetaron o le traicionaron, contribuyendo con su campaña de descrédito a avalar su secuestro y asesinato. Incluso he hablado con Martínez Ubago, hijo del médico exilado que heredó de Galíndez la jefatura de los nacionalistas vascos en la república, cuando Jesús se marchó a Nueva York según consejo del lehendakari Aguirre y de su lugarteniente en EE UU, Irala. Martínez Ubago hijo vivió la truculenta experiencia de examinar unos cadáveres conservados en formol, por si alguno de ellos era el desaparecido Galíndez. No. Eran patriotas dominicanos que habian participado en un desembarco guerrillero, muertos a balazos o a palos. Un médico forense con visión de futuro los conservó en formol para que algún día dieran testimonio de la barbarie trujillista.
(....)
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lamardecuento dijo
Ya decía yo que las plantas estaban un poco más risueñas. ¡Pero si has abierto las ventanas! Es que esta semana se ha pasado volando y apenas había reparado en los cambios. Te hacía pasando las horas y fumando a tus anchas en casa de un Pirata, jejeje
Esperaré el fin de semana para leer con calma la saga Galíndez.
¡Bienvenido a tu casa!
12 Noviembre 2009 | 09:55 PM