Ha pasado tiempo desde mi última aparición por el jardín de mi casa. Unas veces por razones físicas, ausencia del lugar de residencia, y otras por causas anímicas, saturación y empacho político ante "la que está cayendo" alrededor nuestro, fueron los motivos de tan prolongado silencio.

Hoy, no es que haya amainado el temporal, no es que un arco iris de paz y de esperanza ilumine el horizonte y ello me haga regresar al hogar abandonado. No, no es eso. Se trata de que no hace aún muchas fechas me encontré en Madrid con un ángel y algo que se mantenía oculto en mí se removió con fuerza y me hizo comprender que aunque nos duela la vida tenemos el deber de "vivirla" y, si somos coherentes, aportar nuestro granito de arena para que sea cierto el dicho de que "El conocimiento nos hará Libres".

Así pues, tras abrir puertas y ventanas y comprobar que manos anónimas han cuidado de la limpieza de la casa durante mi ausencia, doy comienzo a una nueva etapa en la que, por ahora, aparco la serie que estaba exponiendo sobre "el conflicto poliédrico" y comienzo otra que espero sea de vuestro interés. Una historia verdadera y que, según el perfil que he venido manteniendo, tiene que ver con la Historia y la política. Una historia que nos dice, y mucho, de las miserias de la Condición Humana, de las relaciones internacionales y de los oscuros intereses que se ocultan tras ellas.

 

 Una, de Espías :

Graham Greene, Ian Fleming, John Le Carré, Vladimir Volkoff, Roberto Arlt y tantos otros, son autores que frecuentemente nos han entretenido con sus relatos de espías, de héroes y villanos, de buenos y malos en un mundo a veces sórdido gobernado por intereses poco limpios y en el que el asesinato, la traición a la Patria, el sexo o el robo de documentos secretos son  materia común en todos ellos. Una materia que por más dura o escabrosa que fuera apenas afectaba a nuestra conciencia ética ya que tan sólo era ficción -al menos, eso pensábamos- y, por supuesto, al final siempre ganaban los buenos y estos indefectiblemente eran "de los nuestros".

Educados como estamos desde nuestra primera juventud en valores como la patria, el honor, la democracia, la libertad colectiva, el Ejército como garante de la misma, Occidente como adalid de las libertades y de los Derechos Humanos, el Vaticano como guía moral, etc., cuando comprobamos que en ocasiones la realidad supera a la ficción se tambalean nuestras convicciones y nos preguntamos si no somos tan solo marionetas cuyos hilos los manejan aquellos que detentan el Poder político o económico -acaso, ¿el segundo no condiciona y dirige al primero?- de turno en un Sistema en el que se nos ofrece como victimas propiciatorias en el altar de los sacrificios a cambio únicamente de nuestro sometimiento absoluto al Sistema, de creernos a ciegas cada uno de los paradigmas que este nos proponga, incluso el de dar nuestra vida, si llega el caso, en defensa del mismo.

Por ello sería deseable que desde nuestro bien más fundamental, es decir, desde nuestra libertad individual, seamos muy cautos a la hora de apuntarnos a cualquier banderín de enganche al menor toque de corneta que llegue a nuestros oídos. Eso de la patria o de cualquiera de los valores más arriba enunciados puede que esté muy bien pero, ¿realmente merece la pena que sean aceptados por nosotros a ojos cerrados?, ¿es, realmente, ese Occidente supuestamente Humanista y defensor de la Democracia y de los Derechos Humanos el espejo en el que debemos mirarnos?, ¿está la Iglesia de Pedro siempre del lado de la Verdad? Para respondernos a estas preguntas sería interesante el que conozcamos una historia de espías en el que como en las mejores novelas de esos autores hubo de todo, traiciones, chantajes, delaciones, secuestros, torturas y asesinatos, pero que no fue una historia de ficción sino que se corresponde con hechos reales en los que se vieron involucrados Estados e instituciones de dos continentes cuya mala praxis nos demuestra lo absolutamente relativos que son los valores que nos infunden.