El artículo cuarto incorporaba la intención del Gobierno israelí de ocupar la ribera occidental del Golfo de Aqaba y las islas de Tirán y Sanafir con objeto de garantizar la libertad de navegación. Los Gobiernos británico y francés no se comprometían a apoyar este plan, pero tampoco se oponían al mismo. En el artículo quinto Israel prometía no atacar Jordania durante el periodo de hostilidades contra Egipto, y el Reino Unido prometía ayudar a Jordania si atacaba a Israel. El propósito de esta disposición era minimizar el riesgo de un enfrentamiento militar entre Israel y el Reino Unido en el frente jordano. El artículo sexto pedía a los tres Gobiernos que mantuviesen el texto del acuerdo en estricto secreto. Finalmente, el artículo séptimo estipulaba que las disposiciones del acuerdo entrarían en vigor tan pronto como hubieran sido confirmadas por los tres Gobiernos.

Abba Eban ha destacado: "En Sèvres los tres grupos de dirigentes dieron su acuerdo a un plan grotescamente excéntrico". Nada, sin embargo, resultaba más excéntrico que el gran plan que Ben-Gurion intentó vender a los franceses en su primera reunión en la mansión de la periferia. Bar-On recordaría lo incómodo que se sintió al escuchar a su jefe presentar un plan que era tan remoto y extraño al propósito inmediato para el que se habían reunido.

No obstante, el plan revelaba los pensamientos íntimos de Ben-Gurion respecto a Israel. También su deseo de aliarse con las potencias europeas imperialistas contra las fuerzas del nacionalismo árabe. Mostraba su ambición de expansión territorial a expensas de los árabes y en toda dirección posible: al norte, al este y al sur. Y manifestaba una actitud desdeñosa hacia la independencia, soberanía e integridad territorial de los Estados árabes vecinos.

La Campaña del Sinaí.

A su regreso a casa, Dayan preparó a las FDI para la guerra, mientras Ben-Gurion se ocupaba del Gobierno. Informó a los ministros del Mapai y del Ahdut Ha`avodah, y posteriormente a aquellos que representaban al Partido Nacional Religioso y al Partido Progresista. No informó a los representantes del Mapam hasta el último momento, porque sabía que se opondrían y temía que dieran a conocer la información. El Gabinete aprobó la propuesta de ir a la guerra con una holgada mayoría. Únicamente los dos ministros del Mapam votaron en contra. Menajem Begin, el líder del Herut, dio al plan de guerra su apoyo entusiasta.

Las FDI emprendieron en la tarde del 29 de octubre la campaña del Sinaí con un lanzamiento de paracaidistas en el paso de Mitla. El 30 de octubre, antes de que las fuerzas de las FDI alcanzaran el canal de Suez, el reino Unido y Francia enviaron sus ultimatos a Israel y Egipto, pidiéndoles que retirasen sus tropas a diez millas del Canal. Israel aceptó el ultimátum; Egipto, como se esperaba, no lo hizo. El reino Unido y Francia comenzaron los bombardeos aéreos de los aeródromos egipcios en la noche del 31 de octubre, en lugar de hacerlo al atardecer, como se había previsto. Ben-Gurion estaba tan angustiado y enfadado por el retraso que amenazó con suspender el ataque. A pesar de las dudas y retrasos que continuaron caracterizando las operaciones de los aliados, las FDI obtuvieron una completa victoria militar en pocos días. Las fuerzas egipcias del Sinaí y de la franja de Gaza se retiraron apresuradamente a través del canal de Suez, dejando cerca de seis mil prisioneros y grandes cantidades de material militar en manos israelíes. Al dar la orden de retirada Nasser redujo las pérdidas de su ejército. Gaza fue capturada el 2 de noviembre y el día 5 el conjunto de la península del Sinaí estaba en poder de Israel. Para los franceses y los británicos la aventura de Suez terminó con una apresurada y humillante retirada. Una fuerte presión de las grandes potencias les obligó a detener el ataque. John Foster Dulles encabezó el grupo contra ellos, y contra su aliado Israel, en la ONU. La presión económica norteamericana forzó al Gobierno británico a retirarse, dejando a los franceses en la estacada.

Aunque Ben-Gurion debió permanecer en cama por enfermedad durante la campaña, estaba ebrio de victoria cuando concluyó. En un telegrama enviado a la Séptima Brigada tras la captura de Sharm el Sheij, escribió: "Yotvata, o Tirán, que hasta hace 1.400 años eran parte de un Estado independiente judío, volverán a ser parte del tercer Reino de Israel". En su discurso de la victoria en la Knneset el 7 de noviembre, sugirió que Israel planeaba anexionar el total de la península del Sinaí y también el estrecho de Tirán. En su discurso afirmó triunfante que el acuerdo de armisticio con Egipto era letra muerta, que Israel no entregaría el Sinaí a fuerzas extranjeras y que el país estaba preparado para entablar negociaciones directas con Egipto. El tono arrogante del discurso causó gran indignación y antipatía fuera de Israel, también entre los judíos norteamericanos.

(Fuentes:Avi Shlaim:El muro de hierro)