Una conversación aún más intrigante tuvo lugar tras la anterior. Se trataba de la ayuda francesa a Israel en el desarrollo de tecnología nuclear. Esta segunda conversación sólo se conoció en detalle en 1995 cuando Simón Peres publicó sus memorias. El pasaje relevante es el siguiente:

 

"Antes de la firma final pedí a Ben-Gurion un breve aplazamiento, durante el cual me reuní a solas con Mollet y Bourgès-Maumoury. Fue aquí cunado ultimé un acuerdo con estos dos dirigentes para la construcción de un reactor nuclear en Dimona, al sur de Israel... y el suministro de uranio natural para su funcionamiento. Hice una serie de propuestas detalladas y, tras discutirlas, se aceptaron".

 

 

El desarrollo de la potencia nuclear era un tema muy querido por Ben-Gurion. Veía en él un desafío tecnológico que ayudaría a transformar a Israel en un avanzado estado industrial. Las negociaciones con los franceses se limitaban a un pequeño reactor para uso civil. Nada se dijo entonces sobre un posible destino militar para esta tecnología. Pero ese era el objetivo final de Ben-Gurion: producir armas nucleares.

Simón Peres era el motor para obtener ayuda francesa para la construcción de un reactor nuclear. Pineau se oponía a la petición. Bourgès-Maunoury la apoyaba enérgicamente y Mollet estaba indeciso. El 21 de septiembre, un mes antes de la reunión de Sèvres, Peres llegó a un acuerdo con los franceses para el suministro de un pequeño reactor nuclear. Un año más tarde, en septiembre de 1957, cuando Bourgès-Maunoury era primer ministro, Francia entregó a Israel un reactor con el doble de la potencia que se había prometido previamente.

Israel no se unió a la conspiración franco-británica para la guerra con objeto de obtener un reactor nuclear. Fue una vez tomada la decisión de iniciar la guerra, al final de la conferencia, cuando se habló del tema. En cualquier caso, el acuerdo nuclear es interesante por tres razones: En primer lugar, muestra que los franceses estaban dispuestos a entrar en la guerra a cualquier precio. Segundo, revela el tipo de incentivos que los franceses estaban dispuestos a dar a Israel para inducirlo a la tarea que se le había asignado en la conjura de la guerra contra Egipto. Tercera, confirma la impresión de que Israel no se enfrentaba a un serio peligro por parte de Egipto en aquel momento, a pesar de ello, se alió con las potencias europeas para atacarlo por otras razones. Consideradas en conjunto las dos conversaciones privadas de Sèvres arrojan nueva luz sobre la versión oficial, que proclama que Israel inició la guerra sólo porque se enfrentaba a un inmediato peligro de ataque desde Egipto.

La conjura tripartita para la guerra se recogió en un documento formal, el Protocolo de Sèvres, que los representantes debían firmar.  Pineau lo hizo en nombre de Francia,  Ben-Gurion por Israel y Patrick Dean por el Reino Unido.

El Protocolo de Sevres dio a Ben-Gurion las garantías que buscaba desesperadamente contra una traición británica, pero también constituyó la prueba evidente de la alianza tripartita. Había tres copias. La británica fue destruida por orden de Eden, la francesa se perdió, y la copia israelí fue guardada bajo llave y cerrojo en el archivo de Ben-Gurion en Sede-Boker durante cuarenta años. En 1996 el texto original francés del Protocolo fue desvelado por primera vez en un documental de la BBC sobre la crisis de Suez.

El Protocolo de Sèvres constaba de siete artículos. El primero decía simplemente que Israel lanzaría una ofensiva a gran escala en la noche del 29 de octubre con objeto de llegar a la zona del Canal al día siguiente. El artículo segundo describía el llamamiento franco-británico a los contendientes para que detuviesen el conflicto y retirasen sus tropas a una distancia de 10 millas del Canal. A Egipto se le pedía que aceptara la ocupación temporal de posiciones claves en el Canal por parte de las fuerzas franco-británicas. Esta petición fue incluida para asegurar que no existiera posibilidad de que Egipto aceptara el llamamiento. El artículo tercero advertía que si Egipto no cumplía lo pedido en el plazo de doce horas, se lanzaría un ataque franco-británico sobre las fuerzas egipcias en las primeras horas de la mañana del 31 de octubre. Este artículo abandonaba la ficción de la imparcialidad. No se contemplaba acción militar alguna contra Israel

(Fuentes:Avi Shlaim:El muro de hierro).