La conspiración para la guerra en Egipto. ( III )
Aunque el objeto de la reunión era discutir la acción militar, Lloyd comenzó diciendo que, sobre la base de sus recientes conversaciones con el ministro de Asuntos Exteriores egipcio, Mahmoud Fawzi, estimaba que se podía alcanzar una solución diplomática a la disputa sobre el Canal en una semana. Respecto a la posibilidad de una acción militar tripartita, Lloyd explicó que en su Gobierno no podría ir más allá de las declaraciones hechas por Eden en el Palacio Matignon el 16 de octubre. En términos prácticos ello significaba que Israel debería iniciar una guerra a gran escala y permanecer en el combate en solitario durante unas setenta y dos horas, mientras el Reino Unido hacía público un ultimátum a Israel lo que implicaba que Israel sería el agresor. Era el papel de agresor el que, sin duda, Ben-Gurion no quería representar. El único elemento positivo en lo que Lloyd dijo lo vio en la admisión de que su Gobierno quería destruir el régimen de Nasser. Lloyd definió el objetivo de cualquier operación militar aliada como "la conquista de la zona del canal y la destrucción de Nasser".
Cuando entraron en materia, Ben-Gurion pidió un acuerdo entre el reino Unido, Francia e Israel para que los tres atacaran Egipto. También quería un compromiso británico para que la RAF eliminara a la Fuerza Aérea Egipcia antes de que las tropas terrestres israelíes avanzaran, porque en caso contrario ciudades israelíes como Tel Avid podrían ser arrasadas. Lloyd comprendió la preocupación de Ben-Gurion pero rechazó cooperar directamente con Israel. Durante la reunión trató de dejar claro que un acuerdo israelí-franco-británico para atacar Egipto era imposible. Lo único que aceptó fue la propuesta francesa de intervención franco-británica para proteger el Canal en caso de un ataque israelí. La discusión llegó a un punto muerto cuando Ben-Gurion rechazó esta propuesta.
Dayan intervino en este punto crítico para salvar la conferencia. Había transcurrido casi un año desde que Ben-Gurion le diera la orden de provocar una guerra con Egipto. Estaba ansiando hacerlo con o sin aliados. Al contrario que Ben-Gurion desdeñó el peligro de las ciudades israelíes. Con el olor de la batalla en sus fosas nasales no estaba dispuesto a volver tranquilamente a casa. La propuesta que hizo era astuta. Contemplaba un lanzamiento de paracaidistas de las FDI en el paso de Mitla, a treinta millas del canal de Suez; un ultimátum franco-británico a Egipto para que evacuara sus fuerzas de la zona del Canal; y un bombardeo de las bases aéreas egipcias a continuación del esperado rechazo del ultimátum. El plan satisfacía tanto la necesidad británica de un "verdadero acto de guerra" para justificar su intervención y la necesidad de Ben-Gurión de una vía de salida en el caso de que la intervención aliada no se materializara. Lloyd había expresado la posibilidad de que el margen entre el ataque israelí y la intervención aliada pudiera reducirse de setenta y dos a treinta y seis horas. Los franceses ofrecieron entonces la posibilidad de situar en Israel dos escuadrones de caza bombarderos Mystère y que dos de sus buques atracaran en puertos israelíes para proteger los cielos y costas del país durante los dos primeros días de lucha.
En la mañana del 24, tercer y ultimo día de la conferencia, Ben-Gurion tomó finalmente la decisión de comprometer a las FDI en la batalla. En su diario resumió las principales consideraciones que le llevaron a esa conclusión fatídica: "se trata de una oportunidad única", escribió, "que dos potencias de cierta importancia traten de derribar a Nasser, y que ni permanezcamos solos contra él mientras se va fortaleciendo y conquista todos los países árabes... y puede ser que la situación de Oriente próximo cambie en su totalidad de acuerdo con mi plan".
Cuando las negociaciones y consultas estaban prácticamente ultimadas, Ben-Gurion tomó la iniciativa para sugerir que se redactara un protocolo en el que se resumiese las decisiones que se habían tomado y que ese documento fuera firmado por las tres partes, quedando así obligadas a su cumplimiento. Debe destacarse el hecho de que la idea de la elaboración del documento viniera de Ben-Gurion porque se pasa por alto en los informes israelíes de primera mano, con la intención, presumiblemente, de minimizar su participación en la conspiración.
Mientras el borrador se preparaba, otras dos conversaciones privadas tenían lugar en otra sala de la mansión. Ben-Gurion tuvo una conversación a solas con su homólogo francés. El primer ministro escribió al día siguiente en su diario: "le hablé acerca del descubrimiento de petróleo al sur y al este del Sinaí, y que sería bueno desgajar esa península de Egipto puesto que no le pertenecía, fueron los británicos los que la robaron a los turcos cuando creían que Egipto estaba bajo completo control. Le propuse tender un oleoducto desde el Sinaí hasta Haifa para refinar el petróleo, y Mollet mostró interés en la sugerencia". En ausencia de cualquier otro informe sobre esta conversación, uno queda con la impresión de que el primer ministro israelí estaba mostrando su habitual expansionismo, en tanto que su interlocutor se comportaba como un anfitrión educado hasta el final
(Fuentes:Avi Shlaim:El muro ded hierro).







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