La Iglesia se considera así misma una sociedad perfecta cuyo dios no puede equivocarse y cuya cabeza visible al pronunciarse como único interprete de ese dios tampoco puede equivocarse. Si la Iglesia rectificara sus doctrinas y valores quebraría el principio de autoridad, sobre el que se sustenta dios y el poder del papa,  porque o bien dios se equivocó o bien el papa se equivocó o se equivocaron los dos. Algo imposible de entender en una doctrina que es ortodoxa.

 Por eso, a pesar de  todo lo que se ha hablado del Concilio Vaticano II, en éste lo fundamental: la doctrina y los valores no se tocaron. Salieron como entraron. Cosa  coherente con la naturaleza ortodoxa de la doctrina. Lo contrario hubiera sido lo mismo que desdecirse de todo lo que han sostenido durante veinte siglos. Y qué dios o qué papas serían esos que cambian su doctrina con el paso del tiempo? Que es imposible evolucionar para una ideología ortodoxa nos lo recuerda,  Pío XI en la encíclica Quadragesimo Anno,  , donde afirma: "Les guiaba ( se está refiriendo a los laicos católicos que querían modernizar  la Iglesia al ritmo de las revoluciones burguesa e industrial) principalmente el empeño de que la doctrina absolutamente inalterada e inalterable de la Iglesia satisficiera más eficazmente a las nuevas necesidades".

 Este trabajo, como ya han podido imaginar, trata de establecer dos hechos: desvelar el carácter totalitario de la ideología religiosa monoteísta, especialmente de la católica por su influencia en el totalitarismo europeo, y establecer, si existe  relación entre esa ideología religiosa totalitaria y las políticas totalitarias que en los años treinta del siglo XX consiguen triunfar, después del largo proceso de gestación a lo largo del siglo XIX.

 Estos aspectos son originales porque autores tan destacados como Sternhell en "El nacimiento de la ideología fascista", Hannah Arendt, en "Los orígenes del totalitarismo" o Sabine en su "Historia de la teoría política" no han tenido en cuenta la relación de  la ideología clerical católica con el totalitarismo político.

 De manera que, aunque Sabine no diga nada en su libro "La Historia de la Teoría Política" y por esa razón no califique nunca la ideología católica de totalitaria y no establezca ninguna relación entre esa ideología y las políticas totalitarias del siglo XX, toda religión monoteísta, cuyos dioses se identifican con los valores que son autoritarios, patriarcales, antifeministas y homófobos, es una teoría del poder autoritario que elabora una doctrina de salvación, una mitología, reelaborada a partir de las mitologías precedentes, y unos valores, una moral, al servicio del Poder. Esta es la principal conclusión de este libro.

 Que la religión es una teoría del Poder ya nos lo cuenta Moisés en el "Exodo" y el "Levítico"; lo ratifica Pablo de Tarso, y lo repiten San Agustín y el papa Gelasio VI, en el siglo V, Gregorio VII, Inocencio III en en su bula "Venerabilem",  Egidio Colonna, representante del papa, en su libro "De ecclesiastica potestate, Campanella, quien en el contexto de las guerras de religión de los siglos XVI y XVII propone en su libro "De monarchia cristianorum, De regimene Ecclesiae  y De Monarchie Hispanica una monarquía mundial bajo la autoridad pontificia;  los jesuitas quienes, obedientes al Jefe o papa, defienden la teoría del origen divino del poder: Suárez en su  "Tractatus de  legibus ac deo legislatore" y Mariana en "De rege et regis institutione". Y la pusieron en práctica creando un Estado jesuita en el Paraguay. Y lo irán repitiendo todos los papas durante los siglos XIX y XX, quienes no reconocen más soberanía que la de origen divino.

 Y ahora viene, siguiendo los pasos del fundamentalismo islámico y del nacional-catolicismo, Esperanza Aguirre, mitad monje mitad soldado al servicio fiel del clero, y afirma que el cristianismo es la base de la civilización cristiana. ¡Sí! Tiene razón,  pero es la base de la civilización occidental  antidemocrática y absolutista, tradicionalista, represiva, reaccionaria,  antifeminista y homófoba. Porque éstos son los valores del cristianismo.

 Sin embargo, la civilización occidental progresista se ha ido construyendo antes del cristianismo en el mundo clásico y después del cristianismo en el Renacimiento, la Ilustración, el liberalismo político y la defensa de la democracia, los derechos individuales y el deseo de progreso, felicidad y  placer. De manera que a partir del triunfo del constitucionalismo democrático la sociedad occidental ha dejado de ser cristiana. Y no es solamente una conclusión mía, lo denunciaron los papas, como podrán leer en este libro, desde la revolución francesa hasta hoy.

 Dios es de derechas. Nazionalismo, franquismo y catolicismo: una alianza contra la libertad.

 Javier Fisac Seco

UCR 20 de Abril de 2009