La conexión francesa ( I ).
La guerra contra Egipto estaba íntimamente unida a la orientación francesa en la política exterior israelí. El rechazo final de Estads Unidos a la petición israelí de armas en abril fue un momento decisivo para Ben-Gurión. En adelante, buscó que Francia satisficiera las necesidades de Israel de armas modernas. La búsqueda de armas en Francia no fue una elección deliberada, sino la consecuencia del fracaso de la orientación norteamericana. La idea de una guerra preventiva resurge en el contexto de las siempre estrechas relaciones con Francia.
Simón Peres, director general del Ministerio de Defensa, fue el principal arquitecto de la conexión francesa. Peres no era un ideólogo, sino un tecnócrata y un gran pragmático. Se preguntaba cómo esquivar el embargo de armas a Israel, y llegó a la conclusión de que Francia ofrecía la mejor opción.
La relación entre Israel y Francia comenzó con el suministro de armas, y llegó a incluir la cooperación política y militar, alcanzando su clímax en la guerra conjunta contra Egipto. El primer gesto significativo se dio en octubre de 1955, cuando el primer ministro Edgar Faure, prometió a Israel dos docenas de caza Outragan, varios aviones de transporte, distintos tipos de piezas de artillería de mediano calibre y un contingente de armas ligeras. A comienzos de 1956 se formó el Gobierno socialista de Guy Mollet, en coalición con los radicales, cuyo representante, M. Bourges-Maunoury, fue nombrado ministro de Defensa. En aquella época, Egipto incrementó su apoyo a los rebeldes argelinos que luchaban en el FLN por independizarse de Francia.
La común enemistad con Egipto llevó al estrechamiento de lazos entre los dos países. Los militares franceses tenían tres prioridades: Argelia, Argelia y Argelia. Israel no solo paso cuanta información tenía sobre el apoyo de Egipto a los rebeldes, sino que también exageró la dimensión de este apoyo. Los franceses consideraban que la rebelión argelina sólo fracasaría si Nasser quedaba fuera de juego. No existían serios argumentos para sustentar esta visión, pero los israelíes, no obstante, la impulsaron. Y, a medida que la rebelión argelina ganaba importancia, el Gobierno francés fue desinhibiéndose en su suministro de armas a Israel, a pesar de que contraviniera la Declaración Tripartita de 1950, que Francia había firmado junto al Reino Unido y los Estados Unidos.
A finales de junio se celebró en el castillo de Vermars una conferencia formal, aunque secreta, de oficiales de alta graduación de ambos países. La delegación israelí incluía a Dayan, Harkabi y Nachmias. En una introducción cuidadosamente preparada, Dayan se refirió al peligro que Nasser representaba para el Oriente Próximo y el Norte de África. Su objetivo, dijo, era eliminar toda influencia europea de la región y convertir Egipto en base de vanguardia del poder soviético. Israel no tenía un conflicto generalizado con el mundo árabe. Su problema era Nasser, y su principal objetivo derrocarlo. Evitar el establecimiento de una base militar soviética era un interés internacional e israelí. Su país estaba preparado para una acción conjunta con Francia contra Nasser en los ámbitos político y militar. El imperio árabe soñado por Nasser no podría construirse sin someter primero a Israel. De ahí la necesidad de que Israel se mantuviera fuerte. Para el país las dos principales necesidades eran los tanques y los aviones. Dayan subrayó que estaba convencido de que Nasser atacaría a Israel. Quería saber si los franceses estaban dispuestos a cooperar con los israelíes, directa o indirectamente, con el objeto de derrocar a Nasser y reforzar a Israel contra un ataque egipcio.
Los franceses respondieron que aceptaban el análisis de Dayan y sus propuestas, salvo que, derrocar a Nasser, era un asunto político y no tenían autoridad para comprometer a su Gobierno en esa línea de acción. Lo más lejos que podían llegar era emprender acciones conjuntas para frustrar las iniciativas de Nasser. Esto era sufriente para Dayan. Lo más importante, dijo, era demostrar a Nasser que la política de destrucción de la influencia occidental en Oriente Próximo y la tendencia prosoviética no rendirían beneficios. Se llegó a un acuerdo para cooperación en materia de servicios secretos y para operaciones conjuntas, como la voladura de las antenas de Saut al-Arab, que emitía propaganda egipcia al mundo árabe, así como asestar un golpe a las bases del FLN en Libia. A cambio se prometió a Israel 72 aviones Mystère, 200 tanques AMX y grandes cantidades de munición y repuestos. Las cifras superaron los 100 millones de dólares, una enorme cantidad en aquellos días.
La Conferencia de Vermars fue un punto de inflexión. Supuso una solución efectiva al problema que había afectado a la defensa de Israel desde el acuerdo de armas con Checoslovaquia: el cambio en el equilibrio militar a favor de Egipto. La superioridad israelí sobre Egipto se veía ahora garantizada por los franceses. Ya no había necesidad de lanzar un ataque preventivo, Egipto no representaba una seria amenaza. En lo que se refería a Israel, ese podría haber sido el final de la historia.
La idea de una acción conjunta sólo nació cuando Nasser nacionalizó la Compañía del canal de Suez, el 26 de julio, día del cuarto aniversario de la revolución de los Oficiales Libres. Nasser hizo su dramático anuncio tras la brusca cancelación de la oferta norteamericana de financiación para construir la presa de Asuán. El golpe de Nasser se dirigía a las potencias occidentales y no a Israel. El Reino Unido y Francia eran los dos países más directamente afectados al ser socios de la Compañía del Canal. Estados Unidos y el Reino Unido pidieron a Israel que se mantuviera al margen de la disputa. Los británicos se mostraban particularmente ansiosos por mantener sus diferencias con Nasser lejos del conflicto árabe-israelí. El Reino Unido y Francia comenzaron a debatir una acción militar conjunta para recuperar el Canal, pero los británicos insistieron en que Israel no se involucrara o fuese siquiera informado de ese plan. El Gobierno Eden persistió en su actitud hacia Israel. Rechazó la sugerencia francesa de que se suministrase armas a Israel, con el argumento de que ello uniría a los Estados árabes en apoyo de Nasser. Incluso consideró conveniente pedir al Gobierno de Israel que se abstuviera de emprender cualquier acción contra Egipto que pudiera poner al Reino Unido en una situación embarazosa.
(Fuerntes:Avi Shlaim:El muro de hierro)







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