La Misión Anderson ( I ).
Eisenhower lanzó una gran iniciativa personal para explorar las posibilidades de un entendimiento entre Ben-Gurion y Nasser. Envió a la región a Robert Anderson, amigo personal y antiguo vicesecretario de Defensa. La misión, denominada Operación Gamma, fue preparada en noviembre de 1955 con el objetivo de negociar un acuerdo y, si fuera posible, organizar un encuentro entre los dos dirigentes. Entre diciembre de 1955 y marzo de 1956, Anderson dirigió tres rondas de conversaciones viajando entre El Cairo y Jerusalén a través de Atenas y Washington con la mayor discreción.
En Israel, la iniciativa se tomó muy en serio tanto por el interés del presidente como por la importancia del emisario, pero no gozaban de gran consideración sus posibilidades. La principal preocupación de Nasser parecía ser asegurarse de que no se filtraran las noticias sobre la misión. Solo compartió el secreto con dos de sus colegas. Pero mientras Ben-Gurion y Nasser dudaban que un acuerdo fuera posible, cada uno tenía sus propias prioridades. Ambos necesitaban la buena disposición norteamericana: Ben-Gurion para obtener armas, y Nasser para conseguir ayuda financiera con la que construir la presa de Asuán.
Las posiciones fundamentales de ambos bandos no presentaron sorpresa alguna. Nasser recamó una parte sustancial del Negev que permitiera la continuidad entre Egipto y Jordania. También quería que se le diera a los refugiados palestinos la libre elección entre la repatriación y el reasentamiento con compensación. Ben-Gurion y Sharett estaban dispuestos a discutir reajustes territoriales menores y una contribución para solucionar el problema de los refugiados, pero únicamente en el marco de negociaciones de paz directas.
Ben-Gurion concedía gran importancia a un encuentro cara a cara con Nasser. Reiteraba la tradicional denuncia israelí: el rechazo árabe a reconocer el derecho a existir de Israel era el principal obstáculo para el acuerdo. Doce años después de estos contactos, Ben-Gurion tomó la inusual decisión de publicar las notas de sus conversaciones con Anderson. En ellas, Anderson figura como "el emisario". Primero las publicó en un periódico y después en un opúsculo titulado Negociaciones con Nasser. Su motivo para airearlas residían, sin duda, en su voluntad de demostrar que hizo cuanto fue posible por avanzar, y que Nasser fue el único responsable del fracaso de las conversaciones. Pero lo que se deduce con claridad de aquellas notas es la vieja táctica de Ben-Gurion consistente en proyectar una imagen de hombre razonable y situar las responsabilidades del fracaso sobre los hombros de sus opuestos árabes. Esta era la táctica que tan buenos resultados le habían dado con el gran mufti, Hadj Amin Al-Husseini, así como con otros líderes árabes en el periodo anterior a la independencia. Lo intentó de nuevo con Nasser al insistir, sin tregua, en un encuentro a solas como la única prueba real de sus intenciones. Dijo a Anderson que si él y Nasser pudieran encontrase a solas, la paz podría alcanzarse en dos o tres días. Esto parecía una propuesta razonable pero, como Ben-Gurion sabía perfectamente, no existía la más remota posibilidad de que Nasser acediera a su propuesta, dado el tabú que suponía para los árabes el reconocimiento o el trato directo con el enemigo. A uno no le quedaba más remedio que concluir que Ben-Gurion estaba simplemente tratando de ganar puntos sobre su oponente.
Anderson hizo cuanto estuvo en su mano por convencer a Nasser para que accediera al deseo de Ben-Gurion, pero aquél rechazó la idea. Argumentó que el pueblo egipcio, su ejército y el mundo árabe se opondrían a tal encuentro. Nasser añadió dos temas. El primero, Israel no era un problema para Egipto, era un problema para todos los árabes y debía mantenerse en sintonía con el resto de Estados árabes. Segundo, la única base para un acuerdo, en lo que se refería a Egipto, era la Resolución de la ONU de 1947 sobre la Partición. Esto era, por descontado, un completo despropósito para Israel.
Anderson reconoció que no había posibilidades de acercar posiciones y que su misión había fracasado. Informó que Nasser había mencionado cuatro veces el asesinato del rey Addallah. Estaba dispuesto a hablar con Estados Unidos, que podrían hablar con Israel, pero no correría el riesgo de llevar un israelí a Egipto. Eisenhower responsabilizó a ambas partes del fracaso. Nasser era "un enorme obstáculo", en tanto que los israelíes eran "completamente categóricos en su actitud de no hacer concesiones de ningún tipo para hacer la paz".







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