Ventana de Opinión. (Dios es de Derechas) ( III )
UCR 20 de Abril de 2009
Un papa no es otra cosa que un aristócrata romano que ha nacido, vivido y muerto rodeado de lacayos, siervos y riqueza, como un emperador romano, cuyos modales, formas y vestidos conserva siglo tras siglo siguiendo el modelo de varón virtuoso establecido por Aristóteles en su "Etica nicomaquea" donde propone como modelo de conducta el término medio, que es el carácter ideal del varón magnánimo. "El varón magnánimo, dice, se preocupa de modo especial por el honor y la deshonra. No se complacerá sino con moderación en los honores grandes que le tributaren los virtuosos, pues entiende que sólo le dan lo que él de suyo se merece y aun menos de lo que se merece; puesto que sería imposible concebir un honor que fuese proporcionado a la virtud perfecta. No obstante, aceptará los honores, por no tener los demás cosa más grande que ofrecerle. Pero despreciará los honores tributados por el vulgo o en virtud de causas de poca monta, ya que él se merece cosa mejor. Asimismo despreciará la deshonra, sabiendo que con justicia no puede infligirse a él... El varón magnánimo tiene justo motivo para despreciar a los demás, porque de ellos se forma un juicio acertado; en cambio el vulgo carece de razón justificada para despreciarlo a él...El varón magnánimo no es aficionado a enfrentarse con peligros pequeños, ni en general con peligro alguno; porque son pocas las cosas que pueda tener él por tan importantes que lo puedan dañar...Además, según parece, el varón magnánimo deberá ser pausado en sus movimientos; de voz profunda; y sosegado en su hablar, pues no es verosímil que un hombre se apresure, si no tiene muchas cosas de que andar solícito; ni que se dé tono, si ninguna cosa juzga importante; que tales son las causas de que la gente hable con voz chillona y ademanes sacudidos".
El varón magnánimo está por encima de las preocupaciones de los hombres ordinarios, al modo que dios está por encima del universo. Es un aristócrata que, consciente de sus virtudes, se siente autorizado para darse aires de superioridad. En su concepción del modelo de Estado rechaza un gobierno controlado por los trabajadores y aunque no deshecha la monarquía, se inclina por un gobierno formado por la clase media. Su Estado ideal, como en el de los demás pensadores filosóficos o religiosos, debe mantenerse en guardia contra las revoluciones, porque los hombres están dispuestos a rebelarse por muchos motivos. Especialmente peligroso para el Estado es cuando los trabajadores desprecian a la clase alta. La única base sólida de su Estado es la agricultura, porque el comercio y el dinero intensifican los egoísmos individuales que perjudican al bien común. Bien común, como ya sabemos por Platón, es aquel en el que los privilegiados, sean sabios o terratenientes militares, gobiernan sobre el pueblo. En este bien común la esclavitud está justificada porque hay hombres que carecen de alma racional; la desigualdad económica, porque es un hecho natural que haya ricos y pobres"
En fin, el papa es un príncipe absolutamente ajeno a la condición humana, sin sensibilidad ninguna hacia la miseria, pero con un código de conducta que no una proclamación de derechos, las bienaventuranzas, que fomentan la resignación entre los trabajadores porque, sólo siendo desgraciados alcanzarán la salud en la muerte. Pero él no sabe lo que es ser, cada día, un desgraciado.
Un papa a raíz de la revolución francesa y a lo largo del siglo XIX y XX es un señor feudal, un anacronismo en un mundo en revolución política, industrial e intelectual. Un príncipe feudal que ve como su mundo se derrumba al ritmo de estas revoluciones. Se derrumba políticamente porque las monarquías absolutas son derrocadas y sustituidas por gobiernos democráticos en los que el poder ya no viene de dios, sino de la soberanía nacional; se derrumba intelectualmente porque hay teorías: el liberalismo político, el socialismo y el anarquismo que se ofrecen como alternativas a las teorías divinas; se derrumba socialmente porque los trabajadores, el pueblo, esa cosa de la que el ha oído hablar a través de sus secretarios o por la lectura de la Biblia y los Evangelios, se organizan sindicalmente bajo la dirección de los socialistas y anarquistas y , entonces, empieza a sentir pánico al ver cómo su función social: la de controlar a las masas para ponerlas al servicio del poder, se le escapa de entre las manos.
Dios es de derechas. Nazionalismo, franquismo y catolicismo: una alianza contra la libertad.
Javier Fisac Seco
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