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¿Pero, qué nos está pasando? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a esperar antes de declararnos objetores de este Sistema político-económico tan antidemocrático como perverso? ¿Es que, acaso, instalados en nuestro "paraíso particular"nos hemos vuelto insensibles ante lo que ocurre a nuestro alrededor? ¿Ya hemos olvidado lo que nos advertía Martin Niemöller de que algún día vendrían a por nosotros?

Asistimos sin un mal gesto al derrumbe del neo-liberalismo económico que ha supuesto el desempleo inmediato y la posible miseria futura para millones de trabajadores, mientras que los gestores de la catástrofe se hicieron de oro y los bancos, financieras y empresas que sustentan al Sistema y causaron la quiebra del mismo, reciben balones de oxígeno en forma de billones de euros o de dólares.

Impávidos comprobamos cómo, paso a paso, se desmonta el Estado en sus funciones de árbitro de las relaciones económicas creadoras de riqueza, agente redistribuidor de la misma y garante del bien común y cómo, sin embargo, es a ese mismo Estado al que le reclaman ayuda urgente los mismos apóstoles del neo-liberalismo depredador de la clase trabajadora, y profetas de la verdad incuestionable de la propiedad privada, el libre Mercado y la libre circulación de capitales.

Es muy probable que, cómo nos apuntaba Niemöller, ya estén tras nuestros pasos. No de otra forma puede entenderse ese creciente "ruido" mantenido en declaraciones de los políticos, tertulias de sesudos analistas y medios de comunicación en las que se nos señala lo necesario que se hace, para ganar competitividad en los mercados y acercarnos al pleno empleo, liberalizar el mercado de trabajo. "Ruido" que se amplifica con nuevos ecos que nos advierten que se hace necesario, para poder mantener el actual sistema de pensiones, una revisión urgente del Pacto de Toledo y la ampliación de la edad de jubilación de los trabajadores.

¡Habrase visto tanta desvergüenza!¿No se oculta tras esa palabrería capitalista el deseo del despido libre? ¿Acaso representa el salario de los obreros la partida más gravosa del producto final? ¿Qué decir de los emolumentos, primas y "blindajes" de los altos ejecutivos así cómo de los gastos de representación, dietas  y otras sinecuras de los mismos? ¿No se ganará en competitividad invirtiendo en investigación, adquiriendo -con cargo al reparto de beneficios- equipos modernos o haciendo partícipes a los obreros de primas de producción o de una participación en la cogestión empresarial? ¿No se encontrarán las dificultades empresariales tras la ineptitud profesional de sus directivos, el despilfarro y la mala gestión?

¿Cómo se puede, tan siquiera insinuar, que el sistema de pensiones actual está en peligro? ¿Dónde se encuentran las cantidades retenidas a cuenta a los trabajadores para su futura pensión? ¿No son suficientes atracos las normativas que regulan los tiempos para tener derecho a la totalidad de las mismas o las cantidades que se embolsa el Estado cuando existe fallecimiento de los perceptores de ellas, aún en detrimento de sus viud@s? ¿No es acaso consecuencia de las políticas empresariales los casos de pre-jubilaciones forzosas que van, indefectiblemente, a cargo del erario público? ¿No es también debida a estas políticas empresariales el que a los trabajadores con más de 50 años se les intente dar de baja -o no se les contrate- debido a que ya "no son rentables"? ¿No es cierto el que se ofrezca trabajo sin sueldo a los jóvenes a cambio de "adquirir experiencia" profesional?

Pero eso no es todo. ¡El Sistema está absolutamente podrido!

Mientras que en nuestro país resulta imposible eliminar la herencia franquista, al criminal dictador Pinochet fue imposible enjuiciarle debido al complot internacional de intereses políticos en contra de ello. No hace mucho que se invadió un país, Irak, causando cientos de miles de muertos y una destrucción generalizada anunciándose a los ciudadanos la más abyecta de las mentiras para justificarla. Pues bien, sus impulsores gozan de la impunidad, la riqueza, y el prestigio ante  una parte de los ciudadanos.

 Por si no fuera suficiente, hoy nos enteramos de lo que ya intuíamos: los Estados Unidos practicaron la tortura a los presos detenidos en Guantánamo, Abu Ghraib, y en otras cárceles secretas. ¿Cómo es posible aceptar sin pestañear semejante salvajada en el siglo XXI y por un Estado que se dice democrático y guía político, económico y militar del mundo libre? ¿Hemos regresado a la barbarie o, tal vez, nunca hemos salido de ella? Porque, si ya de por sí este hecho nos retrotrae a las cavernas, no resulta menos inaceptable el que Obama nos anuncie que no habrá represalias sobre los torturadores porque ellos "cumplían con órdenes legales establecidas en la  Administración del expresidente Bush".

 Tras leer esto no me queda otra opción que pensar que nuestros políticos nos toman por imbéciles. Aunque también puede ser que realmente lo somos o, cómo nos advertía Niömoller, ya se han apropiado de nuestra capacidad crítica y de nuestro intelecto. Si no recuerdo mal, en los Crímenes de Guerra, los de Lesa Humanidad, los de Genocidio, o contra los Derechos Humanos, la obediencia debida o el respeto a la Ley establecida no es eximente.  Al menos, así quedó establecido en los Procesos de Nüremberg.

 ¿Y, con estos precedentes, se nos quiere llevar a una nueva guerra en Afganistán en defensa de un Sistema que es capaz de condenar a la miseria a los trabajadores y torturar a los seres humanos? ¡¡Que no cuenten conmigo, mi objeción de conciencia es absoluta!!