Las penas y tribulaciones de un moderado ( II ).
Dayan llamó a las tropas que ya habían cruzado la frontera y después se dirigió a Jerusalén donde presentó su dimisión. En su carta, manifestaba que las diferencias entre la política de defensa establecida por el Gabinete y la política que él consideraba necesaria hacían que le resultase imposible continuar como jefe del Estado Mayor. Encontrándose en completa sintonía con él, Ben-Gurion convocó una reunión con los ministros del Mapai en el Gobierno. Presentó la carta de Dayan y exigió la adopción de una línea clara, o bien la de Sharett o la de Ben-Gurion. Habiendo dicho lo que pensaba salió de la habitación y, en señal de protesta, estuvo fuera de su oficina en el Ministerio de Defensa durante veinticuatro horas, Sharett cedió. Esa misma tarde convocó una reunión del Consejo de Ministros en la que, por recomendación suya, se apoyó el plan de Dayan de asalto a la comisaría de Khan Yunia, en el extremo sur de la franja de Gaza. Dayan y Ben-Gurion volvieron a sus puestos y se emprendió la primera operación a gran escala desde que se llevara a cabo el ataque a Gaza, cobrándose las vidas de treinta y siete egipcios e hiriendo a otros cuarenta y cinco.
Sharett estaba exhausto por la constante lucha para contener a Ben-Gurion y sus oficiales. No tenía que contener sólo propuestas de represalias, sino participaciones directas de guerra contra Egipto. Ben-Gurion propuso para resolver los incidentes fronterizos fue convocar al general Burns para advertirle que o los egipcios ponían fin a los asesinatos o Israel tomaría la franja de Gaza, expulsaría a las fuerzas egipcias y vigilaría la frontera por sí solo. Sharett replicó que este paso implicaba un riesgo de guerra y que por tanto no debería darse a menos que Israel estuviera preparado para ella y evidentemente no sin una decisión explicita del Consejo de Ministros.
Sharett sufrió un gran impacto cuando algunos de los altos cargos del Ministerio de Asuntos Exteriores cercanos a él se unieron a los activista y pidieron una guerra preventiva contra Egipto. "Guerra preventiva" es un nombre equivocado, dado que no existían pruebas de que Egipto planeara atacar Israel, a pesar de que los defensores de la guerra así lo sostuvieron desde siempre. Estos defensores también creían que una derrota militar conllevaría la caída del régimen militar encabezado por Nasser, creencia también compartida por algunos círculos del Gobierno norteamericano contrarios a Nasser, creencia por otra parte errónea dada la popularidad en Egipto de este. El 12 de octubre, Saherrt recibió un comunicado de Abba Eban. Decía que Eban, Reuven Shiloah, Katriel Salmon y Gideon Rafael, habían llegado a la conclusión de que Israel no podía contar con recibir armas o garantías de seguridad de los Estados Unidos para compensar el armamento soviético que Egipto estaba a punto de recibir. Su consejo, por consiguiente, era que Israel debía prepararse para la posibilidad de iniciar una guerra preventiva a fin de romper la columna vertebral del ejército egipcio antes de que se volviera más fuerte y derrotar a Nasser y su camarilla. En su diario Sharett rememora sus pensamientos a leer el comunicado: "¿Cuál es nuestro destino en este mundo?, ¿guerra hasta el final de todas las generaciones y vivir empuñando la espada?".
Más tarde, Rafael explicó que la penetración soviética en Oriente próximo y el suministro de armamento a Egipto hicieron que sus colegas y él llegaron a la conclusión de que Israel debía desarrollar una opción militar. Si embargo, Sharett estaba furioso. Sabía que prepararse para la posibilidad de una guerra preventiva, podría generar el impulso para ir a la guerra. Sharett estaba resuelto a hacer todo lo que pudiera para frenar la tendencia a favor de la guerra. Isser Harel, jefe del Mossad, unió su poderosa voz a la de los que pedían una guerra preventiva. Entregó a Sharett un amplio memorando sobre el tema de la guerra preventiva que recomendaba sin reservas.
Las palabras tranquilizadoras vinieron de un inesperado círculo. El 22 de octubre, Sharett fue a visitar a Ben-Gurion y lo encontró enfermo en cama. Ben-Gurion le dijo que se oponía a una "guerra iniciada". Había leído los distintos memorandos y no estaba de acuerdo con sus conclusiones. Menos tranquilizadores fueron las propuestas de Ben-Gurion respecto a tomar enérgicas represalias contra cada violación egipcia del acuerdo de armisticio, responder enviando las FDI dentro de la zona desmilitarizada en El-Auja y mantenerlas allí y apoderarse de la parte norte de las ZDM a pesar de Siria si los sirios no se comportaban como debían. Sharett se marchó sin descubrir si Ben-Gurion intentaba simplemente reaccionar a las provocaciones o provocar la guerra.
Al día siguiente Sharett partió de viaje para reunirse en París con el primer ministro francés Edgar Faure, y con los ministros de Asuntos Exteriores norteamericanos, británico y soviético en Ginebra. Su objetivo era presionar para evitar que suministraran armamento a Egipto, y en su defecto que se restaurara el equilibrio militar mediante el suministro de armas a Israel. Salvo la promesa que le hizo Faure sobre el suministro de aviones caza y sobre el cual debían guardar silencio, volvió con las manos vacías y desilusionado.
(Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)







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