El Conflicto poliédrico. (5ª parte. El Triunfo de los "Halcones")
La coalición ( I ).
La coalición que originó el ataque a Gaza también hizo imposible hacer una política coherente o consistente en el periodo posterior. Una avalancha de incidentes y de enfrentamientos sangrientos a lo largo de la frontera con Gaza que Sharett consideró como una consecuencia inevitable del ataque israelí, fue tomada por Ben-Gurion como un signo de la creciente belicosidad egipcia que, si continuaba sin respuesta, pondría en peligro la seguridad básica de Israel.
El incidente más serio ocurrió el 25 de marzo. Un grupo de egipcios llegaron hasta Patish, un asentamiento de inmigrantes iraníes en el Negev y atacaron con armas automáticas y con granadas una casa en la que se celebraban una boda, hirieron a veinte personas y matando a una joven. Ben-Gurion se reunió con Dayan y le dijo que deberían expulsar a los egipcios de la franja de Gaza, capturarla y dejarla bajo dominio israelí. Esta sugerencia sorprendió a Dayan. En el pasado, Ben-Gurion se había opuesto firmemente a tomar Gaza porque en ella había 300.000 refugiados hostiles e implacables contra los que el Estado de Israel no podría hacer nada. Para Dayan las razones militares eran aún más importantes y basándose en ellas se opuso a la idea.
A pesar de estas objeciones, Ben-Gurion sometió al Consejo de Ministros una propuesta a la que adjuntó un detallado plan operacional para la toma de la franja de Gaza y expulsar a los egipcios de esa zona. Sharett se asustó por la estrechez de miras de este plan y por su miopía porque presentaba la toma de Gaza como objetivo final sin ahondar en sus posibles consecuencias y ramificaciones. En este contexto, se opuso a la propuesta de Ben-Gurion porque sólo conduciría a presentar a Israel como el agresor, responsable de provocar una guerra con Egipto y de ocasionar la intervención británica en apoyo de ese país sobre la base de la Declaración Tripartita. Además, aseguró que apoderarse de la franja de Gaza no solucionaría ningún problema de seguridad, porque aunque la mitad de los refugiados que vivían allí huyeran o se les expulsara hacia las colinas de Hebrón, sólo se conseguiría aumentar su odio hacia Israel, engendrando peores y más frecuentes actos de venganza y desesperación. El Consejo de Ministros desestimó la propuesta por nueve votos contra cuatro, pero Sharett era consciente de que la mayoría de sus colegas del Mapai apoyaron a Ben-Gurión en contra suya.
Tres días después de que el Gabinete desestimara el plan de Gaza, otro asesinato hizo que Ben-Gurion presentara una nueva y espectacular propuesta, esta vez para denunciar el acuerdo de armisticio con Egipto. No pidió al Consejo de Ministros que asumiera la responsabilidad de revocar el mencionado acuerdo, sino que no lo consideraba vinculante para Israel dado que Egipto no lo había cumplido al ignorar, inter alia, la decisión del Consejo de Seguridad sobre la libertad de navegación a través de canales internacionales. El armisticio alegó, se había convertido en una farsa de la que Israel no debería ser parte. Si Egipto quería llevar a cabo negociaciones de paz con Israel, serían bienvenidos, si no, Israel debería tener las manos libres.
La impresión de Sahrett fue que Ban-Gurion buscaba alguna salida mediante un movimiento atrevido y agresivo que no había sido precedido de un análisis frío ni calculado. Sharett señaló la dificultad de probar que la negación de los derechos marítimos constituyera una violación del acuerdo de armisticio y la dificultad adicional de explicar por qué, si era realmente una violación, Israel había esperado cuatro años antes de hacer esta declaración. Desde fuera se vería como un pretexto de Israel para liberarse de las restricciones impuestas por el acuerdo de armisticio a fin de embarcarse en una campaña de conquista territorial. Por tanto daría lugar a una unánime condena internacional. Sharett, dijo, que había que tomar una decisión clara respecto al objetivo básico de Israel, o bien consolidar el statu quo, o buscar una nueva resolución mediante la fuerza.
En la votación del Consejo de Ministros se produjo un empate: seis ministros, todos miembros del Mapai, votaron a favor de revocar el acuerdo de armisticio, seis votaron en contra y los demás se abstuvieron. La propuesta de Ben-Gurion no fue aceptada, pero tampoco rechazada categóricamente. Para Sharett la votación significó una seria advertencia personal. Se salvó por muy poco de tener que dimitir, mientras que el Gobierno que encabezaba había estado terriblemente cerca de infligir una desgracia al país.
(Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)
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