Cada día que pasa nos vamos quedando sin referencias y notamos que nos quedamos más solos, rodeados de nuestros recuerdos y de nuestras imperfecciones. Un día fue el autor de aquel libro de aventuras que nos hizo navegar en busca de tesoros escondidos en lejanas islas; otro, el Maestro que con un dibujo fue capaz de mostrarnos el horror de la guerra y, hoy mismo, una voz quebrada de mujer que acompañó nuestro Amor.

Mari Trini, te vas en pos de la estrella que una vez cayó en tu jardín pero nos dejas el recuerdo del tiempo en el que, a fuerza de hacernos soñar, fuimos buenos.