El Conflicto poliédrico. (5ª parte.El Triunfo de los "Halcones")
El diálogo con Nasser ( II ).
Nasser dio una respuesta mas detallada a las sugerencias y peticiones israelíes. En primer lugar, pidió que se trasmitiera a Sharett su admiración y su gratitud. En segundo lugar, hizo hincapié en que los acusados del juicio de El Cairo eran mercenarios del servicio de inteligencia de un país extranjero, pero que no obstante, usaría su influencia para asegurar unas sentencias que no inflamaran los ánimos: En tercer lugar indicó que el Bat Galim sería liberado, pero no se le permitiría atravesar el canal de Suez. En cuarto lugar, dijo que los barcos no israelíes serían autorizados a transportar a Israel, a través de Suez y del golfo de Aqaba, cualquier tipo de carga, excepto material de guerra y petróleo. En quinto lugar, la propaganda hostil y el enfrentamiento político cesaría si había reciprocidad en Israel. En sexto lugar prometió que se harían los esfuerzos necesarios para prevenir incidentes fronterizos, siempre que Israel hiciera lo propio. Para finalizar, acordó conversaciones a alto nivel, preferentemente en París, pero sólo a condición de que se llevasen en estricto secreto.
El acuerdo de Nasser respecto a las conversaciones fue lo más alentador. Sharet escogió a Yigael Yadin para representar a Israel en las negociaciones. Así mismo preparó con la ayuda de Gideon Rafael algunas propuestas positivas para las conversaciones que incluían un pasillo por tierra entre Egipto y Jordania por el Negev, y el pago de indemnizaciones ara ayudar a reubicar a los refugiados palestinos en la franja de Gaza. Se ofrecieron los servicios de la CIA para asegurar que las conversaciones se mantendrían en secreto. Pero el 22 de diciembre, el agente israelí Max Bennet se suicidó en su celda en El Cairo y el 27 de enero de 1955 el tribunal militar declaró culpables a ocho de los doce acusados y condenó a dos de ellos a muerte. Los israelíes quedaron consternados con la noticia. Sharett canceló las conversaciones diciendo, "no negociaremos a la sombra de la horca".
Gideon Rafael acusó a Nasser en sus memorias de doble juego y engaño. Ninguna de sus numerosas acusaciones tiene un fundamento documental. De hecho, representan lo contrario a lo que se desprende de los documentos. Nasser no dio ningún pretexto ni pidió a Israel ningún gesto unilateral. Su reacción a los actos perpetrados por la inteligencia israelí fue casi irracionalmente razonable. También demostró que era un hombre de palabra. Prometió liberal el Bat Galim y así lo hizo. Prometió frenar la propaganda hostil y la política de guerra y lo cumplió. Entretanto, Israel, hizo todo lo contrario. Nasser prometió hacer un esfuerzo para evitar incidentes en la zona fronteriza y de los informes que se desprenden de la inteligencia egipcia se desprende que lo hizo. Sobre el juicio de El Cairo dijo muchas cosas, pero nunca prometió que no se dictarían sentencias de muerte. La línea oficial fue que el Gobierno no pudo interferir en el juicio en el juicio. Una vez que el tribunal militar hubo dictado una sentencia de muerte, Nasser difícilmente podía conmutarla. Poco tiempo antes, miembros de los Hermanos Musulmanes habían sido condenados por similares actos de terrorismo y habían sido ejecutados. Tal y como Nasser explicó a los numerosos intermediarios enviados por Israel para pedir clemencia, habría sido desastroso políticamente para él que hubiera parecido que era más indulgente con los terroristas judíos que con los musulmanes.
Quizás fuera el acuerdo para mantener conversaciones a alto nivel la más clara indicación del sincero compromiso de Nasser de mejorar las relaciones con Israel. Para él era un aventura de gran riesgo y aún así, no fue Nasser sino Sharet quien las dio por terminadas. Nasser informó a los israelíes a través de la CIA que no consideraba las sentencias de muerte como un motivo para no seguir adelante con las conversaciones. Los norteamericano habían elogiado a Sharett por la constructiva agenda que había propuesto y le presionaron para que siguiera adelante. La respuesta de Sharett fue negativa.
Este episodio poco conocido de las relaciones egipcio-israelíes pone en tela de juicio una vez más la versión oficial que asegura que Israel siempre luchó por conseguir un contacto directo y que siempre se encontró con la negativa de los árabes.
En el frente doméstico, Sharett continuaba luchando con las consecuencias del desastre de El Cairo. Convocó una reunión para investigar los hechos que había tras el escándalo formado por Yitzahak Olshan y Yaacov Dori. El comité recibió evidencias creadas y falsos testimonios que incriminaban a Lavon, aunque esto no se supo hasta cinco años después. Dayan y Peres apoyaron la versión de Gibli y facilitaron pruebas al comité que se referían de forma amplia y crítica a las deficiencias de Lavon como ministro de Defensa. Dayan confirmó que Lavon desobedecía sistemáticamente a Sharett, pero fue muy franco sobre su propio papel:
"No quise ocultar mi participación pasiva en el engaño de Lavon a Sharett. Expliqué que sabía que de vez en cuando Lavon engañaba a Sharett (no haciéndole partícipe de ciertos asuntos), pero si Lavon se arriesgaba, yo no tenía por qué interferir. Más aún, estoy en total desacuerdo con la concepción política de Sharett y veo que su negativa a autorizar operaciones perjudica en ocasiones los intereses del Estado, y no tengo ningún motivo ara ayudarle en eso más allá del estricto cumplimiento del deber".
(Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)
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