Días atrás, nuestro amigo Theo colocaba en su blog un interesantísimo post-denuncia  titulado "Síndrome de Coruscant" en el que, entre acertados comentarios, se podían observar en unas fotografías los efectos de la construcción inmobiliaria realizada sin control y sin vergüenza alguna, y al que yo mismo realizaba un comentario poniendo como ejemplo la catastrófica gestión urbanística  realizada -por la administración Municipal- en San Lorenzo de El escorial..

 Puesto que Theo, en su respuesta, manifestaba no estar al tanto de lo que acontecía en tan histórico Sitio, me permito -pensando en él y en aquellos que deseen visitar mi casa- hacer un bosquejo sobre la degradación del su entorno natural y en la mala gestión -atendiendo a intereses especulativos- de la expansión del espacio urbano, y que han convertido el Real Sitio, de una singular belleza, en un lugar incómodo para la habitabilidad y feo para la vista.

 Por ser de sobra conocido por todos, omito hacer referencias históricas o sociológicas del lugar, evitando con ello una innecesaria extensión, y enlazo con una página  donde pueden observarse bellas fotografías y algunas curiosidades del lugar:

 http://images.google.es/imgres?imgurl=http://www.telefonica.net/web2/e-rojo/batan.jpg&imgrefurl=http://www.telefonica.net/web2/e-rojo/2006.htm&usg=__eBPHJ6pq1QAnPDahmaT-Xb7lG0w=&h=427&w=640&sz=198&hl=es&start=1&um=1&tbnid=E9ZJpwtF8D6gCM:&tbnh=91&tbnw=137&prev=/images%3Fq%3Del%2Bbatan%2Bescorial%26hl%3Des%26cr%3DcountryES%26sa%3DG%26um%3D1

 La degradación de su entorno y la usurpación del territorio del común de los ciudadanos en beneficio de una minoría exclusiva se inició en la década de los años 60 del pasado siglo cuando, Fuentes de Villavicencio -a la sazón, jefe de la Casa Civil de Franco y Director General de Patrimonio- tuvo la idea de levantar un Club de Golf en el interior del parque de La Herrería -extenso bosque de uso y disfrute público, poblado por robles, fresnos, encinas, castaños, madroños, endrinas, sabinas, arbustos variados y una fauna rica en cantidad y diversa en especies- para lo que sustrajo del mismo un amplio terreno que dio cobijo a un campo de golf de 18 hoyos. Club cuyo acceso -entonces, hoy se ha democratizado algo-estaba restringido a  una minoría selecta debido al altísimo desembolso económico necesario para poder hacerse socio. Club, del que entresaco algunos párrafos obtenido de su Web:

"Las vistas del sereno y a la vez colosal edificio herreriano son lo más característico de este campo situado a más de mil metros sobre el nivel de mar y al cual también cabe calificar de sereno (por la tranquilidad de su entorno), colosal (por su larga extensión) y grandioso (por su dificultad y belleza)".

"Estamos ante un campo largo, con greenes muy pequeños y calles muy estrechas flanqueadas por un denso bosque donde meter una bola suele suponer su pérdida. Todo ello hace que sea un campo muy complicado".

"Poco podía imaginar Felipe II cuando, en conmemoración de la victoria de San Quintín sobre los franceses el día de San Lorenzo de 1557, ordenó construir el simbólico Monasterio, que en una de sus fincas vecinas se diseñaría un magnífico campo de golf. Y que los golfistas que en él jugaran pudieran apreciar algunos de los valores que se buscaron entonces: un lugar retirado, tranquilo y en contacto con la naturaleza. Esa tranquilidad sólo se ve alterada por el solemne y austero tañido de las campanas del monasterio"

Evidentemente, no fue Felipe II tan solo el que no pudo imaginar la utilización que se iba a hacer de los bosques pertenecientes al Monasterio y donde él cazaba, tampoco podían imaginarlo los ciudadanos corrientes del pueblo pocos años antes de la construcción del Club. Pero aún hay más. El mantenimiento de un campo de golf necesita de un consumo de agua extraordinario por lo que se hizo necesario acometer medidas al efecto en un lugar que, si bien en la época de Felipe II fue rico en recursos hídricos, en el momento de la construcción del campo ya no era así y pasaba en el estío a ser preocupante su situación.

 

Puestos a hacer las cosas cuanto peor mejor, las mentes pensantes decidieron levantar un pequeño embalse que sirviese para retener las aguas de un río, el Aulencia, que en su tramo de montaña, cruzaba a través de La Herrería. Y digo cruzaba y digo bien, ya que tras la finalización de la presa, muro abajo, el río desapareció de la faz de la tierra con el gravísimo daño ecológico -fundamentalmente en la fauna- que esto originó. Un arrollo que corría abundante en invierno, y en los primeros meses de verano servía para que todos nos refrescásemos en sus "pozas" y un biotopo riquísimo, hoy día se ha volatizado y sus puentes tan solo sirven para extrañar a los que no conocen que en su día hubo un río, y se preguntan qué hace tamaña obra allí:

"El arroyo del Batán entrega sus aguas a una presa emplazada en una zona paradisíaca, más bien poco conocida, separada del bosque de la Herrería por las alambradas del Club de Golf y el desnivel de la carretera de Ávila".

 

Embalse campo de golf.

Pero la cosa no quedo en eso y, como en la Ley de Murphy, se consiguió empeorar la situación de La Herrería. Años más tarde, se decidió acortar la distancia por carretera entre Madrid y Ávila y se estimó que era conveniente que ésta pasase a través de La Herrería hasta alcanzar el puerto de La Cruz Verde, con lo que el impacto que sufrió el bosque debido a la contaminación atmosférica, visual y sonora ha llevado a la desaparición de aves, insectos y una peor salud en el arbolado. Un mejor estudio hubiese evitado este daño aunque supusiese algunos pocos kilómetros más de carretera bordeando Las Machotas -alturas rocosas que delimitan La Herrería por el oeste.

Lo que fueron extensos bosques y pastos pertenecientes a la comunidad monástica sufrieron los efectos de las diversas Desamortizaciones y una de las fincas en las que se subdividió la propiedad forman hoy una finca de 148 hectáreas conocida como La Granjilla de La Fresneda y cuyo futuro se ve amenazado por los intereses especulativos del proyecto de Ensanche previsto en el Ayuntamiento del pueblo de El Escorial. Esta finca pertenece en la actualidad a la familia Aguirre -la presidenta de nuestra Comunidad- y algunas irregularidades han puesto en aviso a una plataforma ciudadana que trata de preservar un lugar que, por su naturaleza histórica, patrimonio interior y riqueza biológica, merecería más atención por parte del Estado. Dirijo un enlace en el que poder observar los pasos dados en este sentido:

http://images.google.es/imgres?imgurl=http://elescorial.cuadernosciudadanos.net/CAMELOT_ESCORIAL/htsrv/authimage.php%3Ftype%3Dimage&imgrefurl=http://elescorial.cuadernosciudadanos.net/CAMELOT_ESCORIAL/2007/07/20/salvar-el-escorial-desde-abantos-hasta-navalquejig/&usg=__G8UzJbukqfWKy4KkRajlmIOhfQs=&h=50&w=155&sz=2&hl=es&start=210&um=1&tbnid=IfK9MkZZqtxxRM:&tbnh=31&tbnw=97&prev=/images%3Fq%3Durbanizacion%2Bfelipe%2BII%2Bescorial%26ndsp%3D18%26hl%3Des%26cr%3DcountryES%26sa%3DN%26start%3D198%26um%3D1

Llegados a este punto, el 20 de agosto de 1.999 se declaró un voraz incendio en el monte Abantos de 1.753 metros de altura -a cuya falda se extiende el pueblo de San Lorenzo de el Escorial- que arrasó 450 hectáreas de su arbolado, formado fundamentalmente por pinos, y puso en peligro a diversas urbanizaciones y a un camping que tuvo que ser evacuado. Aunque no hay  pruebas, existen razonables sospechas -por la hora, fecha y, sobre todo, por la dirección en la que soplaba el viento- de que el incendio fue provocado. El terreno ha sido reforestado -aunque, sin el mantenimiento adecuado, está siendo infectados por la "Procesionaria"- pero  en su perímetro inferior se está edificando de forma absurda y sin guardar la más mínima integración en el paisaje.

 

Se observa la tonalidad marrón a la derecha del monte, zona incendiada.

Estas urbanizaciones enlazan con la carretera de acceso a San Lorenzo de El escorial sin que haya sido obligatorio, previamente, el establecer las correspondientes entradas a las mismas de forma segura para vehículos y peatones, lo que las convierte en un peligro permanente y puntos de congestión de tráfico.

Por si no fuera suficiente, la proximidad a la pinada y condiciones que se dan en ellas las sitúa dentro de un  alto riesgo ante futuros incendios forestales -si no ahora, más tarde, cuando el pinar recupere algo de la masa forestal perdida- , no descartables dada la nula atención que se presta a la limpieza de los montes. Señalo un enlace sobre  un Seminario que tuvo como objeto los incendios forestales y las urbanizaciones de la sierra de Madrid:

http://images.google.es/imgres?imgurl=http://da.montes.upm.es/seminarios/incendios/01/images/dcaballero3.jpg&imgrefurl=http://da.montes.upm.es/seminarios/incendios/01/dcaballero.htm&usg=__txVZPuUZ-MPTS_GYMIShS-tmoog=&h=530&w=600&sz=156&hl=es&start=61&um=1&tbnid=NPcTLaiQGCmWYM:&tbnh=119&tbnw=135&prev=/images%3Fq%3Durbanizacion%2Bla%2Bpizarra%2Bescorial%26ndsp%3D18%26hl%3Des%26cr%3DcountryES%26sa%3DN%26start%3D54%26um%3D1

No menos grave resulta ser, ahora que se pretende recuperar la Memoria Histórica, que se haya autorizad la edificación en el lugar en el que tuvieron lugar los fusilamientos de republicanos tras la guerra civil, aunque esto, con un Consistorio gobernado desde hace años por el PP podría tener motivos políticos no confesos.

Por último, se suman a los despropósitos, la edificación de un teatro auditorio cuyas obras fueron faraónicas ya que hubo que excavar sobre roca de granito para poder alojar una fábrica de 25.000 metros cuadrados y que han supuesto un coste -confesado- de 70 millones de euros . Un auditorio con una sala principal para 1.500 localidades y otra de cámara para 300 personas. El foso principal se extiende entre 80 y 120 metros y da cabida a 100 músicos y cuya maquinaria tan solo la iguala la del teatro Real de Madrid. Una obra totalmente desproporcionada para la población existente local y para las posibilidades de ocupación y de programa, y, desde luego, muy alejado de las demandas prioritarias de los vecinos.