El diálogo con Nasser ( I ).
El percance de julio de 1954 no enfrió el ardor de la cúpula de defensa por el activismo militar. La estricta censura militar garantizó que la tosca operación fallida sólo fuera vagamente conocida como "el percance". Habría sido acertado por parte de Sharett haber utilizado esta debacle para hacer limpieza en los cuarteles pero, sumido en vacilaciones, perdió la oportunidad. El comité de los cinco no le sirvió de gran ayuda en el manejo de este difícil asunto. El 26 de octubre de 1954, después de que los integrantes del comando judío hubieran sido llevados a juicio en El Cairo, el comité se reunió y decidió lanzar una campaña para tratar de desacreditar a las autoridades egipcias y para hacer público que la liberación de los acusados era una prioridad para Israel. El 13 de diciembre, el día siguiente a que se iniciara el juicio, Sharett hizo un discurso en la Knesset en el que acusaba a las autoridades egipcias de conspiración y de organizar un juicio espectáculo contra un grupo de judíos a los que él describió como víctimas de una acusación falsa. Sin embargo, las víctimas reales de las acusaciones falsas no eran los judíos egipcios, sino las autoridades egipcias.
Sharett reanudó el diálogo con Nasser entre bastidores. El enlace secreto Divon-Sadeq apenas fue utilizado durante los primeros ocho meses de 1954, toda vez que a atención egipcia estaba concentrada en la negociación de la retirada británica del área del canal de Suez. Los ataques terroristas de julio de 1954 contradijeron rotundamente todas las afirmaciones sobre el deseo de Israel de ver un Egipto libre e independiente. Estos ataque parecían confirmar los peores estereotipos de duplicidad y doble juego que los egipcios tenían sobre los judíos, así como los peores temores de complots diabólicos dados por Israel para minar su unidad nacional y su independencia.
Nasser tenía buena opinión de Sharett. Lo definió ante un diplomático británico como un hombre honesto y moderado. Hasta ese momento la actitud de Nasser haca Israel había sido más pragmática que ideológica. En público se contenía, pero en conversaciones privadas con no árabes parecía aceptar la idea de que un día habría paz con Israel. Sin embargo, eso no significaba que estuviese preparado para promover la paz con Israel. La posición de los Oficiales Libres era aún demasiado débil en su opinión como para contemplar alguna iniciativa en un tema tan sensible. Pero sus representantes cooperaban con Israel a través de la CMA con el propósito de reducir la tensión en la frontera y mantener abierto un canal de comunicación Divo-Sadeq, incluso después de que el comando encubiertamente organizado por Israel hubiese puesto bombas en El Cairo y Alejandría.
Sadeq, que estuvo situado mejor que nadie para poder emitir un juicio sobre Nasser y su actitud hacia Israel, lo describió como un hombre muy razonable y abierto, pero que se podía enfadar mucho cuando sentía que había sido engañado. Nasser se enfadó mucho cuando se descubrió el complot para desacreditar el régimen de los Oficiales Libres, pero estaba dispuesto a creer que los servicios secretos israelíes habían actuado a espalda de Sharett. Estaba incluso dispuesto a creer que el complot había sido ideado por la línea dura de los servicios secretos para sabotear los esfuerzos de Shadett para mantener un diálogo pacífico con el Consejo del Mando Revolucionario.
En cualquier caso, cuando Saret tomó la iniciativa para retomar el diálogo, Nasser no opuso objeciones. Sharett tenía en mente un objetivo: salvar la vida de los integrantes del comando espía que estaban siendo juzgados ante un tribunal militar en El Cairo. La fiscalía pedía sentencia de muerte basándose en que los acusados trabajaban para un país enemigo. Sharett sabía que una sentencia de pena capital tendría un efecto desastroso a escala interna, ya que se había hecho creer a la opinión pública israelí que los acusados eran inocentes. Por consiguiente utilizó distintos medios para hacer llegar a Nasser su ferviente petición de que utilizase su influencia para asegurar que no se dictara una sentencia de muerte. Divon y Sadeq reanudaron sus encuentros en París.
Estas conversaciones que duraron desde octubre de 1954 hasta enero de 1955, no se limitaron al asunto Bat Galim y al proceso de El Cairo, sin que se extendieron hacia aspectos más amplios de la relacione egipcio-israelí. Sharett y Nasser, a través de sus representantes en París, también se intercambiaron mensajes privados, sin firma, en papel no oficial. Por ejemplo, el 21 de diciembre Sharett le expresó a Nasser su admiración por el idealismo y tenacidad mostrados por éste en la lucha por liberar su país de la dominación extranjera; le sugirió que podría levantar el bloqueo marítimo como primer paso hacia la mejora de las relaciones entre sus dos países; y le expresaba su deseo ferviente de que no se condenara a muerte a los acusado en el juicio de El Cairo. Nasser le contestó diez días más tarde:
"He recibido su carta del 12 de diciembre de 1954. He dado instrucciones a mi enviado especial para que transmita una respuesta verbal sobre las cuestiones a las que hacía mención en su misiva. Estoy muy satisfecho de que se de cuenta de los esfuerzos realizados por nuestra parte para llevar nuestra relación hasta una solución pacífica. Espero que se correspondan con un esfuerzo similar de su parte, que nos permita lograr los resultados que estamos buscando en beneficio de ambos países"
(Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)







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