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La Coctelera

La Vida ....... El río que nos lleva.

21 Marzo 2009

¡¡Peligro.... Robocops Actuando!!

Policía

Raimundo Fitero

Gara 20 de Marzo de 2009

Volvemos a tener imágenes de actuaciones policiales en las que se demuestra que todo ser humano vestido con un uniforme demencial, entrenado de manera autoritaria, profusamente bañado en soflamas y arengas demagógicas de rotundo contenido finalista se puede convertir en un depredador de cualquier otro ser humano o dicho en términos más concretos en un o una policía capaz de pegar palos a todo lo que se mueva por delante de su camino. No importa la excusa, ni los motivos, se trata de hacer una demostración de fuerza bruta para que no se mueva nadie para manifestarse a favor o en contra de nada de lo que no esté autorizado desde los lugares de control remoto de las libertades, es decir de los centros de represión sean del color político que sean.

Es un error adjetivar. El problema es la policía. No la policía española, catalana, vasca o afgana; el problema está en la estructura social que permite mantener un cuerpo represivo entrenado para servir siempre al poder constituido, sea político, económico, social o religioso. La propiedad privada, ese concepto espúreo llamado seguridad y que nos lleva a la conclusión de que todo es policía es siempre un cipayo, al servicio de otro país, o del capital o de sus sucedáneos que se llaman políticos, consejeros, ministros o sargentos, valga la reducción.

Así que la actuación desmedida de los Mossos d'Esquadra en Barcelona es un episodio más, absolutamente parangonable a los cientos y miles de imágenes que nos ofrece la televisión de la vieja Europa, de la joven América, de la milenarista Asia o de la empobrecida África. Es más, los materiales son los mismos, las botas, semejantes y los conceptos iguales, sean de un régimen abierto, cerrado o mixto. Quizás aquí se agrava porque se trata de uno de los cuerpos policiales, los mossos, a los que más episodios de maltratos, vejaciones, chanchullos y otras manifestaciones de lo que conocemos como abusos policiales se les ha documentado con vídeos. ¿Se acordarán estos salvajes de lo pasado en Grecia hace poco? Lo dicho: policía, policías. Estudien los requisitos para entrar en estos cuerpos, el perfil que buscan, su entrenamiento y no esperen milagros. Cumplen órdenes.

 

 

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10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

isabel61

isabel61 dijo

¡Menudo espectáculo! Cuando veía las imágenes no sabía de qué estaban hablando y nunca imaginé que fuera aquí en España.
Creo que el asunto traerá cola, de momento un plante de periodistas ante la Generalitat y si a un avispero lo mueves se revuelve, así que presumo veremos más cargas policiales como esta. A la juventud que ve su futuro más incierto que nunca, sin aliciente porque cuando terminen la carrera será un vacío tremendo comprobar que la realidad les mantiene en casa de los padres indefinidamente, les va la marcha y rebelarse contra la autoridad ha sido una cosntante en la historia.

Estos tiempos son muy difíciles para todos.

Sitos

22 Marzo 2009 | 12:18 AM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Amiga Isabel,

A mi modo de ver el Plan Bolonia es regresivo y supone un fleco más de la política de la UE que piensa más en términos mercantilistas que en sociales. En esta línea de pensamiento tan sólo representa una de las reconversiones que veremos en un futuro más o menos próximo. La próxima que va a poner la cosa calentita será la que tenga que ver con la agricultura y las subvenciones destinadas a ella.

La transformación que se pretende acometer en la Universidad va más allá de lo que significa el cambio de una filosofía en su naturaleza de ser. Gracias, como siempre, a planteamientos ideológicos progresistas se consiguió socializarla, desposeerla de su antiguo carácter elitista de clase y abrir sus puertas al conjunto de la población. Ahora, tal como se contempla en el Plan, regresamos a los tiempos pasados. Es la consecuencia de la ausencia de una ideología de izquierdas, falta de líderes, de propuestas, adormecida y carente de pulso desde que el neo-liberalismo se impuso al socialismo real.

Por mucho que nos publiciten los beneficios que se obtendrán respecto a la movilidad, especialización, posibilidades laborales, etc., tan sólo serán espejismos con los que distraer a los ciudadanos. Donde intervienen los dineros y los intereses privados ya sabemos de sobra como acaba la cosa, y a la larga será un paso más para la estratificación social y una barrera para la movilidad en su seno.

Lo otro, la actuación de los Mossos, no tiene nombre, bueno sí…. ¡Una salvajada!

Algo que se encuadra dentro de la carencia democrática de los políticos y del secuestro, por parte de ellos, de la soberanía ciudadana. Agravado aún más por una policía adoctrinada en el uso de la violencia como prioridad, sin preparación profesional y -consecuencia del sistema de captación de sus unidades y duración de los cursos de formación-, tan antidemocrática como sus mandos políticos.

Cualquiera que haya asistido a una manifestación, o pasase simplemente por sus proximidades, sabe perfectamente de lo que estoy hablando.

Sitos.

23 Marzo 2009 | 01:21 AM

isabel61

isabel61 dijo

Querido Pepe

El Plan Bolonia es como las lentejas, por mucho que se salga a la calle a protestar. Este Plan busca unificar los estudios universitarios en toda Europa. No sé cómo se estará cociendo fuera pero aquí en España, cada Universidad ofertará lo "que pueda" (luego es imposible un criterio de unificación). Se pide a los profesores que pasen a ser "tutores" y para ello se necesitaría aumentar la plantilla un 25% más y eso es imposible.

Esto es un camelo para seguir privatizando. Después del Grado, habrá que hacer un Postgrado y quien no tenga un máster que como mínimo te sale por 4000 euros no vas a ser nadie. Es igual que las Becas Erasmus ¿de verdad un alumno vive fuera de su país con 25.000 de las antiguas pesetas? ¿quién sale fuera? pues los padres que se lo pueden permitir.

¿Ahora no se convalidan los títulos fuera?¿no existe libre movimiento en toda la zona euro? ¡venga! pero está hecho y los mossos seguirán dando caña. Ya ha dicho Montilla que está a su lado. A este Montilla se le ha ido la cebeza hace mucho tiempo.

Sitos.

23 Marzo 2009 | 11:55 AM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Amiga mía,

Así lo ha sentenciado la ministra: "El Plan Bolonia se hará, sí o sí". ¡'Viva la democracia!

Hay otro argumento más para oponerse a él. El gasto en investigación de las empresas españolas ya sabemos cual es, y el involucrar a las mismas en la Universidad será poner en sus manos las estructuras y el personal investigador que ellas no mantienen. será, una vez más, e aprovechamiento de un presupuesto y unas instalaciones públicas en beneficio de un bien privado.

Tampoco sé muy bien el grado de rechazo existente en Europa pero ya empieza a ver movimientos en contra de la contratación de personal ajeno a las nacionalidades del país.

La construcción de Europa va para largo y mucho más durará si sehace a espaldas de los ciudadanos.

Sitos.

23 Marzo 2009 | 10:45 PM

isabel61

isabel61 dijo

Esto que mencionas, me ha recordado al descubrimiento y posterior estudio de los manuscritos de Qumram que tanto entusiamó tanto a creyentes como a ateos, estos últimos aunque sólo fuera por el interés histórico que aquellos rollos contenían. Al final tanto creyentes como ateos acabamos decepcionados.

Se estableció una comisión Internacional para su estudio que se redujo al equipo de De Veux Comisión de estudios Bíblicos y se fueron pasando los estudios unos a otros. ¡Qué fiabilidad pueden tener unas traducciones realizadas en exclusiva por "científicos" católicos!.

Si estas prácticas se realizaban en los años 50-60-70-80, traducir aquel material con tan poca gente, supuso que hasta cuarenta años después no se publicaran las conclusiones. Imagina qué tipos de psicólogos dirigirán tésis, que tipo de médicos o qué clase de bioética reinará en ciertas universidades.

Es tremendo. Sitos

23 Marzo 2009 | 11:36 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Amiga,

Aparte de corregir una errata: (a haber movimientos, en lugar de a ver ...), muy interesante esa referencia a Qumram que, como bien dices, nos tuvo una época sobre ascuas ante los posibles descubrimientos históricos que podría aportar en el conocimiento de los Esenios y la posibilidad de que Jesús pertenecies a esa secta judía. Por cierto, no tengo la menor idea de las conclusiones finales, si es que las hubo...

No hay vuelta de hoja, amiga, se ha apostado claramente por el modelo USA y no hay nada que hacer. La prueba está a la vidsta de todos: el Sistema nos ha conducido, según manifestaciones de los más enterados y menos conspícuos de ser enemigos de élec, a las puertas de un desastre económico de característica astronómicas. Pues bién, no sólo no se han llenado las cárceles con estos indeseable que han producido tamaño desastre sino que se arbitran medidas idénticas a las que nos han conducido donde nos encontramos.

A menos, claro está, que todo sea una estafa, que la cosa no sea tan grave como se anuncia y tan sólo sea una forma de amedrentar a los ciudadanos para que no se desmanden y acepten sin rechistar el statu quo.

Fíjate, amiga, en lo de SEAT. ¡Los obreros aceptando la congelación salariual! Decenas de años de lucha y miles de muertos para confirmar lo que ya anunció, en el siglo XIX, Marx: "En el Capitalismo, siempre habrá un ejército de obreros dispuesto a trabajar por menos salario".

Sitos.

24 Marzo 2009 | 12:23 AM

sepharad

sepharad dijo

Hace un par de días intenté postear aquí una larga reflexión que hacía una de las estudiantes desalojadas del rectorado de la UB. Por desgracia, mientras la traducía, se borro el comentario y nada quedó publicado. Hoy lo vuelvo a intentar.

"Eran casi las 5:30 a.m. y dormía plácidamente cogida a las sábanas cuando, de repente, un ruido me desperó. “Los mossos, los mossos!”, gritaban los compañeros. Yo todavía estaba en la cama, sin entender muy bien lo que ocurría, esperando cualquier señal que extirpara aquella situación de ciencia ficción o la paranoia colectiva en qué habíamos estado todos ahogados esos últimos días. “Tenéis dos minutos!”, sentenció una voz grave al fondo del pasillo, y muy pronto reconocí las botas, el casco y la porra, bien fácilmente aquel ruido contundente de los pasos masivos que se acercan y que tanto me había costado borrar de mi mente después de lo que ocurrió en la Pompeu Fabra. Salté de la cama buscando algo de ropa para ponerme encima, que me tapara ante aquel extraño. “Dejad los móviles!”, gritaban, pero la obscuridad y los nervios me impedían hacer nada que no fuera temblar. Diferentes voces iban notificandonos que nuestro tiempo se agotaba y que teníamos que ir saliendo, así que decidí coger ropa paulatinamente e irme antes de que las advertencias se convirtieran en golpes de porra. Después de todo, hay cosas que se aprendren muy rapidamente.

Salienda de la zona donde dormíamos, los compañeros se aglutinaban en las escaleras, sentados y custodiados per decenas de mossos. Pensaba en aquel libro de Primo Levi, “Si esto es un hombre”, y me venían a la mente pequeñas imágenes de lo que él explicaba sobre los campos de concentración. Las expresiones de mis compañeros eran de derrota inesperada, y yo acompañada por dos mossos cogí un sitio para esperar a saber qué harían con nosotros. Una vez estuvimos todos juntos, decidimos hacer “arrancacebes”, que es un método de resistencia pacífica en que todos se cogen de pies y manos a las persones que tienen al lado para complicar el desalojo forzoso. “Llamad a los medios! Avisad a compañeros!”, susurrábamos entre dientes, y a escondidas enviábamos mensajes de ayuda.

“Quien quera salir ahora mismo por su propio pie no tendrá problema. A los que os resistáis, se os aplicarán vías penales”. En aquel momento la tensión se podía mascar y una persona decidió irse. El resto (unos 53) nos preparamos para las consecuencias que sabíamos que tendría nuestra decisión. “Ahora, quien quiera, tendrá que levantarse y coger los objetos personales que le sean imprescindibles. Todo lo que se quede pasará a ser propiedad de la universidad”. “Yo tengo mi ordenador”, dijo un compañero, y se puso en pie. Un mosso le empujó. “Habéis dicho que podria coger sus cosas!”, replicó una compañera. Pero no obtuvimos respuesta alguna. Entonces, los mossos procedieron al primer desalojo precisamente con este compañero. Él opuso resistencia mientras gritaba “mi ordenador!”, y entonces tres mossos más se acercaron y le immobilizaron, mientras le golpeaban y le presionaban la cara con la rodilla contra el suelo. Todos mirábamos boquiabiertos y gritábamos que parasen. Hoy este mismo compañero tiene una fisura de rótula y múltiples contusiones, además de un mes de escayola.

Una cámara accedió, tenía un gran foco blanco que nos dificultaba la visión e iba grabando todas nuestras caras. Cuando el foco se alejaba, los mossos continuaban con su trabajo, doblaban las muñecas hasta que gritabas y te soltabas, te estiraban de los agujeros de la nariz... luego te arrastraban por las escaleras cogidos de los brazos y, a veces, cuando perdíamos a los compañeros que se llevaban de nuestra vista, escuchabas los gritos y el estómago te daba un vuelco. Cuando la cámara estaba por allí, sencillamente los mossos se quedaban immóbiles y silenciosos, a la espera. “Que alguien haga fotos!”, murmurábamos cuando los compañeros eran torturados, pero nunca han llegado a ver la luz éstas instantaneas. Un hombre joven subió las escaleras, llevaba una capucha y un pañuelo que le tapaba toda la cara y solo se le podían ver los ojos. Iba vestido de calle, pero hablaba con los “jefes” y se paseaba por todo el recinto. Siceramente, la situación superaba todas las teorias conspiratorias que habíamos podido articular durante todas aquellas noches en el rectorado.

Ante el pánico silencioso que empezaba a respirarse, alguien decidió iniciar un monólogo humorístico con el que todos reíamos intentando que el miedo se nos escapara por la boca en forma de risa nerviosa. Una manera de escaparnos de aquella situación que nunca nadie imaginó vivir. Pero poco nos podía durar la risa cuando comprobamos que empezaba a hacerse de día y los métodos usados por los mossos eran cada vez peors. Cogieron a un compañero que se resistía, gritaba sin cesar y, de repente, su voz se transformó en un gemido: efectivamente, y sin acabar de creérnoslo, descubrimos que los mossos le estaban presionando el cuello hasta estrangurarlo para que de soltara. Intentaba hablar y sus palabras se ahogaban en el camino. Nosostros solo sabíamos protestar desesperados y tragarnos las risas que antes habían destensado tanto el ambiente.

La gente iba siendo arrastrada, cada vez éramos menos y sabíamos perfectamente cuáles eran las consecuencias para los últimos. A uno de los compañeros más parlanchines, a quien llamaremos Ricardo, uno de los que más había calmado los ánimos repitiendo que “no nos pasará nada” y que “no tenemos que hacer nada que nos ponga en mayor riego del que estamos”, y que “solo nos queda resistir”, lo reservaron para el final, con mi grupo. Los mossos lo miraban y se decían cosas entre ellos en voz baja. Sabíamos que la cosa no iría bien, los dos habíamos estado en el desalojo de la Pompeu Fabra la semana anterior por el encuentro de asambleas y teníamos conocimiento de hasta qué punto los mossos pueden recordarte, a ti y a tu nombre.

Escuchábamos a los compañeros fuera, gritando consignas, y nos habían avisado sigilosamente de que ya estaban fuera todos los medios. Bien, pensé, al menos no quedarán impunes. Más tarde que pronto llegó mi turno y una mano se me puso en la cara para impedir que respirara. Poco después, viendo que esto no era efectivo y resultaba demasiado visual, cambiaron a la técnica de los dedos en la nariz y en la boca. Estaba ansiosa, gritaba para que me dejaran en paz y en un acto reflejo (dijo “reflejo” porque fue así, y no avergonzaría reconocerlo si por el contrario hubiese sido intencionado) cerré la boca y le mordí el dedo a uno de ellos. Lo único que conseguí fue que las manos del mosso que tenía detrás mío me cogieran del cuello y empezaran a presionar cada vez más fuera; yo gritaba para que mis compañeros se dieran cuenta, pero no conseguía que nada saliera de mi garganta, y el oxígeno se acababa, así que me solté y fuí arrastrada por los brazos escaleras abajo hasta la mitad. Allí me dejaron, en el rellano. Sentí muchas ganas de devolver y las arcadas eran contínuas tirada en el suelo. Un mosso de pie a mi lado me miraba de reojo sin immutarse y solo acerté a pensar que ése era uno de los momentos más degradantes de mi vida. Comprendí que no podía esperar que aquellos hombres que tenía enfrente se dieran cuenta de que simplemente intentaba luchar pacíficamente por una cosa en la que creía, de que no les había tocado un solo pelo, de que no merecía lo que me hacían. Supe entonces que de nada servía defenderme, ya que cada acción que hiciera me sería devuelta por triplicado, y que ya solo quedaba “aguantar el tirón” para aceptar que la justícia tiene diferentes significados según quien la aplica.

Llegado el momento, bajaron a Ricardo y le pusieron a un metro de mí y de otra compañera, los tres por separado. Nosotras dos estábamos sentadas, pero a él le tenían immobilizado por los dos brazos con la cabeza en el suelo, aunque en ningún momento se mostró agresivo. Sencillamente, se negó a irse, igual que el resto. “Dejadme en paz, por favor, no me escaparé, me hacéis daño”, les decía, pero nada había que esperar de los muñecos de hierro que solo hacían que desafiar los límites de nuestro tejido óseo. “Parad!”, grité, “que no veis que no está haciendo nada? Parad!”. “Cállate!”, me contestó el que había estado de pie a mi lado, pasivo. “Como queréis que me calle? Dejadlo en paz y me callaré, de verdad!”. Entonces uno de los mossos cercanos alargó el brazo y me golpeó la cabeza, haciendo que rebotara contra el muro. Me callé.

Cuando vimos la dureza con que trataban a Ricardo, yo y la otra compañera, esperando lo peor, empezamos a armar escándalo para que se fuera el primero de los tres. “Ricardo, no seas loco y no dejes que te guarden para el final, ya sabes como van las cosas, sal ahora!”. Él coincidió con que era su mejor opción, y se fue. A continuación bajaron a la otra compañera y me preguntaron: “saldrá por su propio pie, señorita?” (aún me pregunto qué clase de persona te arrastra por las escaleras y luego te trata de usted). “Tu crees que puedo salir por mi propio pie después de lo que estáis haciendo?”, le contesté. Entonces me cogieron de los brazos y de la camiseta, con la mala suerte de que esta se levantó hasta la cabeza, y como era el pijama quedé totalmente desnuda de cintura hacia arriba. En esta situación fui arrastrada durante toda la segunda parte de las escaleras, con aproximadamente 20 mossos dispersados por todos lados presenciando la escena, hasta que me dejaron tirada en el suelo y segundos después alguien me tapó de nuevo. No sé si fue aquello lo que aconstumbran a llamar “shock”, pero algo pasaba que me impedía incorporarme por mí misma y me hacía estar totalmente immóvil, mientras tenía grandes dificultades para creer lo que estaba pasando.

Una mano me cogió, éramos el grupo del principio, volvíamos a estar juntos. Les hice un gesto de complicidad, pero uno de ellos miraba el suelo con los ojos muy abiertos, supongo que él tampoco conseguía entender qué estaba pasando y no era cuestión de forzarlo. En esta situación nos sacaron uno a uno mientras nosotros continuábamos explicándoles que esa ocupación estaba cargada de contenido y que no podían seguir ignorando el motivo por el cual hacíamos resistencia pacífica. Mientras esperábamos, dos mossos que continuaban a mi izquierda se recreaban: “Ja, ja... verás aquel cuando se quede solo, va a pillar!” [sic], y se reían de nuevo. Me disponía a decirles algo cuando la compañera me tranquilizó: “solo lo hacen por provocar... no les hagas caso”, así que asentí y les dí la espalda para no ver más sus gestos, ni su fanfarronería.

Cuando quedé la última, estaba en silencio preguntándome si merecía la pena intentar razonas con ello o descargar mi rabia ahora que ya no había ningún compañero para frenarme. Pero entonces el “jefe” comenzó a decir alguna cosa y todos miraron hacia el fondo, sin vigilarme, situación que el mosso que ahora estaba detrás mío, el provocador, aprovechó para encarrilarse y pegarme una patada en la espalda, a la que respondí gritando como una posesa. El resto de mossos que no habían presenciado la escena se giraron alarmados por mis gritos, y entonces nuevamente me pusieron la mano en la cara para intentar dificultarme la respiración mientras me presionaban lo que ellos llaman “puntos de dolor”, esos que no dejan marca. Me cogieron entre dos y se me llevaron, finalmente, a tomarme los datos. Intentaba sacar la documentación, pero me temblaban las manos y lloraba; esto aún me hacía sentir más estúpida. Entonces la persona que había estado toda la noche al otro lado del mostrador, ajeno a todo lo que había ocurrido a 10 metros de allí, mirando mi DNI aprovechó para consolarme: “Va, Nerea, no llores...”, a lo que con mucha educación le respondí, mientras los mossos me sujetaban forzándome la muñeca: “si tu estuvieras en esta situación, no llorarías?”. Bajó la mirada, no sé si por empatía o por indiferencia absoluta. La cuestón es que poco me importó en aquel momento. Mis “acompañantes” pidieron refuerzos para sacarme fuera mientras yo contaba el tiempo que faltaba para que mi muñeca se luxara definitivamente. De esta manera salí, momento que “La Vanguardia” aprovechó para congelar en píxeles, brindándome toda una semana en la cual nadie de mi alrededor no ha podido hablar de otra cosa.

Y yo me pregunto cuando la gente comenta y condena duramente el hecho de “echarnos” como una traición al diálogo y al estilo democrático, qué pasaría que hubiesen estado dentro con nosotros. Si ahora no pudiesen abrazar a sus compañeros porque están todos llenos de contusiones. Si te hubiesen estrangulado, golpeado y arrastrado semi-desnuda por una escaleras, dónde quedaría entonces “bolonia” y “la lucha por la universidad pública”. Donde quedarían los señores Dídac Ramírez [rector de la UB], Josep Joan Moreso [rector de la UPF], Lluís Ferrer [ex-rector de la UAB] y su decisión de borrar a los “anti-bolonia”.

Resulta inevitable sentirse incómoda con este carácter victimista que impregna la narración de los hechos y estos últimos días de mi vida, como tampoco lo estoy cuando pienso y sé que nunca seré capaz de demostrar lo ocurrido, ni una imagen, ni un número de placa; que nunca mi palabra valdrá más que la de un Mosso d'Esquadra amparado por el Estado.

Hoy el sr. Saura admitía posibles “errores” y yo hago un llamamiento a cuestionarnos si quizá la agresión es un error cuando hablamos de una lógica represiva, y si no lo es que el grado de violencia esté en función del deseo con que se anhele el objetivo. Y ya que reconoce un posible “exceso” de contundencia por parte de sus agentes, por que continuan llevando pistola? A qué esperamos? Qué significa que los sindicatos de Mossos no compartan esta condena? Sr. Dídac Ramírez y sr. Ferrer, dónde está la línia roja de los mossos?

Por otro lado, no puedo sinó agradecer el haber descubierto que somos muchos los que creemos que otra educación es posible, una verdadera revolución pedagógica, una educación crítica, donde se formen profesionales, pero también pensadores. Donde el conocimiento sea una herramienta para la evolución social y personal, y no para el interés de una minoría directiva-empresarial. Donde las personas ganen herramientas y recursos, no dogmas ni automatismos ni mecanismos de actuación incuestionables. Donde entrenarse únicamente para ser efectivo laboralmente sea, simplemente, una opción más a escoger, entre muchas otras.

Por último, querría invitar, invitaros, invitarnos a no hacer una lectura fácil, una lectura puntual de los hechos ocurridos los últimos días, ya que ha llegado el momento de posicionarse y aceptar que estos incidentes no son más que el fruto de muchos años en qué la expansión del pensamiento acrítico, la precariedad laboral y el malestar colectivo han producido la creaciṕon de nuestro propio archipiélago social donde todo es demasiado legano y nada es lo suficientmente “importante”. Os pido vuestra colaboración para que las personas responsables del estrés psicológico que todavía nos impide dormir con normalidad asuman la responsabilitat de sus actos.

Nerea Miralles Aguilar"

30 Marzo 2009 | 02:06 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Amigo,

Suele pasar. Tras un largo periodo de tiempo dedicado a expresar en un documento un comentario y el esfuerzo consiguiente para ello, observamos con estupor como se volatiliza al desaparecer de nuestro Word, colgarse el Pc o incluso, cuando intentamos editarlo en La Coctelera, ésta nos indica ERROR y nos arruina el intento. Por ello, te agradezco tu doble esfuerzo que ha posibilitado que todos lleguemos a conocer –ahora sí- la pormenorizada relación de hechos, irregularidades, miedos y agresiones que tuvieron lugar durante el desalojo de los estudiantes del rectorado de la UB por parte de los Mossos.

No seríamos justos si no dedicásemos, en primer lugar, un sentido recuerdo para Nerea y tod@s l@s compañer@s que la acompañaron durante la lamentable experiencia personal que tuvo lugar cuando los Mossos d`Escuadra irrumpieron de madrugada violentamente en el rectorado.

Luego, manifestar la repulsa que nos causa el conocimiento de unos hechos más propios en cualquier república bananera que en un Estado que se auto-pregona de derecho y democrático. Repulsa que debe alcanzar a los responsables políticos de donde emanó la orden de desalojo, a los mandos de los Mossos que la ejecutaron y a los miembros de esta institución policial que la llevaron a la práctica de manera tan indiscriminada y bárbara en sus consecuencias para los estudiantes, como ilegítima en sus formas.

Lo que tan minuciosamente en los detalles nos denuncia Nerea resulta ser kafkiano, echa por tierra la versión oficial de la supuesta actuación de los Mossos “proporcionada” a la situación de facto y pone ante nuestros ojos –al menos, para aquellos que aún mantienen su confianza en el Sistema- la realidad que subyace al modelo político de Estado que nos gobierna y que, según la teoría política, representa al poder soberano de los ciudadanos..

Los otros, lo que ya tenemos la experiencia dada por los años o por el “contacto” directo con las instituciones –policiales o jurídicas- ya estamos más que avisados de cómo suelen actuar estas en defensa del statu quo político y de cómo, toda la deferencia que ofrecen a los poderosos –económica o políticamente hablando- se transforma en prepotencia y agresiones cuando del pueblo llano se trata.

Por experiencia propia sé muy bien que, más que el dolor físico de los golpes, lo que más daño hace de estas actuaciones policiales y que durante más tiempo permanecen en nuestro recuerdo, es la pérdida de la inocencia que sufrimos. Uno, en su ingenuidad, llega a creer en la Justicia, en el Contrato Social, en el Bien Común, en la Policía como vigilante de la Legalidad, en la Política, en definitiva, en el Estado de derecho, en la Democracia. Pues bien., todo eso se viene abajo como un castillo de naipes, carta a carta, utopía a utopía, tan pronto nos enfrentamos con la “violenta realidad” del Poder y sufrimos en carne propia la indefensión e impotencia a la hora de que se reconozcan nuestros derechos y libertades que creemos justos.

Un Paradigma –político y económico- que como se ve en la actualidad es un fracaso, crea marginación, precariedad laboral y paro, no ayuda a la eliminación de la pobreza en las naciones sino que la aumenta, instrumentaliza intervenciones militares, jerarquiza a la sociedad en clases, etc., etc., y que, cuando la juventud, motor de regeneración y cambio de las sociedades, manifiesta sus legítimas preocupaciones y desacuerdo con él, recibe todo el peso de la violencia que monopoliza a través de las fuerzas policiales en las que se apoya y basa su fuerza coercitiva . ¡Podemos extrañarnos, con estos antecedentes, de que existan movimientos anti-Sistema!

Deberíamos sentirnos toda la sociedad agradecidos de que Nerea y otros muchos jóvenes tomen el testigo en esa lucha permanente por un mundo mejor, diferente y más justo.

Un abrazo para ti, amigo.

30 Marzo 2009 | 10:49 PM

lamardecuento

lamardecuento dijo

Amigo Pepe,

una se queda sin palabras después de leer el relato de Nerea. Mis serias dudas tenía sobre el Plan Bolonia, pero después de leer los diferentes artículos y comentarios que he encontrado en tu casa estos últimos días, empiezo a aclarar muchas cosas (Francisco Fernández Buey merece mi confianza).

Tienes razón cuando dices que lo más doloroso después de vivir una agresión de este tipo es la pérdida de la inocencia. La incredulidad, la desconfianza, la rabia… Pero sobre todo esa sensación de no volver a ser la misma; de madurar a golpes. El sentimiento de haber dejado en esas escaleras algo más que el bochorno, la indignación y la vergüenza ajena. Desde aquí le hago llegar mi solidaridad a Nerea y a sus compañer@s.

Gracias, como siempre, por abrir tus ventanas a la luz.
Un abrazo enorme.

1 Abril 2009 | 06:56 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Mireia, mi querida amiga,

Hoy, uno de abril, no ha sido un día muy agradable para mí y supongo que no será necesario que te explique el por qué ¡lo sabes a la perfección!

Por ello apenas he estado por casa y ahora, cuando lo he hecho para ver si había alguna visita, me he encontrado con la agradable sorpresa de tu presencia. ¡Gracias, amiga!

Hace unos años, cuando el muro de Berlín caía por tierra y el “socialismo real” de la Unión Soviética se entregaba “cautivo y desarmado” al Capitalismo muchos brindaron con cava, otros lanzaron al aire fuegos de artificio, y algunos sentenciaron el “fin de la Historia”, lamentablemente, ni unos ni otros habían aprendido nada de la misma o, en el mejor de los casos, se habían dejado engañar por los espejismos que constantemente ponen ante nuestros ojos,

Yo, vaticinaba entonces que habíamos caído en una nueva Edad Media de las ideologías (aunque mi amigo Theo, como buen medievalista, tal vez me indique que también en aquella etapa oscura, hubo su particular “renacimiento”), en un nuevo estancamiento del Progreso –entendiendo como tal, la asunción por parte del Estado de políticas conducentes a una mejor redistribución de la riqueza y la puesta en marcha de activas prestaciones sociales-, y parece que los hechos no me quitan la razón. Me apoyaba para realizar esa proyección del futuro en lo que resulta ser una constante en las relaciones humanas: la confrontación de intereses y la lucha –en no pocas veces, cruenta- por imponerlos, los unos a los otros.

En el campo de batalla ideológico, los acontecimientos que llevaron al triunfo del Capitalismo supusieron un reforzamiento de la corriente de pensamiento que lo defendía, las derechas sociológicas y políticas, mientras que las izquierdas se veían vencidas y huérfanas de unos intelectuales, de unos ideólogos progresistas que, salvo honrosas excepciones, o bien permanecían en silencio sumidos en un complejo de culpabilidad por los errores del pasado, o bien se habían pasado al enemigo engatusados por las excelencias de la realpolitik y los beneficios que obtenían de ello. Sumado a esto, una sociedad hedonista que participaba de las ventajas del consumismo más atroz y que había perdido su conciencia de clase, el panorama no podía ser más aterrador.

Sin una oposición real y fuerte, habiendo olvidado los fundamentos ideológicos que posibilitan el verdadero Progreso, la construcción de esa hipotética Europa pasa por el debilitamiento gradual pero sin pausa de lo que representa el Estado como árbitro de los procesos sociales y garante del bien común. El Estado abdica de su condición y cede la iniciativa al Mercado, a los procesos económicos y financieros que, como la mano invisible que señalaba Adam Smith, traerá la riqueza y el bienestar a todos. A los empresarios y también a los trabajadores. Si todos ganamos, todos consumimos y la máquina no se detiene en un proceso de eterno retorno.¡Hemos inventado el movimiento continuo, si no en física, sí en la ciencia económica!

En estos días vemos que, al igual que en el cuento de la Lechera, todo se viene abajo. ¡Estamos al borde del precipicio global! Nos advierten los mismos que nos han llevado a él. Y, mientras el paro crece en cifras millonarias se adelantan miles de millones para alimentar a un Banca que no suelta un solo euro en créditos, o se entregan a empresas del automóvil para que fabriquen más vehículos que aumenten los stocks que nadie puede comprar. Por cierto, ¿las pérdidas de General Motors, por ejemplo, también alcanzan a su división militar? Sería bueno que nos respondiesen a ello; no menos interesante sería saber los beneficios obtenidos en los Producto Financieros que el señor Solbes nos dijo que iba a invertir con cargo a la tesorería de la Seguridad Social.

En esta línea de secuestro de la soberanía popular es descorazonador el ver cómo, una clase política recurre a la violencia más brutal cuando los mismos ciudadanos que les han otorgado su representatividad salen a la calle a manifestar su descontento. A estos políticos, los ciudadanos tan sólo les sirven para, cada equis tiempo, pedirles unos votos que les sirvan para seguir disfrutando del Poder político y económico que se deriva de él.

Nos rasgamos las vestiduras y condenamos las revoluciones, pero pasan los siglos, y no somos capaces de comprender que el germen de ellas se encuentra en las injusticias sociales. Como tampoco somos capaces de enterarnos que, una vez el pueblo se pone en marcha, tan solo es posible detenerlo con las armas.

Amiga, algunos hemos perdido la inocencia más de una vez. La perdimos, durante el franquismo frente a la policía; la perdimos a la muerte del asesino dictador, ante la monarquía que nos impusieron; la hemos vuelto a perder ante el olvido continuado y miserable de los que cayeron defendiendo el primer intento de regeneración que hubo en este país: la Segunda República. ¡A causa de ello, tan sólo nos queda el más absoluto de los escepticismos!

Un beso, amiga. Cuídate mucho.

2 Abril 2009 | 02:22 AM

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La Vida ....... El río que nos lleva.

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Hola, mi nombre es Pepe y vivo en Madrid (España) y mi profesión actual es sobrevivir resistiendo el embate diario de las olas de la vida desde la alta atalaya de mis años. Anteriormente, me gradué en sueños, esperanzas y utopías varias en la Universidad de las Ilusiones.
   
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