Intentos de acuerdo ( II )

Sharett, por el contrario, era muy sensible no sólo a lo que hacían los gentiles sino, e incluso más, a lo que hacían. Era consciente del papel extraordinario e indispensable de la ONU en la creación del Estado de Israel, y era partidario de concederle un papel más relevante en la resolución del problema árabe-israelí. Además, ansiaba hacerse con la simpatía de la opinión pública internacional y por ello consideraba necesario el cumplimiento de las normas imperante sobre el comportamiento internacional y la conveniencia de abstenerse de acciones que pudieran avivar el odio árabe.

A partir de 1953, el debate interno en Israel entre los halcones y las palomas se centró progresivamente en la cuestión de las represalias. Ben-Gurion y sus seguidores abogaban por una política de represalias militares rápidas y severas en respuesta a las incursiones dentro de la frontera de Israel. Sharett no se oponía en principio a las represalias. Su preocupación estaba relacionada principalmente con las consecuencias negativas que a largo plazo las represalias podían suponer para las relaciones de Israel con los árabes y en cuanto a su posición internacional. Al tiempo que las consideraba inevitables como la última baza del país en algunas situaciones, temía que las represalias podrían degenerar en una rutina militar irreflexiva. Insistía en que el uso de la fuerza debía estar precedido de una cuidadosa consideración del grado y oportunidad dentro del marco de los objetivos de política exterior, a fin de minimizar sus consecuencias negativas respecto a los intereses regionales e internacionales.

El nombramiento de Pinhas Lavon como ministro de Defensa era como poner una bomba de relojería bajo el sillón de primer ministro de Sharett. En palabras de Golda Meir, ministra de Trabajo en el Gobierno de Sharett, Lavon era "uno de los más capaces, pero menos estables, miembros del Mapai, un bien parecido y complicado intelectual que siempre había sido una "paloma" pero que se transformó en el más fiero de los "halcones" tan pronto como comenzó a ocuparse de los asuntos militares".

El pensador socialista se transformó en un apóstol de la realpolitik, el predicador de la fraternidad entre las naciones dejó paso a un nacionalista que depreciaba a los árabes. El carácter inestable de Lavon, su deseo de hacer sombra a Sharett y su temor a ser considerado falto de valor, contribuyó al cambio experimentado.

Lavon veía insatisfactorio el statu quo y entendía que sólo podría transformarse a favor de Israel mediante el uso de la fuerza. La paz no era una posibilidad práctica desde el momento en que los árabes no tenían interés en la paz e Israel no podía ofrecerles nada en concreto a cambio. Es más, gracias a la Guerra Fría y al petróleo, el poder de negociación de los árabes aumentaba y disminuía el de Israel. La conclusión de Lavon era que Israel debía vivir un cierto tiempo en un estado ambiguo, ni de guerra ni paz. Mientras tanto, Israel debía proseguir con una política tridimensional: evitar y retrasar un acuerdo político sobre el conflicto árabe-israelí; mantenerse firme respecto a todos los derechos de Israel y negarse a hacer cualquier concesión; y responder con la fuerza a cualquier acto de fuerza.

Lo que Lavon no explicó públicamente con detalle fue que por objetivos nacionales entendía ampliar las fronteras de Israel a expensa de sus vecinos, o que de acuerdo con su análisis, esos objetivos sólo podrían lograrse mediante el uso de la fuerza militar. En otras palabras, la oportunidad que estaba esperando era la de ir a la guerra, para rectificar la debilidad geopolítica de Israel. Casi llegó a admitir eso en una reunión del Mapai 1n 1954. Si se analiza la guerra contra los árabes sólo desde el punto de vista político, dijo a sus colegas confidencialmente, no había otro momento mejor como el presente: "Hoy sería mejor para nosotros que mañana, y mañana sería mejor que pasado mañana, porque mañana y pasado mañana nuestra posición militar probablemente será más delicada que hoy. No puedo decir: no quiero la guerra. Digo: la quiero y desearía que hubiera una situación en la que no existieran ni ingleses ni norteamericanos y estuviéramos sólo los árabes y nosotros y pudiéramos hacerlo".

Si el nombramiento de Lavon fue una bomba de relojería bajo Sharett, el nombramiento de Moshe Dayan como Jefe del Estado Mayor de las FDI fue otra. Dayan pertenecía  una generación de duros comandantes militares formados en Israel. Nacido en 1915 en Degania, cerca del mar de Galilea, se afilió al Haganah en su adolescencia. En 1941 perdió un ojo en una operación aliada contra las tropas de la Francia de Vichy en el Líbano. Durante la guerra de 1948 su batallón capturó Ramle y Lydda y más tarde se convirtió en gobernador militar de Jerusalén. Su marca más característica fue el parche negro sobre su ojo. Era un hombre inteligente y un oficial capaz, pero también, independiente e insubordinado por naturaleza y, por tanto, no se podía contar con él para que respetara la supremacía de la autoridad civil. Dayan era un activo miembro del Mapai, con reputación de deshonesto e intrigante político. Sharett se opuso a su nombramiento, pensaba que podría politizar el Estado Mayor. También los socios de Gobierno del Mapai se opusieron pero, como de costumbre, Ben-Gurion se salió con la suya. Dayan mostró una lealtad total hacia su mentor, patrocinador y modelo. Dayan y Simón Peres, solían visitarle con regularidad en su retiro de Sede-Boker para ponerle al corriente de los asuntos y pedir su consejo. Ninguno de ellos mostró tal lealtad hacia su jefe político oficial.

 (Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)