Conflicto con Siria ( III ).

Ben-Gurion disentía de Sharett en una serie de puntos. En primer lugar, subrayó  que los sirios reclamaban derechos sobre territorios y agua sin ninguna base. Aunque aquellos territorios estuvieran desmilitarizados, formaban parte de la Tierra de Israel, y estaban bajo control israelí de hecho. En segundo lugar, la cuestión no era negociar sobre las ZDM o en que marco, sino lo que ofrecerían a cambio de los territorios que reclamaban para sí. Tercero, estaba totalmente de acuerdo en que no debían insistir en un pacto de no agresión, porque ya estaba incluido en el acuerdo de armisticio. En definitiva, Ben-Gurion apuntó que Israel no debería entrar en una negociación formal para liquidar el asunto de las ZDM en tanto que Siria no ofreciera compensaciones por las concesiones israelíes. Sobre todo, Israel no debía ceder en su derecho exclusivo sobre el río Jordán o el mar de Galilea sin la adecuada compensación siria, que, en su opinión, no cabía esperar desde un punto de vista realista.

Se decidió  continuar las conversaciones con los sirios y entre el 15 de enero y el 27 de mayo de 1953 se mantuvieron nueve reuniones bajo los auspicios de la ONU y con el impulso norteamericano. En la octava reunión los delegados sirios parecían ansiosos por avanzar, y ofrecieron a Israel el 70% de las ZDM. El Gabinete israelí se reunió para considerar la propuesta siria para el reparto de las ZDM. Simha Blass, director de la Autoridad para la Planificación Hidrológica de Israel, fue invitado a la reunión. Dayan mostró a Blass la oferta sobre un mapa. Éste respondió que aunque la mayoría de las tierras que Israel debería ceder no eran aptas para el cultivo, el mapa no se adaptaba a los planes de irrigación y desarrollo hidrológico de Israel. Dayan, que había aceptado anteriormente el mapa, se sometió al criterio de Blass teniendo en cuenta su conocimiento sobre cuestiones de agua. Ben-Gurion se reunió con Blass antes de la reunión del Consejo de Ministros y a sus objeciones respondió que esas consideraciones eran importantes, pero que la paz lo era aún más.

Blass expuso sus objeciones por tercera vez ante el Gabinete al completo. Ben-Gurion explicó entonces con detenimiento su propia visión. El Gobierno decidió continuar las negociaciones con los sirios, pero tomando en consideración los comentarios y reservas expresados por Blass.

Aunque se redactara de manera positiva, parece que esta decisión terminó con las negociaciones. Implicó cambios en el acuerdo preliminar y nuevos requisitos que dificultaron la posibilidad de avanzar. En las últimas dos reuniones, Siria rechazó las nuevas condiciones israelíes y no se llegó a acuerdo alguno.

El fracaso de aquellas conversaciones de alto nivel requiere una explicación. Aparentemente puede parecer que la oposición de los militares israelíes marcó el destino de las propuestas sirias, pero no fue así. Los militares estaban en buena disposición para ceder pequeñas áreas periféricas sobre las que no ejercían un control efectivo si a cambio se establecía el completo dominio de la mayor parte de las áreas al oeste de la frontera internacional. Algunos altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores estaban preocupados por la posibilidad de que la cesión de territorios supusiese un desafortunado precedente para futuras negociaciones de paz. Pero la visión de Sharett era profundamente pragmática. Consideraba que si realizar algunas mínimas concesiones territoriales resultaba indispensable para un acuerdo, el precio valía la pena. El obstáculo que se interponía para un acuerdo no era el territorio sino los derechos sobre el agua. Resulta sorprendente que un conjunto de propuestas que tenían el apoyo de la cúpula política y militar no prosperasen porque no satisfacían los requerimientos de los expertos en temas de agua. Ello sugiere, en el caso de Ben-Gurion, falta de liderazgo  y de talla de hombre de Estado a la hora de la verdad. Fue la insistencia israelí en derechos exclusivos y sin ataduras sobre los lagos y el río Jordán lo que parece que desbarató los planes, Existió la posibilidad de un acuerdo con un adversario de gran entidad y se dejó escapar. Además, el hecho de que se llegara a un punto tan próximo al acuerdo demuestra que, contrariamente a las percepciones populares israelíes, Siria era capaz de actuar de manera instructiva, pragmática y eficaz. Definitivamente, había con quien hablar al otro lado.

(Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)