Hasta la coronilla. Autopsia de los Borbones
Iñaki Errazkin
UCR 3 de Marzo de 2009
Reseña de Hasta la coronilla
Corren tiempos de noche y niebla en las Españas. Aunque la clase política y Falsimedia se empeñen en hacernos luz de gas, la libertad de expresión sólo rige para nimiedades y cualquier denuncia documentada y rigurosa que afecte a uno o más palos de los que sostienen el sombrajo carpetovetónico acaba de oficio en los juzgados, pero con el denunciante sentado en el banquillo de los acusados. Así, escribir un libro biográfico sobre los Borbones, especialmente si en él se menta al irresponsable monarca reinante, es hoy una actividad de riesgo, mucho más peligrosa que ejercer de estomatólogo de cocodrilos.
En Hasta la coronilla, Iñaki Errazkin enfrenta a los Borbones con la realidad, basando cada afirmación en hechos históricos, imposibles de rebatir, reales en todas las acepciones del término, llevándonos a conocer en profundidad a Juan Carlos I y a su familia, sin manto protector y sin calzones, separados los granos de las pajas oficiales.
Éste es, pues, un libro de historia (o una novela de los hechos, que diría Helvétius) con sus nombres y sus fechas, escrito con la rigurosidad que corresponde a este tipo de textos, pero alejado del estilo grave que los caracteriza. El lenguaje, a menudo transgresoramente coloquial, que emplea Errazkin, ha sido calculado para aumentar la amenidad y digestibilidad del texto, limando las aristas propias de la materia, con el objetivo anunciado de conseguir un contenido pedagógico, accesible para todos los públicos, que sirva para desprogramar determinadas ideas, tan "políticamente correctas" como inexactas, inculcadas por la policía espiritual en más de una meninge
El autor es consciente de que la crisis que nos embarga no es sólo económica, sino también ética e ideológica, y observa, asimismo, que hay demasiadas fuerzas empeñadas en mantener el rancio statu quo actual, obstaculizando cualquier intento de desacralizar a una dinastía restaurada por un sanguinario dictador y convertida por arte de birlibirloque político y mediático en paradigma democrático, algo imposible por definición. Por ello, Errazkin nos propone que leamos este libro como quien asiste a un acto político-forense, a una adelantada autopsia periodística de una monarquía de cuerpo presente que antes o después ha de dejar paso a la III República.
Enfrentados al espejo, los miembros de la realeza no son gran cosa, por muy azul que sea el color de sus glóbulos y por mucho que su orina huela a esencia de colonia. La degeneración que causa la continua endogamia, la corrupción, la soberbia y la impunidad inherentes al poder, ya sea absoluto o relativo, son elementos que no ayudan precisamente a forjar un carácter virtuoso, y los Borbones no son una excepción a esta universal regla psico-sociológica.
Hasta la coronilla es, en realidad, una saga de los Capeto que actúan a este lado de los Pirineos, en comisión de servicio, desde el año de gracia de 1700, cuando la Casa de Austria fue relevada en el trono de España por la de los Borbones. Así, ante nosotros desfilarán, en riguroso orden cronológico, el ciclotímico Felipe V, que se enriqueció con el tráfico de esclavos y masacró al pueblo catalán; el manso Luis I, a quien Luisa Isabel, la reina consorte, engañaba con hombres y mujeres los días pares y los días nones; el genocida Fernando VI, que, alentado por la jerarquía de la Iglesia católica, intentó exterminar al pueblo gitano, hombres, mujeres y niños; el meapilas Carlos III, que estuvo a punto de destruir las obras de arte en las que aparecían personas desnudas, pintadas o esculpidas; el cornudo Carlos IV, casado con María Luisa de Parma, embarazada en veinticinco ocasiones, aunque ninguna del Rey; el indeseable y deforme Fernando VII, que, carente de escrúpulos, traicionó a sus padres y a su pueblo, regando el suelo de las Españas con sangre obrera y campesina; la regente María Cristina, viuda del anterior y mujer corrupta donde las hubiera, que se enriqueció gracias a la información privilegiada y al tráfico de esclavos; la inculta Isabel II, casada con su primo homosexual Francisco de Asís, que compensó la falta de vida conyugal acostándose con docenas de personajes de la Corte; el niñato Alfonso XII, que si no tuvo más amantes fue porque murió joven, víctima de la tuberculosis; el delincuente Alfonso XIII, que resumió en su persona lo peor de cada uno de sus antepasados; el pretendiente Juan, que, obsesionado con la idea de recuperar la Corona, no dudó en cambiar de chaqueta en sus relaciones con Franco; y, por fin, Juan Carlos I, el verdadero eje de este libro.
El autor nos cuenta detalladamente la vida del actual monarca, desde su nacimiento hasta la fecha. Así, leyendo Hasta la coronilla, conoceremos su verdadera personalidad, adentrándonos, de paso, en la de los miembros de su real familia, y sabremos todo aquello que nos han ocultado los medios de información al servicio del Poder durante tantos años, desde los negocios de Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias hasta sus amantes, desde sus aficiones hasta sus hijos secretos... En esta autopsia múltiple, nada ni nadie escapa al bisturí de Iñaki Errazkin.







Querido Pepe,
muy interesante la reseña (estoy admirada de que tu blog siga abierto después de publicarla jejeje). El libro promete.
Te escribo desde un puerto que conoces bien... ¡Esto es vida, amigo mío! Callejear, escribir, comer, callejear, escribir... así sucesivamente, ¡benditas vacaciones! jejeje
Un abrazo!
Mi querida amiga,
Ahora, mi envidia es doble, jejeje; por lo que ya sabes, y por estar en esa tierra que pisas.
Cuidado, que da adicción, no vaya a ser que la llamada del Sur modifique en el futuro tu acento, jajaja. Por cierto, para ayudarte a disfrutar plenamente de esas "benditas vacaciones" te recomiendo dos platos muy de la zona: urta a la roteña, y rape en pan frito. Ya me dirás... jeje.
No creas, me lo he pensado, dos, tres y hasta catro veces antes de colocar el post. Este recurrir a las miserias personales me recordaba a esos programas de Tv en donde se desmenuza y destripa la vida de algunos, y no era eso de mi gusto. Si, finalmente me decidí, fue porque estoy hasta las cejas de ese barniz meloso con el que se cubre permanentemente a la familia real.
Curiosamente, hace unas fechas hubo un "alunizaje" en una rienda Loewe de Madrid y la RRPP que daba la noticia en una emisora de radio se apellidaba Borbón. La semana pasada había una feria de aparatos para eso que se conoce como Fitnes, y hoy ha comenzado otra que es un salón de náutica. ¿Sabes cómo se apellida el director de ambas?.... ¡Cierto, un Borbón!
Como puedes ver, a ellos no les afecta la crisis. No se si es por el apellido o porque son muy listos. ¿Tu qué crees?
Un beso, amiga. ¡Disfruta de esa tierra!