Conflicto con Siria ( I ).
Si el rey Abdallah era el dirigente árabe más moderado con respecto a Israel, los sirios eran los más intransigentes e implacables enemigos de Israel. Al menos esa era la percepción popular en Israel. Se suele olvidar que Israel disfrutó de un año y medio de relaciones pacíficas con Siria tras la conclusión del armisticio y que el primer enfrentamiento militar, en la primavera de 1961, fue una respuesta siria a un intento de Israel de alterar el statu quo en la frontera. Tampoco es de conocimiento general que a comienzos de los cincuenta se desarrollaron negociaciones entre Siria e Israel que, si bien terminaron fracasando, buscaban resolver pacíficamente las diferencias entre los dos países.
La línea de armisticio abocaba al conflicto porque atravesaba las fuentes del Jordán, vitales para Israel, por lo intrincado de la topografía de la zona fronteriza y, sobre todo, porque contenía tres zonas desmilitarizadas (ZDM) cuyo régimen no se había definido claramente en el acuerdo. La raíz del conflicto y de sus enfrentamientos armados era la cuestión de la soberanía sobre la zona ZDM. Siria sostenía que aquéllas debían permanecer bajo supervisión de la ONU hasta que se concluyera un tratado de paz. Israel, por su parte, insistía en que quedasen integradas en su territorio soberano y que solamente se le impedía introducir armas en ella. El armisticio solo contemplaba la reanudación de la vida civil normal en ellas, pendiente la conclusión de un acuerdo de paz. Nada decía acerca de la soberanía israelí sobre ellas. Los hombres de la ONU estaban por ello en gran medida de acuerdo con los sirios acerca del estatuto legal de la ZDM.
Había únicamente un pequeño grupo de colonias judías en la ZDM, y una sustancial población de granjeros árabes, e Israel temía que Siria manipulara esa población con objeto de extender su influencia. Por ello, Israel puso en marcha una enérgica e implacable política de hechos consumados sobre la ZDM tan pronto se firmó el acuerdo de armisticio. Los dos principales artífices de esta política fueron Moshe Dayan y Yosef Tekoah. Tekoah había estudiado Derecho en Harvard y siempre se podía confiar en él a la hora de encontrar argumentos legales para justificar incluso las más ultrajantes acciones israelíes. Adoptó el enfoque de no compromiso de la cúpula del Ministerio de Defensa, mucho más preocupado por extender el control de Israel sobre la tierra y los acuíferos que por su imagen en el exterior. Los hombres del ejército lo veían como un compañero, como un militar con traje civil. En realidad era su caballo de Troya en la predominantemente anglosajona fraternidad diplomática.
Ben-Gurion encontró en Tekoah un hombre a su imagen y semejanza. Aquél contemplaba el control total sobre la ZDM, por lo que quería empujar a los sirios fuera de ellas, incluso si tal política contradecía el espíritu y la letra de los acuerdos del armisticio. Su política no era preservar el statu quo sino trasformarlo. Esta política perseguía tres objetivos fundamentales: establecer el control físico sobre los territorios en disputa, contener la influencia siria y desembarazarse de la supervisión de la ONU. Para alcanzar el primer objetivo, Israel compró tierras a los hogareños árabes, desarrolló colonias judías, estableció nuevos asentamientos agrícolas, construyó fortificaciones a su alrededor e introdujo soldados disfrazados de policías o civiles. Para conseguir la segunda meta, Israel aprovechó en 1951 la oportunidad de forzar el desplazamiento de varios cientos de beduinos que rechazaban las tarjetas de identidad israelíes de la ZDM. Para el tercer objetivo, Israel se negó a reconocer la jurisdicción de la ONU sobre actividades civiles e incluso puso bloques de cemento para detener a los hombres de la organización y evitar que entraran en la ZDM. Tanto Siria como los observadores de la ONU se sintieron engañados y molestos por la dirección que tomaba la política israelí.
(Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)







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