El Prado. (Dedicado a tod@s l@s que son capaces de emocionarse ante el Arte)
La batalla del arte. Cómo se salvó el Prado (V)
-Entre tanto, ¿cuál era la suerte del tesoro?
-Sobre la mina de talco de La Vajol, donde se hallaba una parte, había una casa en la que vivía el Ministro de Hacienda republicano. ...este se había instalado allí para imponer respeto. Se temía que los soldados, descontrolados, en el momento de la derrota, pudieran destruir las obras, saquear los depósitos o abandonarlos al saqueo de la población. Algo semejante sucedía en el castillo de Peralada, donde vivía Manuel Azaña, el presidente de la República. Timoteo Pérez Rubio les habló a los custodios de las colecciones, les explicó el valor que tenía ese cargamento para la nación española y los convenció del honor de ser guardianes de esas cajas. Azaña se estremecía cada vez que oía pasar los aviones por encima del castillo porque los Velázquez, Las meninas incluida, estaban ocultos debajo del comedor donde él almorzaba y cenaba. Para él, el patrimonio artístico era, según escribió en una carta a Negrín, más importante que la República y la monarquía juntas.
-¿Cómo fue el cruce de la frontera francesa?
-Los franceses se habían comprometido a facilitar setenta y un camiones, pero no pudieron suministrarlos. Entonces el gobierno rojo, para el que el salvamento del Prado era prioritario, resolvió bajar milicianos de los transportes destinados al frente y cargar las obras en ellos. La incomprensión por parte de Franco, en cambio, fue total. José María Sert avisó al duque de Alba qué días y por qué rutas se haría el traslado del tesoro con el fin de que se interrumpiera el bombardeo de esos caminos. Los republicanos ya habían en la práctica perdido la guerra y no representaban una amenaza. Las rutas estaban atestadas de civiles indefensos, mujeres, niños, ancianos, heridos, que intentaban cruzar la frontera. No había soldados útiles en esas filas de desdichados. El duque de Alba le avisó a Franco de lo informado por Sert y recomendó que se hiciera una especie de tregua tácita en las rutas señaladas para que los camiones con las colecciones circularan sin peligro. Pues bien, encontré documentos, telegramas, probatorios de que Franco intensificó los bombardeos en esas zonas. No le importaba que, al bombardear a los futuros exiliados, corriera el riesgo de destruir los Velázquez, los Goyas y los Grecos. Sert, al que se le debe reconocer su probidad en este sentido, siguió telegrafiando al duque de Alba para que se impidiera esa iniquidad. Fue en vano. Se produjo un milagro. Los camiones pudieron sortear todas las dificultades como en una película de Hollywood. Uno sólo fue alcanzado y los soldados que lo custodiaban debieron transportar las obras sobre sus hombros por la ruta hasta la frontera. Una vez del otro lado, se cargó todo en un tren especial que llegó a Ginebra el 13 de febrero de 1939.
-¿Qué pasó entonces?
-La guerra aún no había terminado. Concluiría oficialmente con un telegrama de Franco del 1º de abril de 1939. Pero ya nadie dudaba del resultado de la lucha. Apenas llegaron las obras a Ginebra, Franco empezó a presionar a la S. D. N. para que se las entregara. Fue tal la presión que, por fin, la S. D. N. le dio las pinturas del Prado y las colecciones a los franquistas antes del fin de la lucha, en contra de lo establecido en el Acuerdo de Figueras. Franco se comportó como uno podía esperar. El Comité Internacional había planeado una exposición del tesoro en la S. D. N., que podía generar ingresos suficientes para que España pagara todo lo que se le había prestado. Franco no sólo no agradeció nada de lo que habían hecho la S. D. N. y el Comité, además sacó las obras de la sede de la S. D. N. y las llevó a un museo del Cantón de Ginebra donde se resolvió que se haría la exposición en la que el Comité y la Sociedad no tuvieron nada que ver. Jamás hubo un reconocimiento oficial a Timoteo Pérez Rubio, que había organizado el éxodo con una eficacia admirable.
La muestra de las obras maestras del Prado fue un éxito colosal. Se recaudó una fortuna que alcanzaba para pagar largamente todos los gastos de organización y hubo un superávit cuantioso. El gobierno de Burgos se embolsó todo eso sin timidez. Sert, con la caballerosidad que le había valido el respeto hasta de sus enemigos, insistió ante Franco para que se le pagara al Comité Internacional todo lo que se le debía. El Caudillo nunca lo hizo. Como Sert no se cansaba de insistir, le quitaron el cargo de agregado cultural del gobierno de Burgos en París y hasta se le retiró el pasaporte español.
-¿Cómo fue la vuelta del tesoro a España?
-El cierre de la exposición estaba previsto para el último día de agosto. Con las pinturas y los tapices todavía colgados, el 1° de septiembre, Hitler invadió Polonia y empezó la Segunda Guerra Mundial. Había que repatriar con toda urgencia las obras. Se las cargó una vez más en un tren que debía cruzar el sur de Francia. La nueva evacuación se hizo en vagones a oscuras, de noche. Por suerte, no hubo bombardeos sobre la red ferroviaria y el cargamento llegó a salvo a España. En esa etapa final del traslado, hubo un incidente que podría haber sido fatal. Un empleado del ferrocarril advirtió que algunas de las telas más grandes se habían desacomodado e hizo detener el convoy justo antes de pasar una serie de túneles. Entre las pinturas sueltas estaban Las meninas y La rendición de Breda . Volvieron a ajustarlas. De haber entrado los vagones en el primer túnel, no sólo se habrían destruido, además habrían trabado el avance del tren y provocado un descarrilamiento.
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