El Prado. (Dedicado a tod@s l@s que son capaces de emocionarse ante el Arte)
La batalla del arte. Cómo se salvó el Prado (IV)
-La palabra clave en su formulación es "legítimo". Por cierto, si la República perdía, los bienes no iban a serle devueltos ya que, derrotada, sería inexistente, pero los republicanos podían haber pensado, como lo hicieron después, que el tesoro se devolviera a la nación española, representada por los vencedores, del bando que fueran.
-Eso es lo que hizo la República al final, cuando no le quedó más remedio. Pero hasta 1938, los republicanos confiaron en que iban a vencer.
-¿Cuándo se hizo efectiva la intervención internacional para salvar las obras de arte?
-Como Franco intentaba aislar, separar las fuerzas republicanas del norte y del sur, el gobierno de Azaña resolvió trasladarse a Cataluña con el Prado y las colecciones. En todas esas migraciones internas, las obras no sufrieron daños. Hubo una excepción. Un balcón se cayó en Valencia sobre dos pinturas de Goya, El 2 de mayo de 1808 y El 3 de mayo de 1808 . Se procedió a restaurarlas pero nunca se logró hacerlo del todo. Quedaron, como digo en mi libro, rastros visibles del accidente. Pero mientras mi texto estaba en imprenta, nuevas técnicas borraron hasta esa última herida.
Hacia el final de la guerra, las obras se escondieron en parte en una mina de sal en Ampurdán y en parte en los castillos de Peralada y de Figueras. La situación era tan desesperada que José María Sert, partidario del gobierno nacional de Burgos, pensó que, se estuviera en el bando en el que se estuviere, había que salvar el contenido del Prado. Se puso en contacto con Avenol, secretario general de la S. D. N., y con representantes de museos de Francia y de Inglaterra para que se formara un comité internacional que protegiera las obras de la destrucción. El 7 de enero de 1939, piense usted que ya estamos en el final de la guerra, la Academia de Bellas Artes de Francia solicitó la intervención del gobierno francés y de la Sociedad de las Naciones con ese fin. Tres días después, el Consejo de los Museos Nacionales de Francia y el de la Sociedad de Amigos del Louvre se unieron a ese pedido. Al día siguiente, se sumaron los museos holandeses, belgas, suizos e ingleses. El 16 de enero, se reunieron Avenol y los delegados franceses en la S. D. N. para hablar sobre la formación de un Comité Internacional que se ocuparía del traslado al extranjero del tesoro artístico español. Avenol se limitó a ofrecer el Palacio de las Naciones, sede de la S. D. N., como simple depósito para las obras. Al mismo tiempo, se hablaba de la posibilidad de llevar todo el cargamento a Ginebra con la excusa de una exposición que se haría en aquel Palacio. Por último, a fines de enero, quedó constituido el Comité Internacional para el Salvamento de los Tesoros de Arte Españoles, integrado por los comités de museos franceses, la National Gallery, la Tate Gallery, el Metropolitan Museum de Nueva York, los museos belgas, suizos y holandeses. El Comité, en realidad, no estaba integrado por ningún gobierno, salvo el español.
-Fue entonces cuando se firmó el Acuerdo de Figueras. ¿Qué establecía?
-Se lo selló el 3 de febrero de 1939. El gobierno republicano se comprometía a transportar los cuadros y objetos de arte de los museos españoles a la S. D. N. El transporte se haría en camiones franceses, pero el gobierno español sería responsable de la seguridad de la caravana hasta la frontera con Francia. El conjunto se confiaría a Avenol en Ginebra. El transporte desde la frontera francoespañola hasta la francosuiza estaría a cargo del Comité Internacional, que sufragaría todos los gastos en calidad de préstamo al gobierno español. ...este devolvería la suma invertida al fin de la guerra. En caso de accidente o de pérdida de la totalidad o de alguna de las obras, España no haría ningún reclamo. Cuando se terminara la guerra, el Secretario devolvería las obras al gobierno de España, sea éste el que fuere, para que permanecieran como bien común de la nación española. El Acuerdo fue firmado por Julio Álvarez del Vayo, por parte del gobierno republicano, y por Jacques Jaujard, director del Museo del Louvre, que representaba al Comité Internacional. Entre los testigos signatarios del acuerdo se hallaba Timoteo Pérez Rubio.
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