El Prado. (Dedicado a tod@s l@s que son capaces de emocionarse ante el Arte)
La batalla del arte. Cómo se salvó el Prado (III)
-Supongo que no pudieron llevarse todas las obras a Valencia. ¿Qué criterio de selección se siguió?
-Se tomaron decisiones muy graves en ese sentido. Había obras sobre las que nadie dudaba: Las meninas , Las hilanderas , todos los Rubens, los Tizianos, los Tintorettos, los Boscos, los Grecos, los Goyas. Acerca del resto una comisión calificada se encargó del asunto.
-¿Por qué se esperó casi el fin de la guerra para programar la salida de las obras al extranjero?
-Ese punto es muy delicado. El patrimonio tenía un valor simbólico y político. Pertenecía a la nación y, en esa calidad, el Prado, sobre todo, debía estar allí donde estuviera el gobierno de la República.
-Se dijo que los rojos usaban el tesoro como un escudo .
-No creo que haya sido así. No se podía confiar en lo que hicieran las fuerzas de Franco porque, de hecho, habían bombardeado el Prado a sabiendas. La conservación de lo mejor del espíritu español, sus obras artísticas, no era prioritaria para el Caudillo. O sea que se hacía imprescindible sacar las obras de Madrid. Por otra parte, el gobierno republicano hasta mediados de 1938 no pensó que iba a perder la guerra. Y cuando se decidió evacuar el tesoro, se había dejado pasar demasiado tiempo y todo se volvió demasiado azaroso. Con todo, ya desde el comienzo de la contienda, se había explorado la posibilidad de sacar el patrimonio de España y se habían hecho contactos en ese sentido. Pero los países democráticos como Francia e Inglaterra habían demostrado su incapacidad para colaborar con la República en la Guerra Civil Española. Piense usted que habían firmado un tratado de no intervención, es decir, se habían lavado las manos para no participar en la guerra, mientras los gobiernos totalitarios de Italia y de Alemania apoyaban a Franco, invertían dinero y enviaban fuerzas contra los "rojos". Las naciones democráticas llevaban adelante una política de apaciguamiento respecto de Mussolini, Hitler y hasta de Franco. La Sociedad de las Naciones, la ONU de la época, era una institución débil, que había sido abandonada por Hitler y por Mussolini, y que tenía una orientación liberal. El organismo fue el foro donde la República expuso sus problemas. Ese hecho presentaba una ambivalencia. La España republicana formaba parte de la Sociedad de las Naciones, pero su triunfo era incierto. El secretario de la organización, Joseph Avenol, jugaba a dos puntas. Por un lado, no perdía las esperanzas de que los gobiernos totalitarios volvieran a la Sociedad y, por eso, los trataba con cuidado. Por otro, había un aspecto que Avenol no perdía de vista: en caso de que los republicanos perdieran la guerra, no deseaba haberse malquistado con Franco a causa de las obras de arte porque eso significaría el retiro de España de la Sociedad. No se daba cuenta de que Franco iba a retirarse en cuanto triunfara por más que se le tuviera todo tipo de consideraciones, ya que detestaba la institución. Se podría haber hecho pasar mucho antes todas las obras a Francia, como por último se hizo. Pero el gobierno republicano había tenido pruebas de la ineptitud del país vecino para proteger los bienes españoles. Asturias había tratado de poner a resguardo su propio patrimonio y lo había enviado por barco a un puerto francés donde las valiosas piezas habían quedado en sus cajas, expuestas a la intemperie, sin que nadie se preocupara por darles el cuidado necesario.
-Otro asunto de fuerte debate era la devolución de las obras.
-Los republicanos temían, no sin razón, que, de vencer Franco, éste pagara sus deudas con Alemania o con Italia mediante la venta de parte del tesoro artístico. O que éste fuera embargado. ...esa era la acusación, por otra parte, que los falangistas ya les hacían a los "rojos". Según ellos, el presidente Azaña y los suyos se habían incautado de los Velázquez y los Goyas de los museos y de las colecciones privadas para venderlos y comprar armas. A todo esto, el noble e irreprochable Manuel Azaña fue el primero en pensar, en un período temprano, en el "exilio" en algún país extranjero de las obras de arte, pero el gobierno republicano se había opuesto a esa idea y, en cambio, había resuelto que el tesoro del Prado lo siguiera como un símbolo. Nadie podía garantizarle que los cuadros, los tapices y los libros fueran devueltos al poder legítimo.
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