La lucha por el estado (XI)

El nacimiento de Israel. 1947-1949 ( III ).

Los esfuerzos diplomáticos de la Agencia Judía se dirigían no tanto al cese de hostilidades con los palestinos, sino a convencer al rey Abdallah de que no participara en el plan de la Liga Árabe de invadir Palestina una vez expirara el mandato británico. El 11 de mayo, Golda Meir realizó un peligroso viaje hasta Ammán, disfrazada de mujer árabe, en un acuerdo desesperado por salvar el acuerdo que había alcanzado con el rey Abdallah seis meses antes. El rey recibió cordialmente a su visitante nocturno. Su sugerencia de que no se dividiera Palestina, con autonomía bajo su corona para las áreas en las que los judíos fueran mayoría, fue rechazada sin contemplaciones por Golda Meir. Esta sugirió que en vez de la nueva oferta del rey deberían seguir el plan original para la partición de Palestina. Abdullah no negó que tenían un acuerdo pero le explicó que la situación había cambiado y que no podía oponerse a la pretensión de una intervención militar en Palestina. Sus palabras de despedida fueron que la oferta era totalmente inaceptable y que si se negaba a cumplir el acuerdo y elegía la guerra, se volverían a encontrar tras la misma.

E 12 de mayo, el Consejo Provisional de Estado fue convocado a fin de decidir si se aceptaba la propuesta norteamericana de un armisticio y posponer la declaración de independencia, o seguir con el plan original de proclamar la creación del Estado judío una vez expirase el Mandato británico. En esta reunión Golda Meir informó del fracaso de su misión en Ammán. Moshe Sharett transmitió el consejo del secretario de Estado, George Marshall, quien le propuso posponer la declaración de independencia y evitar una confrontación militar con los árabes.

A pesar de los riesgos, Ben-Gurion se volcó con todas sus fuerzas en la inmediata proclamación de la independencia, para no perder esa oportunidad histórica. La propuesta de rechazar la tregua y proclamar la independencia fue apoyada por seis miembros del Consejo Provincial de Estado, y rechazada por cuatro. Se decidió, así mismo, siguiendo la línea de Ben-Gurion, no precisar las fronteras del nuevo Estado en la proclamación de independencia, para dejar abierta la posibilidad de expandirse más allá de las fronteras marcada por Naciones Unidas. El nombre del nuevo Estado sería Israel.

A las 4 de la tarde del 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurion leyó, ante los líderes del Yishuv en el Museo de Arte de Tel Avid, la Declaración de Independencia y proclamó la creación del Estado judío en Palestina que sería llamado Medinat Israel -el Estado de Israel-.

El retrato de Theodor Hertzl parecía observar al grupo de líderes que se habían reunido para hacer realidad la visión del Estado judío que él había tenido cincuenta años antes en el primer Congreso Sionista, en Basilea. Desde el principio Hertzl intuyó la necesidad del apoyo de una gran potencia y esa visión también se hizo realidad. Estados Unidos fue el primer país en reconocer el Estado de Israel, con el presidente Harry Truman actuando en contra de lo aconsejado por el Departamento de Estado. La Unión Soviética siguió el ejemplo.

 La guerra de Independencia.

 El 15 de mayo, los ejércitos regulares de Egipto, Transjordania, Siria, Líbano e Irak invadieron Palestina, reforzando a las fuerzas irregulares palestinas y el ejército árabe de liberación, que había sido financiado por la Liga Árabe. Israel nació así, en medio de la guerra. El primer objetivo de su política exterior fue la supervivencia. El Haganáh se rebautizó como Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), y el Irgum y el Grupo Stern se disolvieron e incorporaron al FDI.

La guerra de Independencia fue larga, amarga y costosa en vidas humanas. Murieron 6.000 soldados y civiles, o lo que es igual, el 1% de la totalidad de la población judía que rondaba los 650.000 habitantes. La guerra tuvo tres fases de lucha separada por dos treguas decretadas por Naciones Unidas. La primera fase duró desde el 15 de mayo hasta el 11 de junio; la segunda del 9 al 18 de julio, y la tercera del 15 de octubre al 7 de enero de 1949.

La versión sionista tradicional presenta la guerra de 1948 como una lucha simple, bipolar y sin ningún tipo de restricciones entre el monolítico adversario árabe y el diminuto Israel. De acuerdo con esta versión, siete ejércitos árabes invadieron Palestina, una vez que expiró el Mandato británico, con un solo objetivo: estrangular el Estado de Israel en el mismo momento de su nacimiento. La guerra que comenzó a continuación fue una lucha desigual, entre un David judío y un Goliat árabe. El recién nacido Estado de Israel libró una desesperada, heroica y finalmente victoriosa batalla por la supervivencia contra todo pronóstico. Durante la guerra cientos de miles de palestinos huyeron a los Estados árabes vecinos, sobre todo como respuesta a las órdenes de sus líderes y a la espera de su triunfal retorno. Tras la guerra, continúa la historia, los dirigentes de Israel trataron de lograr la paz con todo su corazón y todas sus fuerzas, pero no encontraron interlocutor al otro lado. La intransigencia árabe fue la única responsable del estancamiento político que se produjo durante las tres décadas posteriores al silencio de las armas.

 (Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)