La lucha por el estado (X)

El nacimiento de Israel. 1947-1949 (II).

El 17 de noviembre de 1947, doce días antes de que Naciones Unidas se reuniera para decidir el destino de Palestina, Golda Meir se reunió en secreto con Abdallah en Naharayim, junto al río Jordán y consiguió un amplio acuerdo. Abdallah comenzó explicando su plan para adelantarse al mufti, apoderarse de la parte árabe de Palestina y anexionarla a su reino, y preguntó cuál sería la respuesta judía a su plan. Golda Meir replicó que los judíos verían esta iniciativa con buenos ojos, especialmente si Abdallah no interfería en la creación de un Estado judío, evitaba una confrontación militar y obtenía el beneplácito de Naciones Unidas. Para ser exactos, el acuerdo fue que él se quedaría con la parte árabe de Palestina, mientras  que los judíos crearían su propio Estado y, cuando las aguas volvieran a su curso, las dos partes firmarían la paz. Esta reunión no comprometía formalmente a un modus operandi específico, pero resultó ser un punto de convergencia y sentó las bases para la partición de Palestina sobre unas fronteras distintas de las que habían sido concebidas por Naciones Unidas.

La situación en Palestina se deterioró rápidamente tras la votación del 29 de noviembre. La guerrilla árabe lanzó ataques contra objetivos judíos. El 1 y el 2 de enero de 1948, Ben-Gurion se reunió con sus consejeros civiles y militares de mayor rango y se perfiló la estrategia para el conflicto que se avecinaba. Los expertos en asuntos árabes minimizaron el peligro militar representado por los árabes locales y abogaron por la flexibilidad política en sus relaciones con ellos. Por otro lado, los comandantes del Haganáh exigieron duras represalias militares. Ben-Gurion compartía esta segunda opinión, al considerar que lo mejor que podían hacer no era localizar y contener el problema, sino intensificar el conflicto militar. Por consiguiente, el Haganáh se embarcó en una política de "defensa agresiva", acompañada de subversión económica y guerra psicológica.

El plan D, preparado por los jefes del Haganáh a principios de marzo, representa un hito en el desarrollo de su estrategia ofensiva. Durante el mes anterior, las fuerzas irregulares palestinas, bajo el inspirado liderazgo de Abdel Quader al-Husseini, cortaron la principal carretera entre Tel Avid y Jerusalén y comenzaron a ganar terreno en su lucha con el Haganáh. Después de sufrir varias derrotas, los jefes del Haganáh decidieron tomar la iniciativa y seguir adelante con la ofensiva. El objetivo del plan D era asegurar todas las áreas asignadas al Estado judío en el plan de partición, así como los asentamientos judíos fuera de esas áreas y los corredores que conducían hasta ellos, con objeto de proporcionar una base sólida para la soberanía judía. Lo novedoso y audaz del plan radicaba en las órdenes de tomar pueblos y ciudades árabes, algo que el Haganáh no había hecho antes. Aunque la formulación era imprecisa, su objetivo era limpiar el interior del país de elementos árabes hostiles o potencialmente hostiles y, en este sentido, proporcionó una justificación para la expulsión de civiles. Con la puesta en práctica del plan D durante abril y mayo, el Haganáh contribuyó, directa y decisivamente, al nacimiento del problema de los refugiados palestinos.

La sociedad palestina se desintegró bajo el impacto de la ofensiva militar judía que comenzó en abril y dio inicio al éxodo de los palestinos. Hubo muchas razones para ello, incluyendo la rápida salida de los líderes palestinos cuando la situación empeoró, pero la razón más importante fue la presión militar judía. El plan D no era un proyecto político para expulsar a los árabes de palestina: era un plan militar con objetivos militares y territoriales. Sin embargo, al ordenar la toma de ciudades árabes y la destrucción de pueblos se permitió y justificó la expulsión forzosa de la población árabe. A finales de 1948 el número de refugiados palestinos había crecido hasta rondar la cifra de 700.000. Pero la primera y gran oleada tuvo lugar antes del 15 de mayo, fecha del estallido oficial de hostilidades. La mayor parte de refugiados acabaron en Cisjordania, en la franja de Gaza y en los países árabes vecinos, especialmente Transjordania, Siria y Líbano.

El colapso de la resistencia palestina indujo a la Liga Árabe a comprometer a los ejércitos de los estados miembros en la lucha contra la partición de Palestina, revocando de ese modo la decisión anterior de limitarse a financiar y armar a los árabes locales. En el lado judío este cambio de actitud reforzó la convicción de que la fuerza militar era la única solución para el problema árabe. La Agencia Judía rechazó la propuesta norteamericana presentada durante la primera semana de mayo, que consistía en un alto el fuego incondicional y la ampliación del Mandato durante diez días para dar tiempo a una inmediata negociación en Palestina. Otra propuesta británica para que cesaran las hostilidades en Jerusalén se frustró por las continuas evasivas por parte de la Agencia Judía.

 (Fuentes: Avi Shlaim: El muro de hierro)