El nacionalismo sionista (XXXIV)

Judíos ortodoxos. sionistas mesiánicos y terroristas (IV).

Cuando los sionistas mesiánicos del Gush Emunim se vieron obligados a rediseñar su pasada estrategia y a concentrar sus esfuerzos en la "rejudaización por abajo" encontraron en las comunidades ortodoxas a la vez un modelo de organización y actividad, y la integridad de la doctrina religiosa que habían perdido. Al mismo tiempo, la progresiva importancia política del voto ortodoxo, que culmina en los espectaculares resultados de las elecciones de 1988 (inversión radical de la jerarquía tradicional dentro del bloque religioso), permite a los haredim ejercer una presión creciente sobre el Estado, en una batalla que ya no es sólo por la supervivencia y la independencia de sus comunidades, sino por el respeto de la Toráh por toda la sociedad israelita.

Esta progresiva "sionización" de facto del modelo ortodoxo, provocada por su cada vez mayor impacto político, se ha traducido menos en el terreno doctrinal (en el que, a excepción de quienes encuentran en el mesianismo un puente con los nacionalistas religiosos, los ortodoxos siguen por lo general negándose a situar la existencia de la nación judía en un plano espiritual y continúan considerando el problema del Estado como un problema neutro, un problema de gestión del bien común) que en el terreno práctico, donde ortodoxos sionistas y ortodoxos no sionistas han acabado confluyendo en los asentamientos de Judea-Samaria impulsados por haredim.

"Al ocupar los territorios de Cisjordania con objeto de que permanezcan para siempre bajo administración israelita, estos hassidim aceptan por consiguiente la constitución de una patria y de una fuerza judías antes de la venida del Mesías y se incorporan implícitamente al cambio de los sionistas religiosos. Ofrecen así al ultra-nacionalismo una aportación de tropas disciplinadas hechas de buenos observadores de la Ley, fieles a las órdenes de sus maestros y cuya actitud, en caso de retirada forzosa consecutiva, a un tratado de paz, sería absolutamente imprevisible".

No obstante, la inmensa mayoría de las cerca de 400000 personas (el 8% de la población israelita) que se estima forman la comunidad haredita, se concentra en Jerusalén (125000 ortodoxos, el 30,5% de la población judía de la ciudad) y en una ciudad próxima a los arrabales de Tel Avid, Bné-Brak, la inmensa mayoría de cuyos 128000 habitantes son ortodoxos. El grueso principal de los haredim constituye en Israel una verdadera contra-sociedad rígida, intolerante y violenta (organizaciones como "La Milicia del Pudor" y "La Mano de los Hermanos", que velan en Bne-Break por el más escrupuloso respeto de la más dogmática y puritana interpretación de la Halahka, no desdeñan imponer la virtud mediante la brutalidad y la intimidación) que necesita, para recrear las condiciones del ghetto en un medio judío, llevar al paroxismo las reglas más rígidas y extremas como signos de separación. En el colmo de la paranoia, las medidas de defensa adoptadas por la sociedad israelita laica contra sus agresivas formas de proselitismo y de coacción (desde hace quince años funciona en Israel una "Asociación contra la coerción religiosa) son estigmatizadas por los haredim como "prácticas antisemitas" manifestaciones de un paradójico antisemitismo judío que los ortodoxos parecen necesitar para ver reflejada en él la identidad judía que temen perder si dejan de vivir separados y perseguidos.

La franja del judaísmo ortodoxo más proclive a confluir con los sionistas mesiánicos son los lubavitch, por una parte, y la múltiple proliferación de sectas y de iluminados producida en Francia y Estados Unidos por la teshuvah "retorno al judaísmo" de las últimas décadas.

La historia contemporánea de los lubavitch -secta hassídica surgida a principios del siglo pasado en la ciudad rusa de ese nombre- comienza con la instalación en Brooklyn, en 1940, tras huir del nazismo, del rabino Yossef Itzhak, aunque fue su yerno, Menahem Mendel Schneerson, el rabino Chlita, el que verdaderamente institucionalizó e impulsó el movimiento tras acceder a su presidencia en 1950. Utilizando técnicas de organización y proselitismo análogas a las del evangelismo norteamericano, logró una notable expansión en Estados Unidos, Francia e Israel, e impregnó la espiritualidad hasídica con sus dos principales obsesiones: el mesianismo y la defensa de la integridad territorial de Israel.

Menahem Schneerson consiguió conciliar una posición de principio antisionista con una constante intromisión en los asuntos del Estado de Israel: primero, presionando para que la fórmula "según la Halhaka" se añadiera a la exigencia de conversión en la definición de la identidad judía incorporada en 1970 a la "ley del retorno"; a continuación, prohibiendo, tras la guerra de los Seis Días, la devolución de la más pequeña parte de Eretz Israel; más tarde, condenado severamente los acuerdo de Camp David; y finalmente, apoyando con sus bendiciones, sus promesas de milagros y sus saneadas finanzas a Agudat Israel en la campaña de 1988 que le llevó a su mayor éxito electoral. Todo ello porque -aun sin reconocer la legitimidad del Estado sionista de Israel- el rabino de los lubabovitch consideraba que la dominación judía sobre todo el territorio de Eretz Israel era una condición previa indispensable para la llegada del Mesías. Bien podía afirmarlo porque, aunque no llegó a proclamarse abiertamente como tal, dejó que sus seguidores difundieran que el Mesias era él.

Un Mesías que traería la "Toráh-crácia" a Israel y la redención a los judíos, pero del que el resto de los mortales no tenía mucho que esperar, a juzgar por la jerarquía de los seres que proclamaba uno de sus textos:

"Dios ha creado el universo entero según la división fundamental de los cuatro reinos: mineral, vegetal, animal y humano..está escrito que existe en realidad un quinto género: Am Israel, el pueblo judío. Y la distancia que le separa del cuarto género -el conjunto de la especie "hablante", humana- no es menor que la distancia entre los humanos y lo animal".

El mesías murió en julio de 1994 sin que nada ocurriera, pero no por ello desesperaron todos sus discípulos, y de acuerdo con otro ilustre precedente, se pusieron a esperar su resurrección, yendo a nutrir entre tanto, y para precitar su segunda venida, las filas de las tendencias más duras y proclives a la violencia del sionismo mesiánico y la derecha israelita.

Ése es también el camino que ha seguido, durante estas tres últimas décadas, buena parte de los protagonistas de la teshuvah que se inicia en los años 70 en Estados Unidos y Francia. Y los medios en que se produce, en esos países, el "retorno al judaísmo" de los hijos y nietos de los judíos asimilados y emancipados testimonia que seguía abierto aquel puente entre el proletariado, el pueblo judío y cualquier paria oprimido (y por ello "elegido") que vimos inaugurar a Moses Hess y seguir obedientes a los primeros socialistas sionistas. En Francia es un líder de la Gauche prolétarienne "mao-espontaneísta" el que, tras volver al judaísmo, funda en Estrasburgo una yeshiva ultra-ortodoxa en la que adoctrinan a sus antiguos camaradas y a muchos de sus rivales trotskistas, exmilitantes de una organización de cuyo comité central se decía que no celebraba sus reuniones en yiddish porque uno de sus miembros era sefardita. En Estados Unidos son antiguos hippies, líderes judíos de la contracultura y del movimiento de los derechos civiles, expulsados de éste por los Musulmanes Negros antisemitas en quienes los nuevos judíos ultra-ortodoxos se miran como en una espejo invertido que mimetiza su movimiento de separación y exclusión.

Símbolo patético de estos vasos comunicantes entre mesianismos varios, David Axelrod, nieto de Leon Trotski, nacido en Moscú y pasado por Estados Unidos, declara desde un asentamiento judío en los territorios ocupados:

"Las esperanzas de los árabes han crecido desmesuradamente estos últimos años, ahora ya no aceptarán marcharse y será preciso, simplemente, que mueran...Israel no es un Estado Judío y no lo será hasta el día en que imperen las leyes del judaísmo".

(Fuentes: J.Aranzadi: El escudo de Arquíloco)